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¿El divorcio es la única solución cuando tu pareja te engaña?

 

Los matrimonios fracasan por múltiples razones, pero una de las más comunes —y cuya superación es todo un reto— sucede al descubrir que uno de los miembros de la pareja ha “engañado” a la otra persona.

Puse la palabra entre comillas porque la definición de infidelidad puede variar ampliamente entre las parejas. Aunque la mayoría de las veces tiene que ver con actos sexuales con una persona distinta del cónyuge o pareja declarada, también hay parejas que se separan por el consumo secreto de pornografía por parte de uno de los cónyuges, una relación puramente emocional sin ningún contacto sexual, los amoríos virtuales o incluso el intercambio de miradas de deseo o el coqueteo con una persona distinta a la pareja.

La infidelidad dista de ser un fenómeno nuevo: ha existido desde que la gente comenzó a unirse en parejas, ya sea mediante el matrimonio u otro tipo de compromiso. Los consejeros matrimoniales informan que a veces las infidelidades ocurren en relaciones felices, al igual que en aquellas con problemas.

Según la Asociación Estadounidense para la Terapia Matrimonial y Familiar, las encuestas nacionales indican que el 15 por ciento de las mujeres casadas y el 25 por ciento de los hombres casados han tenido un romance extramarital. La incidencia es alrededor de un 20 por ciento más alta cuando se incluyen las relaciones emocionales y sexuales sin coito. Como hay más mujeres que trabajan fuera del hogar, las posibilidades de que tengan un amorío aumentan proporcionalmente.

Se han escrito mucho sobre infidelidad; más recientemente, se publicaron dos libros excelentes e iluminadores: The State of Affairs: Rethinking Infidelity de Esther Perel, una psicoterapeuta de Nueva York, y Healing from Infidelity de Michele Weiner-Davis, quien también es psicoterapeuta y vive en Boulder, Colorado. Ambos libros se basan en la extensa experiencia de las autoras con la terapia de parejas cuyas relaciones se han hecho añicos a causa de la infidelidad.

La buena noticia es que, dependiendo de lo que ocasionó que uno de los miembros de la pareja se apartara y cuán decidida está la pareja a seguir junta, la infidelidad no necesariamente acaba en divorcio. De hecho, Perel y otros consejeros matrimoniales han descubierto que las parejas que deciden recuperarse de una infidelidad y reconstruirse suelen lograr una relación más fuerte, amorosa y mutuamente comprensiva que la que tenían previamente.

“La gente que ha sufrido una traición necesita saber que no hay por qué avergonzarse de quedarse en el matrimonio. Eso no quiere decir que se están dejando pisotear, sino que están luchando”, dijo Weiner-Davis en una entrevista. “El regalo que dan a sus familias al trabajar para superar el dolor es enorme”.

Perel acepta que “algunas infidelidades darán un golpe letal a una relación”. Sin embargo, escribió: “Otras pueden inspirar el cambio que era tan necesario. La traición cala hondo, pero tiene remedio. Muchas personas se preocupan profundamente por el bienestar de sus parejas incluso mientras les mienten, al igual que muchas de las personas que han sufrido la infidelidad de su pareja la continúan amando y quieren buscar una forma de permanecer juntos”.

Precisamente esta última fue la postura en la que se encontró una amiga tras descubrir la infidelidad de su esposo. “Al principio quería echarlo de la casa”, me dijo. “Pero me di cuenta de que no quería divorciarme. Mi madre lo hizo y acabó criando a sus tres hijos sola. No quería repetir mi niñez. Quería que mi hijo, que entonces tenía dos años, tuviera a un padre en su vida. Pero también sabía que, si nos íbamos a quedar juntos, teníamos que ir a terapia de pareja”, recordó.

Cerca de una decena de sesiones después, mi amiga dejó de ir a terapia con reflexiones importantes: “Sé que no soy perfecta. Estaba muy enfocada en cuidar de mi hijo y mi marido no estaba recibiendo de mí lo que necesitaba. Todos deberíamos tener derecho de cometer errores y aprender de ellos. Aprendimos cómo hablar y escucharnos realmente. Lo amo y lo respeto, me siento muy feliz de que no nos hayamos separado. Es un padre maravilloso, un compañero que me estimula y, aunque nuestro matrimonio no es perfecto —¿cuál lo es?—, nos apoyamos y nutrimos mutuamente. Trabajar para superar la infidelidad nos fortaleció”.

Como ocurrió con mi amiga, la mayoría de las infidelidades suceden debido a la insatisfacción con la relación marital, alimentadas por la tentación y la oportunidad. Uno de los cónyuges puede pasar horas interminables en el trabajo, las tareas del hogar, actividades fuera de casa o incluso en las redes sociales, de tal modo que descuida las necesidades emocionales y sexuales de su contraparte. Suele pasar que la persona traicionada no se había dado cuenta de lo que faltaba en la relación y no sospechaba que había problemas.

Asimismo, pueden surgir problemas debido a una crisis personal de uno de los miembros de la pareja, como la incapacidad de lidiar con el conflicto, el miedo a la intimidad, la inseguridad arraigada o los cambios en las circunstancias de la vida que privan a la relación marital de la atención y afecto que alguna vez la sustentó.

Sin embargo, a excepción de la incompatibilidad irreversible o el abuso físico o emocional, con asesoría profesional y la disposición mutua para conservar el matrimonio, los terapeutas afirman que las parejas tienen buenas posibilidades de superar el trauma de la infidelidad y evitar el trauma del divorcio, que muchas veces es más doloroso.

Weiner-Davis señala que “con excepción de los casos más graves como aquellos en los que hay abuso físico o adicciones”, el divorcio suele crear más problemas de los que resuelve; esta observación la motivó a escribir su primer libro titulado Divorce Busting.

Weiner-Davis admite sin dudar que recuperarse de una infidelidad requiere de trabajar arduamente y que el proceso no se puede acelerar: “Muchos clientes me habían comentado que, de no haber sido por la infidelidad de su pareja, nunca habrían visto ni hablado ni sanado algunos de los problemas subyacentes que habían roto los cimientos de su relación”.

En lugar de destruir el matrimonio, la infidelidad actuó como un catalizador de cambios positivos, afirma Weiner-Davis. En su nuevo libro, señala tareas tanto para el cónyuge traicionado al igual que para el infiel que pueden ayudar a entender mejor y satisfacer las necesidades emocionales y físicas de sus parejas.

Tanto ella como Perel han descubierto que, con el beneficio de la buena asesoría, algunas parejas se “divorcian” de sus viejos matrimonios y comienzan uno nuevo con una relación más honesta y cariñosa.

Es importante encontrar a un terapeuta que pueda ayudar a la pareja a sortear los altibajos que experimentarán al trabajar con los problemas que condujeron a la infidelidad, comentó Weiner-Davis. “Si aceptan que habrá reveses y están dispuestos a superarlos, hay buenas posibilidades de que su matrimonio sane al final del proceso”.

“La infidelidad es una situación única que requiere de habilidades terapéuticas únicas”, manifestó. Sugirió que, al seleccionar a un terapeuta, las parejas pregunten si tiene alguna formación y experiencia en el tratamiento de la infidelidad y si ha logrado ayudar a las parejas a sanar su matrimonio.

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