Génesis de la economía de Barahona

Génesis de la economía de Barahona
Escrito por Julio Gómez Feliz / Barrigaverde.net
 -Apuntes históricos-

Entre los años de 1881 y 1900, a la población de Barahona arribaron procedentes de Santo Domingo los hermanos Mota, más precisamente Jaime y Antonio Mota. Como capitalistas que eran, llegaron con la determinación de hacer inversiones en la zona, fomentando negocios rentables; atraídos sin duda por las albricias de condiciones favorables de los territorios del sur, y además frente a las perspectivas que se vislumbran ante la proximidad de un siglo XX promisorio y esperanzador para la virgen e inexplorada zona.

En Barahona, en poco tiempo los hermanos Mota se entregaron al comercio, haciéndolo al principio con la exportación de madera, especialmente de caoba y guayacán. Jaime Mota –tal como lo precisa el Dr. Doro Vásquez, quien no obstante su avanzada edad, hoy aún conserva frescos importantes recuerdos de aquellos lejanos años–, como infraestructura empresarial fomentó un aserradero y una factoría de procesamiento de café; a cuyas actividades también se dedicó al principio en tierra barahonera. En su lugar de inicio pervive hoy la reminiscencia de dicha factoría como testimonio histórico. Ambos establecimientos comerciales se hallaban localizados en la calle María Trinidad Sánchez, próximos a la playa, no lejos de la vieja iglesia católica, bautizada al principio como calle “Consistorial”.

Hubo también en Barahona en esos años, un puertorriqueño de nombre Luís Castellón, que tuvo otro aserradero, el cual laboraba madera preciosa, justo donde comenzaba el callejón que tiempo después (en la década del 20) fue bautizado como la “calle Colón”. Toda esa madera procedía especialmente del poblado de Enriquillo –en la zona costera–, de donde eran abastecidos de maderas preciosas los tres aserraderos que operaban ya en el Barahona que en esa etapa comenzaba a expandirse y desarrollarse.

Más posteriormente, entrado ya el siglo XX, al pueblo de Barahona arribaron otros inmigrantes llegados del exterior, deseosos también de hacer inversiones y negocios rentables. Entre éstos se hallaban los señores José Julio Schiffino –italiano–, quien levantó un segundo un segundo aserradero de madera. En él se fabricó un tipo de caja de madera de almácigo, en considerable cantidad y de aceptable calidad comercial, tanto en la ciudad como en Santo Domingo, hacia donde era embarcada y comercializada. Se trataba de una madera sumamente liviana y de ahí las ventajas de su demanda y uso en esos años.

Esos utensilios de madera eran pues usados para embasar en Santo Domingo una cantidad considerable de artículos de consumo, como los espaguetis italianos y los arenques, alimentos que eran luego retornados a Barahona, donde eran vendidos y consumidos por sus pobladores; pero que sus moradores por ello quizás no exhibían ningún orgullo, puesto que no se percataban del hecho de ver un producto industrializado embasado en una caja con factura de fabricación barahonera.

En esos primeros aserraderos a que hemos hecho referencia, como pequeñas unidades económicas que eran, el número de obreros que en sus inicios en ellos laboraban, obviamente que era reducido, dada su condición de fábricas en ciernes y de empresarios incipientes.

En los años subsiguientes, hizo igualmente presencia en Barahona, procedente de Santo Domingo, el conocido comerciante Luís E. Del Monte. Este, además de dedicarse desde sus inicios a la producción de café, para lo cual personalmente hizo presencia en los lugares de La Elba y Santa Elena, donde se entregó a laborar la tierra y fomentar con excelentes resultados varias fincas del mencionado y aromático rubro agrícola, lo hizo también en la criaza de ganado vacuno; en cuya actividad le cabe el mérito de ser el mejor ganadero y el pionero en haber importado desde Suiza (Europa) las primeras reces y sementales de excelente calidad, con fines de purificar la ganadería existente en la provincia en esos años.

En los años subsiguientes, se fueron estableciendo en Barahona otros reconocidos capitalistas, entre quienes se hallaban, por ejemplo, José Cavallo, Roque y Marcos Dominici, Ventura Saberi, Francisco y Sebastián Guilliani –el último padre del ejemplar ciudadano barahonero, fenecido ya, don Nene Guilliani–; procedentes de la isla de Córcega (Francia); por lo que en Barahona se les conocía como los inmigrantes “corsos”.

La llegada al pueblo de Barahona en las tres primeras décadas comprendidas entre 1880 y 1910, no fue sólo de italianos y franceses; sino que además lo hizo un importante número de comerciantes de procedencia árabe, turca y libanesa, entre otros extranjeros. Y es así como contamos años

después, con la presencia de capitalistas importantes como los hermanos Nicolás y Elías Fiat (el primero de ellos construyó su local comercial en la principal calle comercial de la época), Jorge Yapur y su hijo Abraham Yapur. Por los años 20 del mismo siglo 20, continuó el flujo de árabes al pueblo de Barahona, llegando en ese período los conocidos comerciantes Fued Tono, Salomón, Jacobo Lama y Manuel Lama. En su interés de hacer comercio estable, Jacobo Lama, quien fomentó importantes negocios y una reconocida y admirada familia, levantó su primer edificio comercial, haciéndolo frente al viejo parque; y no lejos de allí, construyó también la suya su tío Manuel Lama. Y procedente de la Común de Cabral arribó el no menos conocido y adinerado español don Manuel González Sánchez, de quien se sabe que realizó importantes inversiones de dinero en una amplia variedad de rentables negocios en la ciudad de Barahona.

La construcción del Ingenio Barahona, justo al término de la segunda década del siglo XX–, marcó el génesis del dinamismo comercial, urbanístico, social y cultural que vivió Barahona en esa época. Fue, pues, en ese ciclo cuando en que, en esta marítima población fue iniciada la construcción de una considerable cantidad de importantes edificios resistentes y locales comerciales, por parte del grueso de comerciantes ya establecidos. Muchas de esas infraestructuras físicas aún permanecen en pie, desafiando el tiempo y como fiel testimonio histórico de una etapa importante vivida por esta joven ciudad del sur de la República.