El día que la guagua del Ingenio Barahona se quedó sin frenos

By El Barahonero viernes, 15 de agosto de 2014

 El Barahonero5 en NY,  Hector Rafelin Cuello.Héctor Rafelin Cuello

Esta historia ocurrió en Barahona, eran los inicios de la década de los ochenta, fue temprano en la mañana.  La ciudad estaba tranquila, como era lo normal en esos tiempos.  Recuerdo que los jóvenes de esa época implantamos una «moda» para tomar el pelo a la gente y como una forma de inquietar a las personas, cosas de muchachos.  Antes de la ocurrencia del hecho que les voy a narrar, unos tres a cuatro días antes, nos quedábamos mirando al cielo fijamente, cuando alguien nos preguntaba:  ¿que es lo que ustedes miran?  Le decíamos:  «-Es que el mundo se va a acabar y estamos esperando que algo caiga del cielo»-.  Si era una persona mayor regularmente nos decía:  «-Mira muchacho, tú te estás volviendo loco»-.  Y seguía su camino.  Con este «can» el pueblo estaba un tanto inquieto y la cosa se regó por toda la ciudad, muchachos y hasta gente grande sinvergüenza imitaban este acto.

Ese día a las 5 A.M., el pueblo estaba tranquilo, muy tranquilo, así era nuestra Barahona en esa época, el chófer del autobús del Ingenio Barahona empezó su faena de recoger los empleados de esa empresa estatal para llevarlos a su lugar de trabajo.  El chófer subió la calle Uruguay, iba recogiendo obreros en casi todas las esquinas, estos salían de calles aledañas para tomar el autobús, dobló en la Tony Mota, en el barrio Savica, en esa calle tomó un par de empleados, se dirigió hasta la calle Sánchez y dobló a la izquierda, en ese tiempo ese tramo de la calle era de tierra.  Al doblar en esa calle el chófer notó que algo raro sucedía, trató de frenar y los frenos no respondieron.

La gugua empezó a tomar velocidad, le pasó por el lado a unos trabajadores que esperaban en una esquina, lo que sorprendió a esos empleados y alarmó a los que ya estaban en el autobús.  El vehículo cogió una velocidad increíble en una corta distancia, al chófer no le quedó más remedio que vocear:  «-Se nos fueron los frenos»-.  Desde ese momento los trabajadores empezaron a hacer turno para tirarse de la guagua, así como se iban lanzando chocaban con «palos de luz», con casas y paredes, todos los que se iban tirando se rompían piernas, brazos, clavículas, se fracturaban costillas, etc., eso fue una cosa increíble, eso fue una hecatombe.

Cuando el autobús llegó a la Sánchez ancha encontró en su camino un «policía acostado» y voló por los aires, cuando los empleados que todavía quedaban en la guagua vieron aquello decidieron lanzarse del vehículo.  Ya cuando el vehículo llegó a la calle María Montez iba casi vacía, en esa calle «voló» el badén, el cual siempre ha sido muy pronunciado, lo que hizo que el autobús volara de nuevo como si fuera un gran avión de pasajeros.  Debo decir que el chófer era lo que en esos tiempos se le llamaba una volanta, manipuló el vehículo de tal manera que hasta ese momento no le había dado a ninguna persona, vehículo o casa, pero cuando miró al frente, luego que la guagua «aterrizó», se dio cuenta que se acercaba lo inevitable: el final de la vía en la calle 30 de Mayo.

Al acercarse al final de la vía el chófer miró por el espejo retrovisor y se dio cuenta de que en el vehículo solo quedaban él y un par de empleados que no quisieron tirarse o no pudieron.  Cuando miró al frente se encontró con lo inevitable, ya tenía que chocar porque no había espacio para doblar con esa gugua tan grande, sin frenos y con una calle tan cerrada.  El pobre hombre tomó la decisión que salvó varias vidas:  Le dio del lado izquierdo a la casa que le quedaba de frente y a la del lado izquierdo también le dio, pero del lado derecho, trató de meterse entre los callejones de ambas casas,.

Cuando el autobús le dio a las casas se originó una «explosión» que asustó a medio pueblo, y como desde hacía unos días teníamos un can de que el mundo se iba a acabar eso hizo que la gente se asustara más.  Un apreciado personaje, que se estaba cepillando los dientes en el patio de su casa, la cual estaba muy cerca de donde ocurrió el choque, salió corriendo con la boca llena de espuma, cuando llegó a Río Sito unas personas lo agarraron y lo amarraron de un árbol de mango, creyendo que el hombre tenía rabia.

En el lugar del hecho se aglomeró una gran cantidad de personas, no para registrar los heridos o a ver que encontraban para robarse, sino para ayudar a los infortunados.  Sacaron gente de debajo de la guagua y otros fueron lanzados por los aires con el impacto. Otros estaban arrodillados dándose golpes en el pecho y pidiendo perdón a Dios por sus pecados.  Aquello daba risa, pero evidentemente que no era gracioso.

Por la gracia de Dios aquel día no hubo un solo muerte, lo que si hubo fueron muchos heridos, quienes, casi todos, se recuperaron completamente de sus heridas y golpes; las casas fueron reparadas por el Ingenio y los ajuares también.  Para ese tiempo Barahona era un pueblo bendito y no me cabe dudas que Dios metió su mano para que las cosas no pasaran a mayores.
¡¡¡LA VERDAD SIN INSULTOS!!!
(HRCV)

Una respuesta a “El día que la guagua del Ingenio Barahona se quedó sin frenos”

  1. El chofer que conducia este behiculo se llamaba nadin, un hombre grande que solía vestir de kaki y un sombrero de ala ancha.el mismo murio resientemente.

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