Historia

INICIOS DE LA DICTADURA

Los años que precedieron a la Era de Trujillo (1925-1930)

Rafael Leonidas Trujillo logró ascender en un tiempo récord hasta general de brigada y era el hombre de confianza del presidente Horacio Vásquez, hasta un desaire que éste cometió con su esposa

  • Rafael Leonidas Trujillo, en 1917, fue jefe de guarda-campestres en el ingenio de Boca Chica.
Carlos A. Peguero de la Cruz

SANTO DOMINGO.- Esta colaboración es un aporte a la Historia contemporánea de la República Dominicana, y no deseo tener ni sostener divergencias con persona alguna sobre su contenido.

Rafael Leonidas Trujillo Molina, nació en al villa de San Cristóbal, el día 24 de octubre de 1891. Recibió las aguas del bautismo el 11 de diciembre de 1893. Sus padres fueron José Trujillo Valdez y Altagracia Julia Molina Chevalier, quienes contrajeron matrimonio el 29 de octubre de 1887.

Los abuelos paternos de Trujillo fueron José Trujillo Monagas y Silveria Valdez, y los maternos Pedro Molina y Luisa Ercina Chevalier. Sus hermanos: Virgilio, Marina, Aníbal Julio, José Arismendi, Romeo, Julieta, Nieves Luisa, Japonesa, Pedro y Héctor Bienvenido.

Trujillo hizo sus primeras letras en la Escuela de su abuela materna Luisa Ercina Chevalier, luego en la escuela de don Juan Hilario de Mariño y finalmente con el profesor Pablo Barinas.

Se conoce que su primer trabajo lo realizó como obrero del agro, después como telefonista en Baní, San Cristóbal y Santo Domingo. Comenzó a trabajar en los ingenios azucareros como pesador de caña en San Isidro, y en Boca Chica, en este último como guarda-campestre y jefe de guarda-campestre, donde ganaba treinta pesos al mes.

Siendo muy jovencito se le descubrió una falsificación en San Pedro de Macorís, y también fue sospechoso de complicidad en un robo efectuado en la oficina de Correos en Santo Domingo.

El primer matrimonio
A los 22 años se casó con la joven Aminta Ledesma. En 1914, nació su primera hija de nombre Julia Génova, la cual murió un año después. En 1915 nació su segunda hija Flor de Oro. Contando con 27 años y siendo jefe guarda-campestre del ingenio de Bocha Chica, en fecha 9 de diciembre de 1918, le envía la siguiente carta al Coronel C. F. Williams, comandante de la Guardia Nacional Dominicana.

“El que suscribe por su digno órgano solicita un puesto de Oficial en la honrosa institución de la Guardia Nacional Dominicana. Con perdón de la modestia, debo significarle que no poseo vicios de tomar bebidas alcohólicas, ni de fumar y que no he sido sometido a los Tribunales ni siquiera por asuntos de simple policía.

En San Cristóbal pueden dar testimonio de mis costumbres y maneras de conducirme personas honorables,  y en esta Capital los Señores Rafael A. Perdomo, Juez de Instrucción de la 1ra. Circunscripción, Eugenio Alvarez, Secretario de Juzgado de 1ra. Instancia y Lic. Armando Rodríguez, Consultor Jurídico de la Secretaria de Estado de Justicia e Instrucción Pública.

Le anexa una carta de recomendación firmada por el Administrador del Ingenio Bocha Chica, Señor Antonio Trigo, la cual dice así.

A todos los que la presente vieren, certificamos:

Que durante el tiempo que el señor Rafael Leonidas Trujillo desempeñó el cargo de Jefe de Guarda-Campestre de este Ingenio cumplió estrictamente sus deberes prestando atención y vigilancia al mejor ciudadano de los intereses que le fueron encomendados, con discreción y hombría de bien. Esta administración se complace así mismo en memorar la felicitación que recibiera del Departamento de la Guardia por tener un empleo de las condiciones del Señor Trujillo”.

El 18 de diciembre de 1918 es juramentado como segundo teniente y el 14 de julio de 1919 se publica el primer escalafón militar donde el segundo teniente Rafael L. Trujillo, figura en el No. 15 de los Segundos Tenientes, que eran 16.

El 15 de agosto de 1921 se creó la Escuela Militar de Haina. Todos los Oficiales que ingresaron a esta Escuela fueron reducidos temporalmente a cadetes hasta el término del curso, cuando serían reincorporados nuevamente como segundos tenientes.

