Beaubrun Ardouin, la separación entre la política y la historia, un lazo que no logró desatar.

Por: Ing Carlos Manuel Diloné

La verdad pertenece a aquellos que la buscan y no a los que pretenden tenerla“. Condorcet.

El primero de enero del año 1804 nace el Estado Independiente de Haití. El nacimiento de Haití marcó la primera victoria conocida de una sublevación de esclavos en los tiempos modernos. Los revolucionarios haitianos tenían ante sí grandes desafíos: estructurar el nuevo Estado Independiente, defenderlo por todos los medios y hacerlo prosperar. La estructuración se hizo penosamente, tomando el modelo francés conocido; la defensa se implementó con la organización de un Estado Militar. La prosperidad económica fue la más dificultosa por la falta de capital y el boicot internacional decretado en contra del Estado Negro por las potencias reinantes en aquel entonces. A lo largo del siglo XIX, el problema de capital y el aislamiento internacional fueron las dos constantes con las que los dirigentes haitianos tuvieron que lidiar.

“Es una tradición decir que, en los primeros años de la independencia, Haití se caracterizó por la construcción de una historiografía nacionalista, tanto en la literatura como en la historia. En efecto, en los movimientos y corrientes literarias, como la Escuela Pionera, el Cenáculo de 1836 y hasta la Escuela Patriótica, los poetas y dramaturgos, desde 1804 hasta el comienzo de la década de 1860, cantaron en diferentes formas la epopeya de 1804 y rindieron tributo a los héroes de la revolución y de la independencia. En la historia, los autores como el barón Valentin Pompée de Vastey, Beaubrun Ardouin y, sobre todo, Thomas Madiou marcaron los senderos del pensamiento político e histórico nacionalistas. [1]

El aislamiento internacional al que estaba sometido Haití, obligaba a levantar los valores patrios en el corazón de los ciudadanos haitianos, una vez Haití es reconocido por la comunidad internacional, se observa una disminución de la producción de textos históricos nacionalistas. “Ya se había empezado a mirar la república de otra manera. Haití ya estaba reconocido por todas las potencias del mundo, era el momento de pensar en reformar el Estado y en cambiar la sociedad. Muchos autores, pensadores políticos y sociales, comenzaron a hablar de la modernización del país. Dentro de este contexto de renacimiento surgió una nueva historiografía formada en su mayoría por textos de economía, política, sociología, política exterior y relaciones internacionales, dominada, al principio, por Edmond Paul y Démesvar Délorme”. [2]

Es precisamente en ese período de la construcción de la historiografía haitiana, cuando el político Boyerista, autodidacta e historiador Alexis Beaubrun Ardouin, realiza una serie de enunciados y narraciones, que únicamente favorecían a sus posiciones políticas y a la clase a la que servía; de modo que acoteja los hechos según sus conveniencias estratégicas. Lejos de dejarnos persuadir por las razones del historiador, se hace necesario y fundamental valorar el trasfondo cultural de Ardouin, así como la causa política a la que servía, para interpretar sus conclusiones de forma adecuada.

Estos son sólo algunos de los postulados y actuaciones de Beaubrun Ardouin:

1.- Pretender poner a la revolución haitiana en el contexto de otras revoluciones nacionalistas en las Américas. Negó el contenido revolucionario de la constitución louverturiana.

2.- Negó la abolición de la esclavitud por parte de Toussaint Louverture en Santo Domingo.

3.- Destacó el papel de los mulatos en la revolución y caracterizó a Louverture como un simple instrumento en manos de los blancos, que aparentemente le habrían obligado a conservar la esclavitud en Santo Domingo.

4.- Le atribuye a Toussaint Louverture el haber ordenado la construcción de una aldea en el puerto de Barahona.

5.- Ataca a Núñez de Cáceres, cuando afirma que “carecía del sentimiento de la nacionalidad, tal como lo sintieran Francisco de Miranda y Simón Bolívar”, esto por declarar la independencia en 1821.

6.-Apoya decididamente la intervención, que contra el pueblo dominicano, realiza el “mulato” Jean Pierre Boyer en 1822.

7.- Hace Presidente al anciano, analfabeto y alcohólico, Philippe Guerrier, a quien maneja como títere, siendo el verdadero gobierno bajo su sombra, en lo que se llamó “política del suplente” de los hermanos Ardouin.

8.- Hace Presidente al ignorante, supersticioso y miembro de la orden secreta del vudú, Soulouque (apodado Coachi), creyendo encontrar en Faustin a otro nuevo títere, que pudiera manejar a su voluntad, pero esta vez se equivoca y el tiro le sale por la culata.

9.- Se opone rabiosamente a que Francia reconociera la independencia de la República Dominicana, en Octubre de 1848.

Las obras históricas de Ardouin intentaron poner a la revolución haitiana, en el contexto de otras revoluciones nacionalistas del continente americano, negando cualquier dimensión racial o de clase, argumentando que los hombres libres de color eran los líderes naturales de la revolución de Haití. Su gran adversario intelectual lo fue el historiador Thomas Madiou, que intentó reparar la reputación de los grandes héroes negros de la revolución haitiana, especialmente Toussaint Louverture, y describir la revolución como un exitoso alzamiento de esclavos en lugar de un movimiento de independencia nacional.

