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El cementerio de los ángeles decapitados y el fantasma de Pancho Villa

Panteón de Dolores de la ciudad de Hidalgo del Parral, en Chihuahua. J.B.

Se cuenta en Chihuahua que los restos del revolucionario están en una tumba con otro nombre para evitar lo que ya pasó: su decapitación.
JAVIER BRANDOLIEl Parral (Chihuahua, México)@javierbrandoli

Decapitar a una estatua es un golpe seco, directo, que parte una piedra en pedazos y deja su cuerpo convertido en una roca con brazos y piernas. Una deformidad firme, violenta, de quien se ensaña con un símbolo de la muerte. ¿Quién podría dedicarse a decapitar y mutilar ángeles de mármol en las tumbas de un cementerio?

Decapitar el cuerpo de un hombre, aunque fuera ya fallecido, es una labor más complicada. La carne, los músculos y tendones no se quiebran con un golpe. Hay que serrarlos, cortarlos hasta desgarrarlo todo. ¿Quién y por qué decapitó el cadáver del revolucionario mexicano Pancho Villa?

Ambos, los ángeles sin cabeza y los restos sin cráneo del llamado Centauro del Norte, el general que lideró una revolución de agricultores pobres a los que convirtió en un ejército que conquistaron todo México, aguardan en el panteón de Dolores de la ciudad de Hidalgo del Parral, en Chihuahua, una respuesta con la que encarar la eternidad enteros. De Villa no se sabe quién decapitó su cadáver; a los ángeles se lo hizo un fanático religioso que antes les pedía a gritos que se defendieran. Todo a pocos metros.

Una estatua del cementerio mexicano visiblemente dañada. J.B.

Hidalgo del Parral, con poco más de 100.000 habitantes, es una de esas localidades del norte de México ancladas en una historia violenta que se está venciendo con dosis proporcionadas de tequila, lucha, valor y llanto. La localidad, frontera entre las montañas del temido Triángulo Dorado de las drogas y el largo desierto que desemboca en Estados Unidos, ha vivido años de extrema violencia. La decidida actuación de la Fiscalía Estatal en los últimos años ha conseguido mejorar la situación. “En 2011 hubo 88 homicidios por los 24 de 2015”, afirman en el Ministerio Público.

Entonces, cuando los muertos dejaron de encontrarse desparramados en las calles las gentes regresaron a la normalidad vital de dejar de honrar a sus ancestros apresuradamente en las aceras para hacerlo de nuevo en los cementerios. Y es allí, en el más antiguo de todos, donde crece esta doble leyenda del Parral de un grupo de ángeles y un héroe nacional sin cabeza.

Diferentes creencias

Los restos de Pancho Villa son y han sido un debate nunca cerrado en México. Las diferentes versiones apuntan a un cadáver incómodo en un primer momento y una leyenda posterior de la que todos han querido hacerse dueños para justificar una revolución inacabada y traicionada desde sus propias filas.

El 20 de julio de 1923, Villa sale conduciendo su coche rodeado de guardaespaldas, algo inusual en él, y es abatido violentamente a tiros en el esquinazo de una calle del Parral donde sus enemigos le han tendido una emboscada. Al día siguiente, el gobernador de Chihuahua se niega a que sus restos reciban sepultura en la ciudad y se entierra al general en el panteón de Dolores El Parral donde fue asesinado.

Estatua de un ángel decapitado en la localidad Hidalgo del Parral. J.B.

Tres años después, entre el 5 y 6 de febrero de 1926, los restos de Villa son profanados. El cadáver es decapitado y su cabeza desaparece. Las múltiples versiones sobre este suceso siguen siendo hoy motivo de controversia entre investigadores e historiadores. En todo caso, la más aceptada es que los yanquis habrían pagado una fuerte cantidad de dinero por la cabeza del que iba camino de convertirse en un mito al otro lado de la cercana frontera. Uno de los nombres que suena con fuerza como culpable es el general Francisco Durazo, que habría aceptado el soborno de los estadounidenses, aunque también se habla de un sueco que se hizo pasar por minero o de un doctor de Chicago. “La versión más aceptada es que fue el Gobierno de Estados Unidos el que la robó para estudiarla. Incluso se cree que la operación la realizó el general Pershing, que se adentró en territorio mexicano para dar caza a Villa sin conseguirlo, y que habría ordenado la decapitación del cadáver como venganza”, explica a EL MUNDO el profesor de la Universidad Autónoma, Francisco Peredo, experto de la vida del revolucionario mexicano.

“La tumba se movió”

Más tarde, en 1931, las crónicas cuentan que los familiares de Villa decidieron cambiar en secreto los restos del famoso general para evitar una nueva profanación. Hay un documento municipal que atestigua que una de sus numerosas viudas, Austreberta Rentería, pagó 12 pesos por el derecho perpetuo de la tumba de su marido. “La tumba de Villa se movió 100 metros. Ésta es la tumba real donde descansan los restos del general”, explica a EL MUNDO el sepulturero del camposanto mientras señala el escondite del cadáver. Ésta es una versión aceptada también por algunos investigadores y que también se cuenta en su museo oficial.

Según esa teoría, los restos del general que se llevaron en 1976 a Ciudad de México, al Monumento de la Revolución, corresponderían a los de una mujer. “Se hizo un intercambio de cadáveres con una mujer que iba a Estados Unidos y falleció de cáncer y se encontró en el deteriorado ataúd botones y los restos de un rosario”, dicen los cronistas de la época. Nada se sabe con certeza. “Lo más fiable, en todo caso, es que está en el Monumento de la Revolución de Ciudad de México, aunque se podrían hacer pruebas de ADN“, mantiene el profesor Peredo.

Aspecto lúgubre del panteón de Dolores de El Parral. J.B.

Lo que seguro no estaba era su cabeza, que se ha situado en estos 90 años de desaparición en el Museo de Historia Natural de Nueva York, en un circo de Estados Unidos en el que cobraban 25 centavos por enseñarla, encima de la chimenea de la casa del General Durazo o en una tienda de antigüedades en Iowa.

Pero Villa, el decapitado Villa, no podía estar solo en su tragicomedia. El panteón donde reposa su tumba oficial y la extraoficial es también un aquelarre de decapitados. “El 29 de octubre de 2011, en la comunidad de Las Ánimas, un fanático religioso que estaba mal de la cabeza entró en la Iglesia del señor de los Guerreros y decapitó en la capilla a la Virgen y a los santos. La capilla es muy venerada y se generó un gran escándalo. Luego, me di cuenta de que en el cementerio había hecho lo mismo. Decapitaba y mutilaba estatuas de ángeles”, explica el periodista local Raúl Herrera que investigó la historia.

“El hombre antes de decapitar las esculturas les pedía a gritos que se defendieran. Finalmente, lo detuvieron en El Parral tirando los restos de las estatuas en una alcantarilla”, dice Herrera. ¿Qué supuso esto para la localidad? “Hubo miles de rumores y leyendas aquellos días de los sucesos. El panteón se quedó con este aspecto lúgubre y a la vez atractivo. Al fin y al cabo aquí se esconden los restos de Pancho Villa al que ahora acompañan una tropa de ángeles decapitados”, concluye Herrera con una sonrisa.

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