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Estas son las jóvenes que documentaron cómo es tener 18 años en 2018

Madison Justice, una madre adolescente en Clarksdale, Misuri, de visita en el lugar donde creció CreditYasmine Malone para The New York Times
 

TiKa Wallace no es la típica fotógrafa de The New York Times.

Tiene 17 años, compite en recitales de poesía y se describe a sí misma como “una amalgama de ocurrencias creativas, referencias musicales y chocolate”. Esta “joven negra y queer”, que fue criada por uno solo de sus padres en un entorno de clase trabajadora, asiste al bachillerato en un suburbio adinerado de Washington, D. C.

Es, como ella lo dice, un “sapo de otro pozo”.

Además, forma parte de las veintidós jóvenes que tomaron fotografías para el proyecto #ThisIs18 (Así son los 18), que documenta la vida de mujeres adolescentes de todo el mundo. Ahora, The New York Times publica su imagen, en una sección especial dedicada a explorar cómo es la vida de las adolescentes que cumplen 18 años en 2018. El proyecto está disponible en línea y aparecerá en una edición impresa la próxima semana.

“Lo que me sorprendió es que un medio importante que consumen millones de personas de todo el mundo permita que las adolescentes cuenten historias de adolescentes”, mencionó. “Por lo general, cuando se cuenta una historia, en especial para un medio informativo importante, lo hace alguien de 30 o 40 años. La perspectiva es totalmente distinta cuando gente de tu edad tiene la oportunidad de contar tu historia”.

Comúnmente, los fotógrafos de The New York Times cuentan con varios años de experiencia profesional en otras agencias de noticias, e incluso así, es común que deban esperar un tiempo antes de poder trabajar en proyectos. No obstante, los periodistas visuales como Wallace a quienes incluimos para participar en este proyecto eran sin duda diferentes: son jóvenes mujeres, en su mayoría adolescentes.

Mahak Naiwal con sus amigas en su casa en Nueva Delhi CreditShraddha Gupta para The New York Times
 
Liana Sharifian, una de las pocas mujeres iraníes que tocan la gaita (ney-anbān), y su amigo Miad interpretan música folclórica del sur de Irán. CreditAtefe Moeini para The New York Times
 
Maryclare Chinedo y su madre en el Bronx, antes de partir rumbo a la Universidad BrownCreditJulie Lozano/Bronx Documentary Center
Jessica Bennett, la editora de género del periódico, se dio cuenta desde el inicio del proyecto de que la clave para que tuviera éxito era lograr una visión genuina de las vidas de las chicas de 18 años. Ella y Jodi Rudoren, editora asociada para las audiencias —en colaboración con un equipo de editores y diseñadores de la sección de Estilos—, decidieron que la mejor forma de garantizar la autenticidad de la experiencia era que fueran fotógrafas adolescentes quienes tomaran las imágenes y realizaran las entrevistas.

El proyecto, dirigido por Sharon Attia, una joven fotógrafa de 23 años, se volvió menos jerárquico debido a que la mayoría de las jóvenes eligieron a sus modelos.

El equipo detrás del proyecto le asignó un mentor a cada fotógrafa para ayudarle a completar el trabajo y convertirlo en una experiencia de aprendizaje.

Les pedimos a las fotógrafas que encontraran a sus modelos, las fotografiaran y las entrevistaran, además de grabarlas en video. Aunque las fotógrafas también estaban en la última etapa de la adolescencia, se les pidió que se comportaran como profesionales, cosa que hicieron.

Así que, ¿cómo encontrar a una veintena de fotógrafas adolescentes de todo el mundo? Bueno, digamos que se requiere una aldea, una aldea global. Sandra Stevenson, la editora de fotografías del proyecto y yo recurrimos a una red mundial de fotógrafos, editores y maestros que hemos compilado a lo largo de décadas.

Lori’anne Bemba, al centro, con su hermana y su abuela en una boda familiar en Montreal, CanadáCreditAdele Foglia para The New York Times
Sage Grace Dolan-Sandrino en el Bard College, en Nueva York CreditTiKa Wallace para The New York Times
Obdulia González González borda al lado de su pequeño puesto de artesanías en Zacatecas, México. CreditJesse Mireles para The New York Times
 

El equipo decidió no adoptar un planteamiento fijo, pero trató de elegir a mujeres de 18 años con experiencias diversas y provenientes de distintos lugares. En términos generales, fue un proceso orgánico, porque lo condujeron las jóvenes. Además, en muchas ocasiones fue una experiencia educativa para las fotógrafas, como mencionó Adèle Foglia, una fotógrafa de 21 años de Montreal.

“Lo que más me sorprendió sobre este proyecto fue darme cuenta de lo diferente que se experimenta la transición a la adultez en todo el mundo”, comentó. “Además, también me hizo reflexionar sobre mi propia experiencia y ver cómo a veces el mundo puede ser un lugar tan poco hospitalario para las mujeres que tienen sueños y la determinación para hacerlos realidad”.

Muchas de las fotógrafas se sintieron empoderadas por el proyecto y la oportunidad de resaltar sus propias preocupaciones en sus propias comunidades.

Jesse Mireles, de 19 años, quien creció en Zacatecas, México, siempre se ha sentido orgullosa de vivir en “un país multicultural y diverso con una gran arquitectura, grandes destinos y una gastronomía exquisita; un lugar donde los pueblos que nos precedieron siguen vivos”.

Ella fotografió a Obdulia González González, una joven de 18 años que es parte de los indígenas wixárika, también conocidos como huicholes, del norte de México. Obdulia ayuda a sus padres a vender artesanías tradicionales y tiene la esperanza de ir a la universidad.