Thomas Madiou estaba seguro de que Louverture abolió la esclavitud en Santo Domingo:

“Un nuevo orden de cosas se estableció inmediatamente en la parte del Este [de la Española]. Toussaint reunió a todos en la plaza mayor de la ciudad, y proclamó la libertad general de los esclavos. Los negros del Este convertidos en libres vieron en Toussaint a un Dios liberador. Pero los señores españoles sintieron una fuerte indignación que de momento se vieron obligados a contener”. [3]

“Entre otros investigadores, Frank Moya Pons y Emilio Cordero Michel han suscrito la tesis de Madiou, que fue refutada por primera vez por algunos contemporáneos de aquellos acontecimientos, como el también historiador haitiano Beaubrun Ardouin. Este último negó la existencia de testimonio escrito alguno para demostrar que Louverture había abolido la esclavitud en Santo Domingo. Desde su punto de vista, el general negro había preservado la esclavitud en La Española por dos razones: primero, si abolía la esclavitud violaría su promesa de respetar las instituciones y las tradiciones dominicanas; segundo, debía preservar la esclavitud para convencer a los dominicanos de que se quedasen en Santo Domingo y apoyasen su gobierno. De hecho, incluso permitió que dos barcos esclavistas británicos abandonasen Santo Domingo con su «carga»”. [4]

Como hemos leído, estamos frente a dos autores con dos puntos de vistas totalmente opuestos, lo correcto es valorar el trasfondo cultural de Ardouin y Madiou, así como la causa política a la que servían, para interpretar las conclusiones de cada uno de ellos de forma adecuada, como ya hemos dicho.

Por una parte, Madiou intentó enfatizar la exclusividad de la revolución haitiana y resaltó su naturaleza clasista y racial. Además, sostuvo que la revolución había unido a los negros y a los mulatos, negando el protagonismo de estos últimos en aquellos acontecimientos. Finalmente intentó rehabilitar la figura de los principales generales negros, especialmente de Toussaint Louverture, afirmando que había abolido la esclavitud en la isla. Por otra parte, Ardouin destacó el papel de los mulatos en la revolución y caracterizó a Louverture como un simple instrumento en manos de los blancos, que aparentemente le habrían obligado a conservar la esclavitud en Santo Domingo”. [5]

Para el ideólogo del concepto de la negritud, Aimé Césaire, Es estúpido, como lo hace el historiador haitiano Ardouin, apoyarse en los términos voluntariamente diplomáticos del preámbulo para negar el contenido revolucionario de la constitución louverturiana. El hecho es que, por vez primera, Santo Domingo tomaba conciencia de sí mismo y lo proclamaba:

“Desde largo tiempo, Santo Domingo aspiraba a la dicha inapreciable de poseer una constitución local. Facciones que se han sustituido sucesivamente en el gobierno de la metrópoli, propagando sus principios subversivos en esta isla lejana, habían sofocado las justas reclamaciones de sus infortunados habitantes, los habían degradado de la dignidad de hombres libres, les habían arrebatado hasta los preciados impulsos de sus nobles sentimientos que elevan y engrandecen las almas, y los habían forzado a recibir la ley que ellos no habían hecho ni consentido”. [6]

El historiador “mulato” Beaubrun Ardouin, un hacedor de política en su tiempo, fue un defensor de la supremacía negra en la presidencia de Haití, es conocido por su odio a Henri Christophe y su dura crítica a los héroes de piel oscura de la independencia de Haití, fue un sobresaliente dirigente del grupo de Boyer. “Estaba en Íntima unión con los políticos del grupo de Boyer en el que sobresalían los hermanos Beaubrun y Céligny Ardouin. Estos fomentaban violentas intrigas en Puerto Príncipe ostentando la ideología de la supremacía negra en la presidencia de la Republica coma la indicación más precisa del momento”.[7]

Con esa actuación Ardouin, defendía una especie de sistema de segregación racial en Haití, era como crear un cubil, “Desde la reunión de la isla en una sola república, bajo la presidencia de Boyer, los mulatos formaban una clase privilegiada, a la cual pertenecían todos los empleos y dignidades de la república. Si algún negro era empleado, ya sea en la clase civil ya en los grados superiores del ejército, era con la condición de atenerse ciegamente a las supremas voluntades del presidente”, este era el sistema que ciegamente defendía Ardouin, lo que provocaba una división racial en el país, pues se acrecentaba el desprecio a la raza negra, en ese momento Haití estaba compuesto de un 98% de negros y un 2% de mulatos.[8]

Por ello, el 10 de Marzo de 1843, a raíz de la destitución de Jean Pierre Boyer, apareció el siguiente Decreto, del que sólo mencionaremos los tres primeros artículos:

Art. 1.Queda destituido del cargo de la presidencia de Haití, por crimen de lesa nación, el general Juan-Pedro Boyer.

Art. 2.Serán juzgados como á cómplices del presidente Boyer y como a traidores á su patria, los sujetos siguientes: J.-B. Inginac, general de división y secretario de J. Boyer; Beaubrun Ardouin, ex-senador; Ch. Coligni Ardouin, administrador del distrito de Cayes; J.–J. San Victor Poil, jeneral de brigada y comandante del distrito de Puerto Principe; J. M. Borghella, general de división, comandante del distrito de Cayes y de los departamentos del sud; J. B. Riche, general de brigada; L. Mernier Saga y Villeraleix, senador y ex – jefe de las oficinas de Haití.

   Art. 3.o Todos cuantos quedan citados en los dos artículos que preceden, podrán presentarse para ser juzgados ante un jurado nacional, establecido bajo la forma que se determinará.

