Opinión

Impacto de la Ayuda Externa en el Desarrollo de un País

Dante Diloné

Por Ing. Carlos Manuel Diloné

 

 

Durante los últimos 25 años, los conocedores del tema han reconocido que el proceso de desarrollo de un país es complejo y que depende de una amplia gama de factores. Diversos organismos han estudiado de una manera minuciosa este proceso, en un esfuerzo por responder a varias interrogantes, entre ellas: ¿Cuál es la función de la ayuda  externa en el desarrollo? Aunque existe un consenso considerable sobre las condiciones que fomentan el desarrollo, hay menos convenio sobre la función que desempeña la ayuda externa en ese proceso de crecimiento.

 

¿Qué se quiere decir con la palabra desarrollo? Para nosotros, el desarrollo contempla una tendencia de crecimiento de largo plazo en el producto interno bruto per cápita, niveles educativos más altos, mejoras en las condiciones de salud, crecimiento demográfico lento o moderado, ordenación sostenible de los recursos naturales y del medio ambiente, y, sobre todo,  seguridad alimenticia.

 

Los especialistas señalan, por lo general, que las políticas económicas de un país desempeñan una función sumamente importante en su proceso de desarrollo. El crecimiento de una economía depende, a la larga, del desarrollo de su capital humano y físico, y del incremento de la productividad de su capital social.

 

 

La evolución de la población de una determinada región y de sus destrezas, determina grandemente el crecimiento del capital humano de la misma; mientras que la tasa de ahorros netos de un territorio determina su capital físico. Las políticas monetarias no inflacionarias y los déficits presupuestarios bajos, proporcionan un ambiente favorable para el ahorro y la acumulación de capital, en tanto que los grandes déficits, la alta inflación y la resultante inestabilidad financiera operan en su contra.

 

No existe un juicio claro de los factores que determinan la productividad, pero otros aspectos de la política económica pueden afectar la capacidad de una economía de desenrollar sus recursos de manera productiva. Por ejemplo, la regulación suele interferir con los precios del mercado, los que son una señal para los incentivos de consumo, inversión y producción. Dicha interferencia a menudo reduce la eficiencia económica y la capacidad de una economía de reasignar recursos en el momento de responder a trastornos. Las políticas que crean incertidumbre o que de otra manera perjudican los incentivos para el ahorro y la inversión, y la acumulación de capital físico y humano, inhiben el desarrollo y el crecimiento económico.

 

Según lo indican los economistas del desarrollo, las políticas fiscales sin control han sido la mayor causa de los problemas económicos de muchos países en desarrollo. En la mayoría de los casos, un sector público poco disciplinado ha sido el responsable de desviar los recursos de la economía del sector privado.

 

Los grandes déficits gubernamentales en muchas naciones en desarrollo se deben a los cuantiosos desembolsos del gobierno para nóminas, industrias ineficazmente administradas por el Estado y varios programas de subsidios a la población en general, a sectores económicos específicos o a las industrias en particular. Una mayor oferta monetaria con más frecuencia ha financiado los resultantes déficits gubernamentales, pero al hacerlo, ha conducido a la inflación, lo que en el caso de un país con un tipo de cambio fijo, resulta en la depreciación de la competitividad de sus productos en el mercado internacional.

Aparte de las políticas fiscales y monetarias poco acertadas, hay otras maneras en las que el gobierno puede inhibir el funcionamiento de los mercados privados. El control de precios, el otorgamiento de monopolios exclusivos y el subsidio del Estado a ciertos productores, son maneras en las que los gobiernos han desperdiciado sus recursos al hacer caso omiso de la manera en que funciona el mercado. La imposición de controles a las tasas de interés y las corrientes de capital, y el racionamiento de las divisas, se hacen necesarios cuando un gobierno trata de aislar su economía nacional de las poderosas fuerzas de mercado de la economía mundial.

 

De particular trascendencia para el desarrollo lo son la apertura de la economía del país y su integración a la economía y el sistema comercial mundial. La disciplina de los precios del mercado mundial hace más difícil mantener políticas nacionales que produzcan desajustes y que puedan causar la desviación de los recursos de la economía del país hacia usos ineficientes y excesivos.

 

Hay bastantes pruebas que indican que mientras más reduce un país las barreras arancelarias y no arancelarias, y adopta de manera general una política económica orientada hacia el exterior, mayores son las probabilidades de que experimente un crecimiento económico sostenido y mejoras en el bienestar social. Por otra parte, y como se mencionó anteriormente, los déficits fiscales no controlados pueden intensificar los desajustes en el comercio exterior cuando éstos contribuyen a la sobre valoración de los tipos de cambio.

 

Una política económica ponderada puede reducir la susceptibilidad de un país en desarrollo a los trastornos externos y a aumentar su flexibilidad cuando éstos se producen. Los productos básicos han dominado la economía de algunas economías en desarrollo, y su crecimiento ha sido histórica y particularmente vulnerable a los cambios en la economía mundial. Los expertos en cuestiones de desarrollo convienen, por lo general, en que las regiones en desarrollo con una firme disciplina fiscal están mejor preparados para tolerar las oscilaciones de los precios de los recursos energéticos y los productos básicos, y una recesión internacional.

Una manera en la que los países pueden evitar estos riesgos es mediante la inversión en capital humano y físico que se sume a los recursos de la economía. Además, las políticas orientadas al mercado contribuyen a una economía flexible capaz de adaptarse mejor a los trastornos externos, que una economía de planificación centralizada o un sistema de precios tan distorsionado que no pueda proporcionar los precios apropiados.

Es poco probable que los países que no pueden alimentar a su población puedan ahorrar lo suficiente para comenzar el proceso de crecimiento económico. La ayuda exterior puede hacer posible que la economía de una región llegue al punto en que no tenga que comerse su trigo de siembra. En general, la literatura sobre el desarrollo y sobre la experiencia de muchos países en desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial, indica que las fuentes de crecimiento económico, y de mejoras en el bienestar social, radican mayormente dentro del mismo país. La ayuda externa puede ayudar o perjudicar el proceso de desarrollo si se proporciona a países que adoptan políticas que no son conducentes al crecimiento o si se proporciona por motivos no relacionados al desarrollo.

 

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