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Conozca las perspectivas económicas para América Latina en 2016 elaboradas por Moody’s Analytics

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“La región terminó 2015 en recesión, después de avanzar con un mediocre 1% en el 2014. La región se ha desacelerado persistentemente desde el 2011 cuando el crecimiento se moderó a 4,7% después de un 6,5% en el 2010”, dijo Alfredo Coutiño, director de Moody’s Analytics, en exclusiva para AméricaEconomía.com

La inflación volvió a ser una llamada de atención en la región, sobre todo en Argentina, Brasil y Venezuela donde alcanzó tasas de dos y tres dígitos respectivamente.

América Latina enfrentó en el 2015 su quinto año de desaceleración continua, la cual llevó a la economía a terreno negativo después del especatcular repunte postrecesión del 2010. La evidencia muestra que la región sufre una debilidad crónica y no coyuntural, lo cual requiere de soluciones estructurales. El uso y abuso de prolongadas políticas expansivas han probado ser no solo poco efectivas sino incluso generadoras de distorsiones. Para poder salir del ciclo desaceleratorio-recesivo, la región necesita regresar a la disciplina y profundizar los cambios estructurales. 2016 se vislumbra como otro año de bajo crecimiento, aunque con una economía en terreno positivo.

Recesión en 2015. “América Latina terminó 2015 en recesión, después de avanzar con un mediocre 1% en el 2014. La región se ha desacelerado persistentemente desde el 2011 cuando el crecimiento se moderó a 4,7% después de un 6,5% en el 2010”, dijo Alfredo Coutiño, director de Moody’s Analytics para la región.

La continua pérdida de fortaleza se da a pesar de la prolongada expansión fiscal y monetaria, lo cual da evidencia de que la economía sufre de una anemia crónica en donde la demanda adicional producida por los estímulos encuentra acomodo en el desequilibrio externo y la inflación más que en la producción nacional.

La expansión monetaria global, que siguió a la recesión del 2009, permitió a los gobiernos latinoamericanos prolongar sus políticas expansivas, en donde el dinero barato y abundante generaba incentivos para posponer los cambios estructurales y ajustes necesarios en la región. “La consecuente falta de reformas produjo un proceso de desinversión en América Latina, siendo la causa más importante de la anemia de crecimiento latinoamericano”, dijo el experto.

En general, la región entera estará en modo de normalización fiscal y monetaria. Con excepción de Brasil y Colombia, cuyas condiciones monetarias ya se encuentran en terreno restrictivo, el resto de la región se estará moviendo hacia la neutralidad.

Así, en el 2015, la región se vió arrastrada por severas recesiones en Venezuela y Brasil, convirtiendo al Cono Sur en la región con peor desempeño. América Central emergió como el nuevo líder del crecimiento, gracias al avance de la recuperación estadounidense y al renovado empuje de la economía panameña. La economía mexicana continuó enfrentando rezagos estructurales del pasado, a pesar de las reformas en marcha. Chile, Perú y Uruguay continuaron mostrando desempeños por abajo de su capacidad. Mientras que la economía colombiana a pesar de que moderó su crecimiento en el año, mostró señales de recuperación más definida en la segunda mitad del año.

La inflación volvió a ser una llamada de atención en la región, sobre todo en Argentina, Brasil y Venezuela donde alcanzó tasas de dos y tres dígitos respectivamente. “Como lo habiamos anticipado, las monedas latinoamericanas enpezaron a sufrir los embates del final de la era del dinero fácil. A pesar de que todas las monedas fueron severamente golpeadas, algunas todavía presentan mayor vulnerabilidad dado que sus bancos centrales han retrasado el proceso de normalización monetaria, como en el caso de Chile, México y Perú”, explican los expertos de la entidad, Juan Fuentes, Jesse Rogers y Robin Banergi.

Mediocre avance en 2016. Las perspectivas para la región en el 2016 no se ven prometedoras, ya que el crecimiento se situará en el rango de 0 a 0,5%. Brasil y Venezuela reportarán nuevamente contracción, aunque más moderada en el primer país y más profunda en el segundo. América Central continuará en la delantera, con Panamá a la cabeza. México, Chile y Uruguay avanzarán moderadamente hacia su tasa potencial, mientras que Colombia y Perú podrían ligeramente superar el 3% en el año.

En general, la región entera estará en modo de normalización fiscal y monetaria. Con excepción de Brasil y Colombia, cuyas condiciones monetarias ya se encuentran en terreno restrictivo, el resto de la región se estará moviendo hacia la neutralidad. Aquellos países ya embarcados en proceso de reformas presentarán crecimientos más estables, aunque todavía bajos como son los casos de Chile, Colombia, México y Perú, siempre teniendo en la delantera al ya tradicional Panamá. Brasil y Argentina estarán bajo procesos de ajuste, desregulación y apetura, lo cual tendrá un costo en el crecimiento de corto plazo.

Las inflaciones se mantendrán por encima de sus objetivos, incluso en México donde la baja inflación del 2015 quedará solo como un hecho fortuito. Las fuertes depreciaciones cambiarias estarán detrás de las altas inflaciones en la región, así como las realineaciones de precios privados que se pospusieron en el 2015. La flexibilidad fiscal estará ausente no solo por el bajo crecimiento y los menores ingresos por exportaciones primarias, sino también por la necesidad de una mayor prudencia fiscal ante el aceleramiento mostrado por los desequilibrios y el endeudamiento público.

Retos para la región. Un desafío importante para la región es restaurar la acumulación de capital a fin de incrementar la capacidad productiva y consecuentemente el crecimiento potencial. Esto implica profundizar los cambios estructurales y avanzar en la desregulación, de tal manera de aumentar la inversión productiva. América Latina debe enfocarse en la acumulación de capital físico y humano, la cual es la verdadera fuente del crecimiento sostenido y de impulso a la productividad y el progreso tecnológico.

El regreso a la disciplina macroeconómica es esencial para reforzar la confianza y credibilidad, comenzando con la normalización de la política económica. La región tiene que acostumbrarse a vivir los nuevos tiempos de restricción y con sus propios medios. El comienzo del ciclo de alza de tasas estadounidenses continuará imponiendo presiones en los mercados de bonos latinoamericanos, particularmente en aquellos países cuyos bancos centrales han retrasado la normalización monetaria, como en el caso de Chile, México y Perú. El riesgo de una salida de capitales más agresiva está latente.

La normalización monetaria no implica restricción al crecimiento, ya que la política monetaria solo estaría moviendo las condiciones hacia la neutralidad. Sin embargo, existe el riesgo de una pérdida de competitividad de las tasas de interés ocasionada por una normalización lenta o fuera de sincronía. En este caso, las salidas de capital se agravarían y tendrían consecuencias más severas sobre las monedas latinoamericanas, forzando a los bancos centrales a una normalización más acelerada. Solo en este caso de normalización acelerada y con condiciones monetarias más allá de la neutralidad, el crecimiento latinoamericano podría verse amenazado.

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AméricaEconomía.com

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