Este decreto, fue dado en el cuartel general de los Cayos, firmado por C. Herard Senior, y Herard Dumesle, como jefe del poder ejecutivo y del estado mayor del ejército popular.[9]

Ardouin odiaba a Henri Christophe por haber sido un esclavo proveniente de un grupo étnico del oeste de África, por razones parecidas también odia a Toussaint, quien nació esclavo, el padre de Louverture fue vendido como esclavo al gerente de la hacienda del Conde de Breda. En cambio, Boyer nació como un “mulato” libre en Puerto Príncipe, hijo del colono francés François Jean Pierre Boyer. “Neg rich se milat. Milat P’v, se nèg” (El negro si es rico es mulato y el mulato si es pobre es negro) (Manifiesto del general haitiano Dessalines). [10] Aunque esta frase, también le es atribuida a Jean Jacques Acaau.[11]

 En el proceso que antecedió a la caída de Boyer, Beaubrun Ardouin, realizo todo tipos de esfuerzos para impedirlo, en “vano se susurraba que los principales de cada ciudad estaban al frente del movimiento; Boyer juzgando del porvenir por lo pasado, decía desdeñosamente: « Si se atreven a moverse los destruiré de un soplo. » Sabia además que solo los mulatos se agitaban, y en último recurso confiaba vencerlos, sublevando contra ellos a los negros como ya lo había hecho en el mes de Abril anterior; Mr. Beaubrun-Ardouin, uno de sus más fanáticos adictos, no era tan reservado, y decía públicamente en la Aduana, de la que era administrador general, que sería más prudente cortar dos o tres cabezas”. [12]

Tras el derrocamiento de Boyer, hecho sucedido el 13 de marzo de 1843, el gobierno provisional presidido por Charles Hérard fue sometido a un hostigamiento total por parte de los hermanos Beaubrun y Celigny Ardouin. “En vano se esmeraba el gabinete de Hérard por enviarle refuerzos materiales y humanos. El partido boyerista, encabezado por los hermanos Ardouin, continuaba su agitación, tanto que ambos fueron detenidos y deportados”[13]

“El 3 de mayo de 1844, un movimiento dirigido por hábiles estrategas como los hermanos Ardouin indujo a la guardia del palacio a proclamar a Guerrier Presidente de la Republica. El anciano general agobiado por la edad y la arraigada costumbre de embriagarse, aceptó a más no poder tan pesada responsabilidad.

 Pero la maniobra, como hemos dicho, fue hábil, pues dio plena satisfacción a las masas negras a las cuales se concedía, al parecer, la preferencia política elevando a una personalidad representativa del matiz de su piel a la primera magistratura del Estado”. [14]

“Analfabeto, Guerrier quedó dominado por la camarilla boyerista encabezada por los hermanos Beaubrun y Celigny Ardouin, y durante su corto gobierno de once meses tuvo que hacer frente, nuevamente, a las actividades de Accau y sus “piquets” en el sur de Haití, así como a combatir tres intentonas de desembarco de Charles Hérard, quien trató de ingresar por el sur del país para poner fin a su exilio en Jamaica”. [15]

Del mismo modo, el gobierno de Guerrier empleó gran parte de su tiempo en prevenir que antiguos boyeristas adversarios de los hermanos Ardouin y otros miembros del gabinete retornaran al país. “Ese fue el caso del hombre más poderoso e influyente del gobierno de Boyer, el antiguo Secretario de Estado, Balthasar Inginac, quien a mediados de noviembre llegó a Puerto Príncipe procedente de Jamaica, pero sus enemigos influyeron en Guerrier para impedirle desembarcar, e Inginac, anciano y enfermo, tuvo que retornar a Jamaica”. [16]

Aún con todo el esfuerzo de Guerrier por preservar a la camarilla de los hermanos Ardouin, Beaubrun conspiró contra Guerrier.

 “Usted finge, agregó, que el Guerrier casi siempre está borracho; ¿Respetará la constitución el ex teniente del rey Chistophe? ¡Qué ironía! Y Beaubrun Ardouin, quien apoyó el sistema injusto de Boyer hasta el último momento, ¿respetará también la Constitución? ¡Es una burla! Beaubrun Ardouin gobernará bajo la máscara de Guerrier; solo sueña con vengarse, en este momento no tiene otro programa político! Habiendo dicho esto, Hérard Dumesle deseaba irse, pero el oficial de servicio que era parte del regimiento de St. Marc, se opuso a su salida diciéndole que era un prisionero provisionalmente.

 El general Chery Archer también quiso protestar; pero el ciudadano Beaubrun Ardouin lo tomó de la mano fraternalmente y le dijo: “Mi querido Archer, conspiramos juntos contra el Presidente Boyer en 1827, en el asunto de Jean Francois, ¿por qué no deberíamos hacer lo mismo otra vez, en el Interés de la Patria?”. [17]

En mayo de 1844, Guerrier y su gobierno trataron de revertir por vía de las negociaciones la separación dominicana, y enviaron a Celigny Ardouin a Santo Domingo portando una carta del Ministro de Relaciones Exteriores de Haití dirigida a “las autoridades establecidas en Santo Domingo”.

Ardouin llegó a Santo Domingo por mar el día 2 de junio, y de inmediato el gobierno dominicano objetó su misión y su comunicación, argumentando diplomáticamente que esa carta debió haber sido dirigida a la Junta Central Gubernativa que gobernaba la naciente República Dominicana y que como ése no era el caso, el gobierno dominicano exigía que la misiva fuese dirigida a la Junta Central Gubernativa, Celigny Ardouin, se negó a reconocer de esta manera la independencia dominicana y fracasó en su misión, pero en sus conversaciones en Santo Domingo logró que las autoridades dominicanas le entregaran un grupo de prisioneros haitianos que todavía quedaban en esta ciudad y, con ellos, se reembarcó de regreso a Jacmel, en donde fue recibido por el General Geffrard, comandante de aquel destacamento.

La edición del 31 de agosto, No. 35, señaló que se envió una carta al redactor de Le Courier de les Etat Unis, fechada en Santo Domingo el 12 de julio de 1844.

