Historia

Haití : Un contexto opuesto al ideal del fundador de la nación

 

 

Por Wooldy Edson Louidor

Puerto Principe — El 17 de octubre del 2006 marcó el bicentenario del asesinato de Jean-Jacques Dessalines, el padre de la patria haitiana. Por más que la historia y la situación actual de Haití hayan dado razón a Dessalines y a su ideal (comúnmente llamado ideal “dessaliniano”) de construir un país libre, fraterno, con equidad, soberano y sobre todo unido, la sociedad haitiana se sigue oponiendo en la práctica a tal proyecto de país.

Por tener y defender intereses y proyectos egoístas y clasicistas contrarios al ideal digno del fundador de la primera nación negra del mundo y de la segunda República independiente en el continente americano, los ricos y poderosos de su tiempo tramaron y cometieron el gran parricidio en Pont-Rouge (ubicado en el norte de Puerto Príncipe) el 17 de octubre del 1806.

Hoy día no son sólo las clases y grupos dominantes, sino también los “dominados” que parecen actuar en contra del ideal “dessaliniano” y así han creado un contexto diametralmente opuesto al ideal “dessaliniano” y contradictorio con la conmemoración del bicentenario del asesinato del primer jefe del Estado haitiano. ¿Es posible aún recuperar el sentido actual de tal conmemoración a pesar de sus contradicciones ?

Las contradicciones de esta conmemoración

La primera contradicción de esta conmemoración es la presencia de fuerzas armadas extranjeras (de la Organización de las Naciones Unidas) en el territorio haitiano. Recordamos que Dessalines fue uno de los creadores del Ejército indígena ; después de la muerte de Toussaint Louverture, primer jefe de este Ejército, en 1803, Dessalines lo dirigió y lo llevó a la victoria luego de haber vencido a las fuerzas armadas expedicionarias francesas enviadas por Napoleón. Por eso, algunos se preguntan : ¿Cómo celebrar el bicentenario del asesinato de uno de los fundadores del Ejército haitiano cuando este último fue destruido y ahora es sustituido por fuerzas armadas extranjeras ?

Al igual que la primera contradicción, la segunda tiene que ver con la intervención de la ONU en Haití a causa de la incapacidad de los Haitianos y Haitianas para dirigirse y entenderse. El ideal más alto y fuerte de Dessalines fue la libertad para los esclavos y la independencia para Saint-Domingue (antiguo nombre de Haití). Dessalines y todos los héroes de la independencia prefirieron la muerte a la dependencia ; sin embargo, dicen otros, nosotros hemos llamado a otras naciones para que nos liberen de nuestros propios hermanos y nos ayuden a dirigirnos y a gobernar nuestro país. ¿Cómo nombrar a Dessalines cuando no somos ni siquiera dignos de cuidar la tierra, la libertad y la nación que él nos legó ?

La tercera contradicción es la desunión nacional : Haití no está dividido, sino desmigajado ; hay muchos países dentro del país y cada vez más esos pequeños países se convierten en ghettos. Ya no son clases (sociales o económicas) o grupos étnicos (blancos versus mestizos/negros, o mestizos versus negros) que se oponen, sino bandos, clanes, barrios. La Capital haitiana Puerto Príncipe está segmentada en Bel Air, Cité Soleil, Gran Ravin, Fort Saint Clair, Solino… que son zonas de no-derecho y en otros lugares donde se puede más o menos circular aunque siempre con miedo de ser secuestrado o víctima de otros actos violentos. Grupos armados de estos barrios de no-derecho se pelean entre sí o en contra de otras zonas “tranquilas” cobrando víctimas dentro de la población civil. ¿Cómo conmemorar a Dessalines que insistió tanto en la unidad nacional (entre mestizos y negros, ricos y pobres, antiguos libres y nuevos libres) en el contexto actual de guerras fratricidas ?