“Me parece que este proyecto es importante porque nos está dando una voz, una oportunidad de contar nuestra historia no solo para México, sino para el mundo”, comentó Mireles, quien estudia en la Universidad de Veracruz y quiere ser periodista. “Para poder mostrar el legado y el patrimonio cultural de nuestros pueblos indígenas a los que con tanta frecuencia se les descuida o ignora”.

Madison le cambia el pañal a su hijo. CreditYasmine Malone para The New York Times
 
Yasmine Malone fotografía a Madison mientras hojea sus diarios y dibujos. CreditChandler Griffin para The New York Times
 

Yasmine Malone, quien cumplió 20 años este mes, creció en Clarksdale, Misuri, en el delta del Misisipi, y ahora estudia Letras Inglesas y Ciencias Políticas en la Universidad de Misisipi en Oxford. Con solo la cámara de su celular, documentó la vida de Madison Justice, una madre adolescente en Clarksdale.

“Vi reflejadas a mi madre y mi hermana en ella cuando habló sobre estas cosas, ya que todas han vivido la experiencia de ser madres adolescentes en la pobreza, con recursos limitados”, comentó. “La frecuencia de esta historia es donde radica su fuerza. Madison Justice no está sola en su lucha; muchas adolescentes se encuentran en su misma situación. Sus historias merecen ser contadas no solo por ser tan reales, sino debido a su humanidad, perseverancia y fortaleza”.

Cuando muchos piensan en el delta, les vienen a la mente “pobreza, delincuencia, violencia con armas de fuego y bajos índices de salud”, comentó Malone. Aprendió que “todos tenemos una historia que merece ser contada” que, con el tiempo, fomenta la esperanza en su comunidad. “Si podemos encontrar lo que tenemos en común”, dice, “nos daremos cuenta de que las brechas entre nosotros no son tan grandes y ahí es donde puede ocurrir un cambio social verdadero”.

Millie Landewee, una integrante de un equipo de patinetas exclusivamente para mujeres en Melbourne, en su habitación CreditEremaya Albrecht para The New York Times
 
Shama Ghosh con el bebé de su cuñada CreditTahia Farhin Haque para The New York Times.
 
Wanjiku Gakuru en Kibera, el barrio de escasos recursos más grande en Nairobi, Kenia.CreditSarah Sunday Moses para The New York Times
 

Algunas de las fotógrafas ya tenían un mentor, pero en otros casos les pedimos a fotógrafos de su país que asumieran ese rol. Sandra orientó a las chicas sobre cómo tomar fotografías y monitoreó los avances de las participantes para mantenerlas por buen camino. Durante tres meses seguidos, fue como una especie de controladora de tráfico aéreo en el día de más viajes —solo que algunas de sus pilotas hablaban en idiomas que no entendía—.

En el caso de muchas participantes, el proyecto fue un curso intensivo sobre fotografía documental y producción cinematográfica, en el que recibían consejos como estos: hagan tomas amplias para que podamos ver dónde estás y también los detalles. Tomen fotografías de sus modelos con sus amigos y familia y solas en su habitación. Asegúrense de obtener fotografías familiares. Ah, y también graben un video.

Bennett y Attia crearon un equipo con los editores de la sección de Estilos, así como diseñadores digitales y de impresión para curar todo el material y presentarlo como una revista electrónica.

Al comienzo, se le pidió a cada fotógrafa que encontrara a tres jóvenes de 18 años. También se les pidió que no eligieran a sus amigas y que nos enviaran una breve semblanza de cada una de sus modelos y unas cuantas fotografías en sus recámaras. Luego, el equipo eligió a una de estas modelos para que la fotógrafa trabajara con ella.

Aleksandra Yuryeva con su hermana menor y una amiga en un parque en MoscúCreditAnna Dermicheva para The New York Times
Victory Chukwu y su madre preparan el almuerzo en Lagos, Nigeria. CreditAmarachi Chukwuma para The New York Times
 
Jung Eun Yang aplica pigmento a un maniquí. Su sueño es convertirse en una maquillista.CreditDa Hyeon Kim para The New York Times
 

Sarah Sunday Moses, de 19 años, es de Sudán del Sur, pero creció en Kenia porque sus padres decidieron huir de la inestabilidad de su país. Ella fotografió a Wanjiku Muthoni Gakuru, quien estudia planeación urbana en la Universidad de Nairobi. Lo que más impresionó a Moses “sobre participar en el proyecto fue la cantidad de gente involucrada”, dijo, al igual que la complejidad de los formularios que les pedimos que llenaran.

Espera que los lectores vean que “a pesar de provenir de distintas partes del mundo, no somos tan distintas”, dijo.

Algunas de las fotógrafas documentaron a jóvenes que eran parecidas a ellas, mientras que otras pasaron algún tiempo en situaciones bastante distintas a las suyas. Tahia Farhin Haque de Daca, Bangladés, estudia Bioquímica en la Universidad Norte Sur al mismo tiempo que asiste a una escuela de fotografía. Aunque se describe a sí misma como una musulmana practicante que usa un hiyab, fotografió a Shama Ghosha, una joven hindú que vive con su marido en Chandpur y espera terminar el bachillerato y convertirse en maestra.

“Fui ahí con los ojos cerrados y regresé con los ojos bien abiertos a la vida totalmente distinta de una chica que vivía en condiciones diferentes”, manifestó. “Debemos ser empáticos con el mundo que nos rodea y no dar nada por hecho”.

Anndrine Lund y amigos empacan durante una tormenta en Noruega. CreditCelina Christoffersen para The New York Times
 
Shenzhi Xu en su bachillerato en Chengdu, China CreditLuxi Yang para The New York Times
 

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