“en mi última carta le he anunciado la llegada del señor Celigny Ardoiun, al puerto de Santo Domingo, que estaba encargado de la misión del gobierno haitiano ante la República Dominicana, misión que fue mal planificada, y que falló completamente. El señor Celigny Ardouin no tuvo el honor de bajar a tierra, pero poseía lo necesario para instigar entre los negros el odio contra los franceses y los dominicanos blancos. [18]

“El Sr. Celigny Ardouin no tuvo el honor de descender a Santo Domingo, pero pudo poner a circular entre los negros ideas de odio contra los franceses y los dominicanos blancos de esta parte de la isla. Esas ideas obtuvieron algunos propagadores”. [19]

NOMBRAMIENTO DE SOULOUQUE

Con la muerte de Riché en 1847, el Senado y el país formaron dos grupos opuestos para elegir un nuevo jefe, dos contendientes fueron nominados, el General Souffran y el General Paul. Luego de seis horas de sesión laboriosa y después de ocho de escrutinio, el Senado, reunido a puertas cerradas, no pudo llegar a resolver el problema de la vacante presidencial, pues ninguno de ambos candidatos obtuvo mayoría de sufragios. Entonces el ministro del Interior, Céligny Ardouin, hizo alcanzar un billete a su hermano Beaubrun Ardouin presidente del Senado, sugiriendo que, a título de compromiso, se eligiera a Soulouque quien había obtenido un voto en cada uno de los escrutinios, para deshacer los obstáculos. Los senadores Ardouin y Dupuy nombraron a Faustin Soulouque, y por ser propuesto por Beaubrun Ardouin, entonces Presidente del Senado, Soulouque fue declarado jefe de la república, el 1 de marzo de 1847.

“Era sumamente supersticioso, ignorante y miembro de la orden secreta del vudú, aparentaba mucho menos de los sesenta y dos años que tenía, y era un mulato atractivo, vanidoso y amante de la admiración.

¿Cuál fue la verdadera razón de esta extraña elección? Los políticos quienes eligieron a Soulouque pensaron que podían convertirlo en el instrumento dócil de su voluntad y de sus intereses políticos. Celigny Ardouin, quien se jactó de ser una especie de Warwick haitiano, no dudó en expresar su opinión editorial hacia el nuevo presidente. Pero no tardó en demostrar que no era el hombre que creíamos. Dijo en voz alta a sus “protectores” que, de acuerdo con su propia expresión, no estaba dispuesto a “dejarse cambiar a medida que uno se cambia la camisa”. Era el jefe del Estado y el jefe al que afirmaba estar en plena vigencia del término, sin consideración de ningún tipo para la Constitución o para la ley en general. [20]

Sin el menor conocimiento o experiencia política, Soulouque, el cual parecía un hombre sin decisión, voluntad o ideas fijas, fue elegido por una camarilla que, habiendo gobernado el país a través de sus predecesores, esperaba encontrarlo tan fácil de manejar como a los anteriores jefes. [21]

El más sorprendido por la noticia fue el propio elegido, quien supuso se le gastase una broma, cuando una delegación vino a anunciarle la elevación al poder supremo.

“Ahora bien, quienes habían urdido esta estratagema, creyendo encontrar en Faustin Soulouque a un nuevo títere cuyos hilos y resortes podrían manejar a su antojo, se equivocaron de medio a medio. Supusieron que por ser Soulouque totalmente iletrado, tímido, reservado y, de buena gana reticente, podrían dirigirlo y moldearlo y sacar de él el máximo de prebendas e iniciativas en favor de tal o cual facción, de acuerdo a los intereses del momento y la satisfacción de una u otra personalidad determinada. Precisamente nos encontrábamos en una época confusa, en que las reivindicaciones a mano armada de las masas populares reclamaban un negro en la presidencia de la República”. [22]

Contrariamente a lo imaginado por Ardouin y Dupuy, Soulouque demostró su fuerte voluntad y empezó a favorecer a los negros contra los mulatos. Una conspiración de mulatos fue reprimida con confiscaciones, proscripciones y ejecuciones. Los soldados negros efectuaron una matanza general en Port-au-Prince, que solo cesó cuando el cónsul francés Charles Reybaud amenazó con un desembarco de soldados de su país.

Era tan grande el poderío de los Ardouin, que un día Céligny Ardouin cometió la imprudencia e decir, en voz alta, en la mesa de Soulouque y ante el propio Presidente: Yo sé hacer y deshacer jefes de Estado.

Confesión desdichada. Soulouque reparó en ella y guardó el recuerdo, de hecho Celigne ya entraba en conflicto con Soulouque. El 16 de abril de 1848, durante una reunión de notables en el Palacio Nacional, Soulouque inició un vivísimo dialogo con Céligny Ardouin, ambos golpearon el piso con el pie en el ardor de discusión, se produjo cierta ansiedad en el auditorio y de pronto una detonación, todo entró en pánico, inmediatamente Similien ordenó cerrar las rejas del palacio y abrir fuego sobre la multitud, hubo una confusión de negros y mulatos heridos y muertos. Céligny Ardouin quiso salvarse tratando de saltar la reja, pero su fuerte corpulencia se lo impidió. Fue agredido, herido y metido en la cárcel, Ardouin en conflicto con el gobierno del presidente Soulouque fue ejecutado en 1849, en La Croix-des-Bouquets, una comuna de Haití.

