Opinión

A CAROLINA Y PHILIPPE CON TODO EL AMOR DEL COSMOS

Por: Ing. Carlos Manuel Diloné

Recientemente realizamos unas vacaciones en familia, queríamos conocer una parte del Viejo Continente, que siempre nos ha atraído. La intención era indagar los cimientos en que se fundamentaba esa sociedad, para mantener viva y fresca en la memoria de sus habitantes y del mundo, la consumación de los hechos históricos ocurridos en el pasado.

Antes de abandonar el país, nos comunicamos con nuestra hermana y amiga Carolina De La Rosa, mujer que más que una rosa es todo un jardín, la agenda era muy apretada, debíamos recorrer ocho mil kilómetros en 18 días, incluyendo cuatro Ferries y dos lanchas rápidas, el propósito era visitar a nuestra amiga al momento de llegar a Paris, para luego continuar a Londres.

Por circunstancias de fuerza mayor, no fue posible juntarnos con Carolina y Philippe al momento de nuestro arribo, pero nos manteníamos en comunicación por toda la travesía de nuestra aventura, cuando ella se encontraba en Saint Malo, en el canal de La Mancha, nosotros estábamos en Liverpool, en el río Mersey.

Estaba muy claro que no podíamos abandonar Europa, sin antes reunirnos con Carolina y su esposo Philippe, después de 18 días y con 8 mil kilómetros soportados por nuestros glúteos y espaldas regresamos a Paris, inmediatamente iniciamos las diligencias para consumar nuestro encuentro.

En principio queríamos cenar en un restaurant ambas familias, -por favor localiza un restaurante y nos juntamos allá, -no mejor los pasamos a buscar al hotel, -no te preocupes vamos en Uber, eran parte de las conversaciones. Finalmente nos juntamos en casa, aquí es mucho mejor.

¡QUE ALEGRÍA SENTIMOS! Cuando llegamos a la casa de Carolina fue cuando en realidad encontramos la esencia de todo el viaje, nada se comparó con lo vivido aquella noche, ni castillos ni monumentos, ni siglos de historias, ni horas de viajes, nada fue más importante que el encuentro con mi hermana de hace unos 45 años, esa noche vibraron los recuerdos, revolotearon las campanas del tiempo y todo fue magia alegría y felicidad.

En nombre de mi hija Carel, mi esposa Carmen y en el mío propio, le doy las gracias a Carolina y a Philippe Jarrot, por el trato tan exquisito y tan sincero, esa noche titilaban las estrellas en nuestro interior, de corazón muchísimas gracias.  

  

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