La cuarta contradicción tiene que ver con el objeto mismo de la conmemoración, a saber el asesinato de nuestro padre. Más que festejar, muchos piensan que habría que llorar este evento histórico y hacer un duelo nacional : matamos vilmente a nuestro padre, luego nos dedicamos a matarnos entre nosotros y ahora nos estamos matando a nosotros mismos. Un parricidio seguido de un fratricidio y consumido en un suicidio “colectivo”. Matamos al padre de nuestra patria y dejamos su cadáver tirado como si fuera el de un perro ; si no hubiese sido por una mujer “loca” llamada Défilée que recuperó el cadáver acribillado y lo enterró, los perros lo hubieron comido.

Después de este crimen odioso, los generales del nuevo Ejército haitiano se pelearon por el poder, lo que les llevó a dividir el país en dos partes : el Norte y el bloque Oeste- Sur. Así siguió el país, dividido por las luchas interminables por el poder que han reflejado una sociedad sin espíritu, unas élites (intelectuales, políticas, militares, sociales, económicas) sin ideales ni visión. División que ha perdurado y nos ha valido tres fechas tristes : 1915, la ocupación americana, 1994 y 2004, las intervenciones de la ONU. ¿Cómo festejar la violencia desencadenadora de las violencias que han destruido la sociedad, la cultura, la política, la economía, la dignidad, la verdadera historia haitianas ?

En busca del sentido actual de esta conmemoración

Se puede descubrir en el contexto actual de Haití más contradicciones de la conmemoración del bicentenario del asesinato de Jean-Jacques Dessalines, pero todas apuntan a una pregunta, a saber si hoy tiene sentido esta conmemoración. Durante una semana (del 10 al 17 de octubre), medios de comunicación (televisión, radio, periódicos), intelectuales, profesores, universitarios, hombres políticos… han articulado reflexiones sobre el sentido actual de esta conmemoración. Todos coinciden en que tenemos que recuperar, re-visitar, revalorizar, re-actualizar la imagen del padre de la patria que ha sido olvidada por el poder y por la sociedad cuando no recuperada demagógicamente, porque el país está perdido y necesita de estas figuras y símbolos (del pasado) para encontrarse consigo mismo y reencontrar (haciéndolo) el camino de la libertad, la unidad, la fraternidad y todos los ideales primeros. En pocas palabras, la figura de Dessalines debe convertirse hoy en un faro para orientarnos hacia el futuro.

Si el sentido de un hecho histórico sirve para orientar, el sentido de la conmemoración de tal hecho debe ayudar a recordar esta orientación, en la acepción profunda del verbo “recordar”, es decir volver al corazón (en latín, re= volver y cor= corazón). La conmemoración del asesinato del padre de la patria haitiana debe llevar a cada Haitiano y Haitiana a su corazón para preguntarse a sí mismo(a) : “¿Qué he hecho por Haití ?, ¿y qué voy a hacer por mi país hundido en la miseria, el hambre, el analfabetismo, el subdesarrollo, la división, la muerte y la guerra civil ?” Decimos “volver al corazón” porque ¡ya basta de racionalizaciones, justificaciones, ideologizaciones, victimizaciones, culpabilizaciones, mentiras, hipocresías, celebraciones sin sentido, reflexiones sin vida, que son tantas contradicciones que no hacen sino perpetuar el contexto actual diametralmente opuesto al ideal “dessaliniano” !

Después de 202 años de independencia de Haití (en 1804) y del bicentenario del asesinato de su fundador, el país espera respuestas concretas de sus Hijos e Hijas y de la Comunidad internacional que se proclama amiga de Haití. Respuestas que, si salen del corazón, conferirán sentido no sólo a las conmemoraciones sino también a la gran nación que Haití fue y que quiere seguir siendo. Por haber dado el “mal” ejemplo de libertad y ayudado solidariamente a muchos países (sobre todo, los de América Latina) a ser libres, la joven nación haitiana fue duramente castigada y sofocada por las potencias colonizadoras y pro-esclavistas de entonces tales como los Estados Unidos, Francia, Inglaterra, países que siglos después se presentarán al mundo como los campeones y los grandes defensores de los derechos humanos, de la libertad y la democracia. ¡Paradoja de la historia ! [wel gp apr 20/10/2006 00:05]

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