Y así pudo deshacerse de todos los que lo molestaban, empezando por sus propios ministros, que silenció: para muchos de ellos, fue el silencio de la muerte. Celigny Ardouin pagó un alto precio por su temeridad: sucumbió a uno de los primeros ante la furia del hombre al que había ayudado a ascender al poder. Otro ministro, David-Troy, arrestado y encerrado en la prisión de Puerto Príncipe, fue ejecutado sumariamente por el general Jean-Louis Bellegarde, gobernador de la capital, en una breve orden del presidente de gira por el sur. [23]

ARDOUIN LE ATRIBUYE A TOUSSAINT HABER ORDENADO CONSTRUIR UNA ALDEA EN EL PUERTO DE BARAHONA

Cuando Beaubrun Ardouin comienza a describir la Isla de Santo Domingo, en ese momento bajo la ocupación haitiana, al llegar a describir a Monte de Plata y señalar como se funda esta ciudad, inmediatamente describe a Neyba y señala: “Neyba tiene un buen puerto en la Bahía de Baraona, ubicado cerca de la bahía de Neyba, donde el río se vacía por siete bocas; y este río podría hacerse navegable para embarcaciones planas. El puerto de Baraona había asegurado la atención de Toussaint Louverture, quien pudo comenzar el establecimiento de una aldea por tropas del sur, cuando apareció la expedición francesa en nuestras playas”. Ardouin habla de la bahía de Baraona, y la distingue de la bahía de Neyba. ¿Es cierto que existió la bahía de Baraona? [24]

 Al parecer, y hasta donde he investigado, ningún otro historiador se ha referido a este hecho, a todas luces un señalamiento impreciso y confuso, manipulado para distorsionar la realidad, con el fin de servir a los intereses políticos a los que Ardouin defendía. La mezcla en una misma descripción de Monte Plata, ubicada prácticamente en el este del país, con Neyba ubicada en el sur de la nación, separadas ambas ciudades por unos 260 kilómetros de distancia, apunta a que Ardouin no tenía mucho conocimiento  de la geografía dominicana.

 ¿Por qué alegamos eso, del señalamiento impreciso? Veamos:

1.- Era del conocimiento de Beaubrun Ardouin el mejor informado”, [25]  que los generales Toussaint Bréda (luego se hizo llamar Toussaint Louverture), Papillon y Biassou, habían desertado del ejército Francés para unirse a las armas españolas. Por este motivo, “aquellos generales se sintieron aliviados cuando, en la primavera de 1793, España les ofreció la libertad exclusiva y tierras en Santo Domingo si se alistaban al ejército colonial dominicano. El gobernador dominicano, Joaquín García, y el arzobispo de la colonia, Fernando Portillo, estuvieron de acuerdo con aquella oferta de la Corona. Al mismo tiempo, advirtieron al gobierno español de que debía promulgar un decreto para aclarar que la libertad y las tierras prometidas a los insurrectos negros de Saint-Domingue jamás serían extensivas a los esclavos dominicanos.  Así pues, tras arduas negociaciones entre España y los caudillos negros citados, estos últimos y sus soldados se convirtieron en las «tropas auxiliares de Carlos IV» en mayo de 1794, asentándose en Santo Domingo un mes después”. [26]

 Desde ese momento, estos generales jugaron un papel determinante junto a sus tropas auxiliares, que permanecieron leales al rey español, y fueron vitales en las victorias del ejército dominicano contra las tropas francesas en La Española, por esa causa el arzobispo Portillo aconsejó al Ejecutivo Español, recompensar a estos generales para conservarlos al servicio de España, llegando a afirmar que de no haber sido por el apoyo de los negros auxiliares, los españoles habrían sido expulsados de la isla hacía mucho tiempo, la petición de Portillo fue escuchada y en marzo de 1794, les fueron concedidas varias medallas de oro y plata, a los negros que se habían distinguido en las principales batallas contra las tropas francesas.

 2.- Ardouin  conocía el informe del arzobispo de Santo Domingo, Fernando Portillo y Torres, sobre su plan para negociar con Jean-François y Jorge Biassou, donde el arzobispo Portillo citó las instrucciones previas de la Corona, fechadas el 22 de febrero de 1793; así  como el Juramento de lealtad de Jean-François a la Corona española, en su nombre y en el de Biassou. Lo mismo que la carta que Jean-François le enviara al arzobispo de Santo Domingo.

 Es muy útil aclarar que el general Toussaint Bréda, era secretario personal, al servicio de Georges Biassou. Desde el verano de 1793, Biassou se convirtió oficialmente en el general Jorge (en español) Biassou, uno de los dos jefes de las llamadas Tropas Auxiliares Negras del ejército español, “Tropas Auxiliares de Carlos IV”, aunque Biassou siempre se consideró la cabeza del movimiento rebelde, “desde el día en que empezaron su revolución”.

 3.- Ardouin conocía del mapa(carta plana) que el 25 de Agosto del año 1773, habían ordenado los gobernadores de la isla donde se “Indica con distintas líneas: “Términos de lo que ocupaban los franceses con sus poblaciones el año de 1700”, “Términos de lo que se han excedido y raya por donde corren las Rondas de Tropa Española y en la que están varios Cuerpos de Guardia de ellas”, “Pretensiones de los Franceses” y “Raya señalada por la Convención provisional de límites, hecha en virtud de Orden, por los Gobernadores respectivos, en 25 de Agosto de 1773”, en ese mapa se muestra el Puerto de Baraona. Conocía además el informe que el arzobispo Portillo, en fecha 30 de junio de 1794, le remitió al regente colonial, Josef A. de Urizar donde le informaba sobre acciones de algunos individuos que apresaban hombres y mujeres de color, libres y esclavos, para venderlos a piratas que llegaban a la playa de Petit-Trou, Barahona y otras, forzando a los amos a retirar de sus conucos dejándolos perder con sus ganados y animales y a tener a sus negros a la vista y dentro de sus propias casas, sin atreverse a que salgan de noche y ni aun de día para traerles agua. [27]

 Como hemos leído, el arzobispo Portillo era una autoridad en toda la isla, por lo que sus acciones eran de todos conocidas. Ardouin lo sabía al dedillo, pero como pertenecía a la “Escuela de 1836”, que tenía la influencia y la tradición de entrelazar historia y política, a esta escuela pertenecían “ (1812-1860, 1808-1845), Beaubrun, Céligny y Coriolan Ardouin (1812-1836) y Beauvais Lespinasse (1811-1863). Debates sobre el lenguaje y el nacionalismo de la Escuela de 1836, como lo hicieron los de sus predecesores. Miembros del grupo tiene como objetivo seguir su lema: “Ser nosotros mismos”. Por ello manejó su fábula de un modo político, dejándola sin base de sustentación.

Si partimos del criterio de que un enunciado es verdadero cuando es coherente o no contradictorio con otras verdades, nos damos cuenta de la falsedad y la manipulación con que Ardouin maneja su afirmación, ya que contradice la misiva del arzobispo Portillo.

ARDOUIN ATACA A NÚÑEZ DE CÁCERES

El 1 de diciembre de 1821, el licenciado José Núñez de Cáceres hizo pública la declaratoria del Estado Independiente de Haití Español. En sus primeras palabras proclamó el fin de la dependencia de la colonia de Santo Domingo a España. “No más dependencia, no más humillación, no más sometimiento al capricho y veleidad del Gabinete de Madrid”. José Núñez de Cáceres proclamó la Independencia bajo el protectorado de la Gran Colombia, pero no logró el apoyo que esperaba porque el prócer Simón Bolívar no se lo ofreció.

Esa declaración de independencia provocó la animadversión de Beaubrun Ardouin, que inmediatamente atacó sin piedad a Núñez de Cáceres, “Además se agrega a la fila de los que atacan a Núñez de Cáceres, el historiador haitiano, Mr. Beabrum Ardouin, cuando afirma que “el licenciado José Núñez de Cáceres carecía del sentimiento de la nacionalidad, tal como lo sintieran Francisco de Miranda y Simón Bolívar, y que, por el contrario, mientras esperó mercedes del Gobierno español, sirvió a éste con devota sumisión. Y sólo cuando Francisco Javier Caro, emparentado con doña Ana de Osorio, mujer de un prominente nativo, de apellido Delmonte, sobre quien pesaba no sé cuál acusación, declaró enfáticamente que el Lic. José Núñez de Cáceres su antiguo condiscípulo, no ocuparía un asiento en La Real Audiencia de Quito, en tanto que él –Caro– tuviera privanza en la Corte de España, cobró la más tremenda enemistad a la Madre Patria, y juró vengarse.

 Esta animadversión del antiguo ministro Ardouin contra el glorioso e infortunado Núñez de Cáceres sólo se explica por el móvil que tuvo en miras el publicista occidental, a veces hasta equilibrado y probo en juicios en lo que a nosotros respecta, para defender a todo evento y con desafío de todas las furibundas pasiones políticas, aquello que se relacionara con Petión, o Boyer, su discípulo, quien era hasta cierto punto, la obra de aquel, bien que resultare espurísima, por lo menos, en sus últimos tiempos de absolutismo y decadencia”. [28]

Lo realizado por Núñez de Cáceres, sirvió como ente catalizador para que Beaubrun Ardouin, urdiera planes con el autócrata y sarcástico Jean Pierre Boyer, para provocar la usurpación del territorio dominicano desde el 1822 hasta el 1844, llegando a plantear que “El pensamiento de Héroe de la independencia nacional se realizó en 1822. Su gloriosa empresa finalmente recibió su consagración final”. [29]

 CUANDO FRANCIA RECONOCIÓ LA INDEPENDENCIA DOMINICANA, EN OCTUBRE DE 1848, ESTO MOLESTÓ A ARDOUIN Y A SOULOUQUE

 En este intervalo recibió una noticia grave y desconcertante: el reconocimiento de la independencia dominicana por Francia. En efecto, Francia, que hasta entonces había profesado una política de no intervención en la disputa haitiano dominicana, a pesar de las vivas instancias de sus agentes antillanos y el cebo seductor de los jefes de Santo Domingo, resolvía ahora cambiar de actitud.

En virtud del tratado de amistad y comercio concluido el 22 de octubre de 1848, entre plenipotenciarios  dominicanos y el ministro de Asuntos Extranjeros del gobierno de la segunda República, Francia reconocía oficialmente la existencia de la República Dominicana independiente.

 Como quiera que fuese, Soulouque no era hombre de aceptar este acontecimiento como un hecho consumado. Su representante en París, Beaubrun Ardouin, se multiplicó en vano para impedir la ratificación del nuevo instrumento diplomático. Hizo valer especialmente las dificultades que sobrevendrían, en adelante, por la ejecución de los últimos acuerdos convenidos el 12 de mayo de 1847, en Puerto Príncipe y ratificados en París el 9 de octubre del mismo año, entre Francia y Haití, acerca del servicio de pagos anuales del empréstito de 1825. Insistió sobre la disminución de las ventajas financieras que resultaría necesariamente de la dislocación de la unidad territorial, para el caso que el reconocimiento de la independencia dominicana se mantuviese. Un hecho de tal tipo podría atraer, como consecuencia, la imposibilidad de cumplir con sus compromisos formales por parte del gobierno haitiano.

 “El 22 de Octubre de 1848, los delegados dominicanos salieron triunfantes frente a la diplomacia haitiana, representada nada menos que por el historiador Beaubrun Ardouin. Por un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, Francia reconoció y otorgó a la Republica Dominicana el rango de Nación libre, independiente y soberana”.  [30]

Nada pudo contrarrestar la decisión del gobierno francés. Soulouque, por su parte, se resolvió a liquidar la cuestión por la fuerza; dio instrucciones para entrar en campana con los dominicanos. [31]

Con lo que hemos investigado, podemos afirmar sin temor a ninguna equivocación, que Ardouin es un conspirador confeso, sembrador de odios y un político hacedor de historia, siempre y cuando lo convenga a Haití, para muestra marcamos lo siguiente:

 “Jean Baptiste Sans Souci es el Congo por excelencia. Era el más famoso de los rebeldes africanos y el más efectivo desde el punto de vista de los rangos superiores franceses y “coloniales”. (…) El historiador “mulato” Beaubrun Ardouin (…) es conocido por su odio hacia Christophe y su dura crítica a los héroes de piel oscura de la independencia haitiana. Sin embargo, cuando se trataba de Sans Souci, Ardouin el “mulato” tomaba el lado del criollo negro. Describiendo una reunión durante las negociaciones sobre el liderazgo en el que un ‘valiente’, ‘enérgico’, ‘distinguido’, ‘inteligente’ y (de repente) ‘guapo’ Christophe utilizó su legendario magnetismo para influir en Sans Souci (…) Ardouin es rápido al elegir lados no solo porque se puede sentir culturalmente más cercano a Christophe, un “hombre civilizado” sino también porque, como historiador nacionalista, necesita a Christophe contra Sans Souci. (…) Por lo tanto, aunque las pretensiones de la élite de control estatal requerían, como en otros lugares, la apropiación parcial de la historia cultural de las masas, también requerían, tal vez más que en cualquier otra parte, el silenciamiento de la disidencia”.

Tanto el silenciamiento de la disidencia como la construcción de instituciones estatales comenzaron con el régimen de Louverture cuyo equivalente más cercano en Haití después de la independencia fue el reino de Enrique I. En resumen, la fama de Christophe como constructor, tanto figurativa como literalmente, y su reputación como un líder despiadado son dos caras de la misma moneda. Ardouin, un hacedor de política en su tiempo, lo sabía. Tanto él como Christophe pertenecen a las mismas élites que deben controlar y normalizar las aspiraciones de los bárbaros”. [32]

Beaubrun Ardouin fue tan enemigo del pueblo dominicano, que pasó toda su vida luchando en contra de nuestra patria, por eso su fábula sobre que Toussaint ordenara construir una aldea, en el Puerto de Barahona, ubicado en la bahía de Barahona cercana a la bahía de Neyba, como el escribiera en el libro “Geografía de la Isla de Haití, cae en la quimera, en el deseo fantasioso e histórico de su rica imaginación. Como muestra de su odio hacia los dominicanos les dejo la carta que en 1861, 13 años después de Francia haber reconocido nuestra independencia, le remitiera Thouvenel a Ardouin, pues este seguía peleando en contra de la soberanía dominicana.

París

25 de junio de 1861

Señor Beaubrun Ardouin.

Ministro de Haití en París.

Señor:

He  recibido  la  carta  que  me  habéis  hecho  el  honor  de  escribirme  el  20  del  corriente,  para  darme conocimiento, según las órdenes de vuestro gobierno, de la circular emanada de la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores de Puerto Príncipe, a causa de la anexión a España de la República Dominicana.

No tengo que apreciar un acontecimiento para el cual nada nos había preparado, pero que hoy, a consecuencia de la aceptación del gobierno español, ha llegado a ser un hecho cumplido. Sin embargo, no puedo prescindir de observar que si nuestros consejos hubieran sido más atendidos en Puerto Príncipe, lo que acaba de suceder no habría tenido lugar probablemente. Si el gobierno haitiano, teniendo cuenta de una separación definitivamente consumada y consagrada por el reconocimiento de gobiernos extranjeros, se hubiera sabiamente decidido, en tiempo oportuno, como no habíamos cesado de aconsejárselo, a reconocer a su turno la independencia de los dominicanos, habría encontrado sin ninguna duda, en la alianza de los dos Estados (alianza que vino a ser desde ese momento tan fácil como conforme a sus intereses) una garantía cierta del mantenimiento de la independencia de la isla de Haití toda entera.

Sería inútil, por otra parte, insistir sobre consideraciones que no pueden modificar ya el estado de las cosas, pero hay otro consejo que el gobierno del Emperador no vacila en dar ahora al gabinete de Puerto Príncipe, en la esperanza de que comprenderá no solo su oportunidad, sí que también su carácter amigable. La circular que tengo a la vista declara que en presencia de los proyectos atribuidos a España, el gobierno haitiano se ve obligado a interrumpir sus trabajos de reformas interiores, para concentrar todas sus fuerzas y toda su energía a la organización militar de la defensa nacional.

Creo poder responder, señor, que hay en las miras supuestas, al gabinete de Madrid conjeturas infundadas. El gobierno español está seguramente resuelto a defender con energía su nueva posesión si se le ataca, pero no piensa tomar la iniciativa de ninguna clase de hostilidad contra la República Haitiana, si ella no provoca la primera un conflicto. Lo que él desea es no tener que temer de su parte ningún embarazo, a fin de poder entretener con ella relaciones pacíficas y leales. El gobierno del Emperador tiene por garantía las seguridades que ha recogido del gobierno español mismo, y no podría ver desde luego sino con pesar, que el gabinete de Puerto Príncipe renunciara a las reformas que permite la situación de la República Haitiana, para emplear todos sus recursos en tomar medidas de defensa que no aparecieran justificadas.

Admitid las seguridades de la alta consideración con la cual tengo el honor de ser, Señor, Vuestro muy humilde y muy obediente servidor. Firmado: Thouvenel. El conde Russell respondió en el mismo sentido.

La Inglaterra y la Francia, bien ocupadas ya por las cuestiones continentales de equilibrio europeo, dejaron a España obrar en Santo Domingo.

¿Cómo iban ellas a ocuparse de una cuestión que amenazaba tan poco sus intereses, cuando no habían juzgado conveniente mezclarse en aquellas que les tocaban más de cerca en el continente?

Charles Haentjens.

(Tomado del Nº 17 de Le Sens Commun  de Port-au-Prince, correspondiente al 21 de julio de 1870). La Opinión, 23 de julio de 1874.


[1] Página 96, Orígenes y manifestaciones de la francofilia haitiana: nacionalismo y política exterior en Haití (1880-1915), por Denis, Watson R.

[2] Páginas 96 y 97, Orígenes y manifestaciones de la francofilia haitiana: nacionalismo y política exterior en Haití (1880-1915), por Denis, Watson R.

[3] Thomas Madiou, Histoire d’Haïti, vol. II, Port-au-Prince, Imprimerie de Jh. Courtois, 1847, p. 86

[4] Página 17,  Boletín del Archivo General de la Nación, Año LXXIV, Vol. XXXVII, Núm. 132, Enero-Abril 2012. Historia y Documentos. Por Antonio Jesús Pinto Tortosa

[5] Página 79, Boletín del Archivo General de la Nación, Año LXXIV, Vol. XXXVII, Núm. 132

[6] Página 194, Toussaint Louverture, La revolución Francesa y el Problema Colonial, por Aimé Césaire

[7] Páginas 42 y 43, La República de Haití y la República Dominicana, Diversos Aspectos de un Problema  Histórico, Geográfico y Etnológico, del Dr. Jean Price-Mars.

[8] Ver página 254, “Compendio de la Historia de América, desde su descubrimiento hasta nuestros días” por J. Mesa Y Leompart, Harvard College Library, Sept. 14, 1918.

[9] Ver páginas 408 y 409, Historia de las Antillas, por M. Elías Regnault, año 1846.

[10] Ver página 54. Los jacobinos negros. El proceso de independencia haitiana (1789-1820), por Rolando Bel.

[11] Ver página 43, La República de Haití y la República Dominicana, Diversos Aspectos de un Problema  Histórico, Geográfico y Etnológico, del Dr. Jean Price-Mars.

[12] Ver página 47, Revista de Madrid, tercera serie, Tomo V, del 1843.

[13] Ver La Caída de Charles Hérard, fuente: Diario Libre, Autor: Fran Moya Pons, Adaptado para Educando.

[14] Ver págs. 45 y 46, La República de Haití y la República Dominicana, Diversos Aspectos de un Problema  Histórico, Geográfico y Etnológico, del Dr. Jean Price-Mars.

[15] Ver Entre Francia y Accau

[16] Ver Entre Francia y Accau.

[17] Ver página 141, Histoire D Haití, Tome VIII, de 1845 a 1846, por Thomas Madiou

[18] Ver página 165, Revista CLIO 182,  Duarte, la prensa de Curazao y la Independencia Dominicana. Discurso de ingreso del Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Historia Adriano Miguel Tejada.

[19] Ver página 161, Correspondencia del Cónsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846, Tomo I, Edición y Notas de E. Rodríguez Demorizi, Traducción, Mu-Kien Adriana Sang.

[20] Ver página 195, Dantès Bellegarde, Histoire du peuple haïtien (1492-1952). (1953)

[21] Ver páginas 431 y 432, “Santo Domingo, su Pasado y Presente”, por Samuel Hazard, año de 1873.

[22] Ver Páginas 229 y 230, La República de Haití y la República Dominicana, Diversos Aspectos de un Problema  Histórico, Geográfico y Etnológico, del Dr. Jean Price-Mars.

[23] Ver página 197, Dantès Bellegarde, Histoire du peuple haïtien (1492-1952). (1953)

[24] Ver página 124, “Geografía de la Isla de Haití”, Beaubrun Ardouin.

[25] Ver página 126, Crítica de Nuestra Historia Moderna, Gustavo Adolfo Mejía Ricart.

[26] Ver página 75 Boletín del Archivo General de la Nación Año LXXIV, Vol. XXXVII, Núm. 132.

[27] Ver  Pág. 59 Historia de Barahona 1801-1900, por Welner Darío Feliz.

[28] Ver páginas 46 y 47, Crítica de Nuestra Historia Moderna, Gustavo Adolfo Mejía Ricart.

[29] Ver página 105, ETUDES SUR HISTOIRE D HAITI, Primer Tomo, Beaubrun Ardouin, 1855.

[30] Ver página 22, Omisiones e Invenciones en la obra de Jean Price-Mars “La República de Haití y la República Dominicana”. Dr. Francisco A. Henríquez Vásquez (A. D. H.), Revista CLIO No. 159.

[31] Ver página 236, La República de Haití y la República Dominicana, Diversos Aspectos de un Problema  Histórico, Geográfico y Etnológico, del Dr. Jean Price-Mars.

[32] Ver Trouillot, 67, 68, 69

 

Una respuesta a “Beaubrun Ardouin, la separación entre la política y la historia, un lazo que no logró desatar.”

  1. Excelente. Sugiero publicarlo independiente y en un periodico de circulacion nacional. Mis felicitaciones, buena documentacion, excelente bibliografia. Mis respetos.

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