El 22 de diciembre de 1921 es asignado a prestar servicios en la 1ra. Compañía en San Pedro de Macorís. En Enero de 1922 es traslado al Departamento Norte, para servicio, registro, pago y organización, y sin pasar por el rango de primer teniente, el 21 de octubre de ese mismo año es ascendido a capitán, y figura en el escalafón con el No. 11.

El 19 de enero de 1923 es designado capitán inspector de la 6ta. Compañía en San Francisco de Macorís, y el 22 de agosto de ese mismo año se desempeña como inspector del Primer Distrito Militar, comprendiendo las provincias de Azua y Barahona.

En febrero de 1924, el mayor Julio César  Lora, comandante del Departamento Norte, falleció trágicamente en la ciudad de Santiago. El día 6 de marzo de 1924, el capitán Rafael Leónidas Trujillo fue trasladado a Santiago para asumir el mando interino del Departamento Norte.

El día 11 de septiembre de 1924 fue promovido a mayor y designado comandante del Departamento Norte. El prestigioso matutino LISTÍN DIARIO, le dedica los primeros ditirambos.

Nuevo comandante del Departamento Norte, el correcto y pundonoroso capitán Trujillo fue designado para ocupar el cargo de comandante del Departamento Norte de la Policía Nacional Dominicana con residencia en la ciudad de Santiago. El 6 de diciembre de 1924, apenas transcurridos sólo tres meses de su ascenso a mayor, es ascendido a teniente coronel y designado jefe de Estado Mayor, comandante auxiliar de la Policía Nacional Dominicana.

Apenas habían transcurrido 11 días después de haber sido designado Jefe de Estado Mayor, propone al Secretario de Estado de Interior y Policía, Guerra y Marina, el nombramiento de una Comisión Técnica para Estudiar y recomendar un plan de reorganización de la Policía Nacional Dominicana.

El 22 de julio de 1925 es ascendido a coronel comandante de la Policía Nacional, en sustitución del coronel Buenaventura Cabral, teniendo solamente 34 años. El 28 de febrero de 1926 recibe su primera condecoración de Italia (una Cruz de Plata), en forma de Cruz de Malta, la cual llevaba esta inscripción: Honor, Eficiencia, Lealtad.

El 13 de agosto de 1927 es ascendido al Grado de general de brigada.

El vicepresidente de la República Dr. José Dolores Alfonseca, quien fue elegido en el año 1920, aunque era el Jefe de una poderosa camarilla personal dentro del Partido Nacional, no gozaba de mucha popularidad entre el pueblo, ya que tenía una pugna sin cuartel con Martín de Moya, secretario de Estado de Hacienda, quien también esperaba ser el sustituto del presidente Horacio Vásquez Lajara.

Allí comenzaron a crearse los problemas políticos que servirían de puente para la toma del poder por el general de brigada Rafael L. Trujillo.

En 1927, tras artimañas en la norma constitucional, se prolongó el mandato del presidente Horacio Vásquez, hasta 1930. La división entre José Dolores Alfonseca  y Martín de Moya propiciaban un fracaso político, que aconsejó la permanencia de Vásquez en el poder. Pero su salud empeoró teniendo que trasladarse a la ciudad de Baltimore, en Estados Unidos.

Al ahondarse la rivalidad entre Alfonseca y De Moya, el general Rafael L. Trujillo, era la figura clave en la vida política dominicana. El  23 de julio de 1925, cuando el periodista Rafael Vidal Torres, al visitar un sitio de diversión nocturna en el barrio de San Carlos de Tenerife (fundado en 1685), fue agredido físicamente por el nombrado Juan Milcíades Abre (Chicha), este le causo la muerte de un disparo de revólver, por lo cual fue condenado a un año de prisión.

Encontrándose recluido en una celda de la Fortaleza Ozama, el vicepresidente de la República, José Dolores Alfonseca, le pidió a Trujillo que le guardara ciertas consideraciones ya que eran amigos. La noche en que el general Trujillo fue a visitarlo, al acercarse a su celda y notar la parcialidad de sus pasos, lo impecable de su uniforme y el aire de respeto que le rodeaba, exclamó: “Pero este es un jefe, un verdadero jefe”. Ahí mismo nació esta palabra que aún hoy muchos dominicanos la usan para referirse al generalísimo Trujillo.

El trampolín
Cosas del destino, a partir de esa noche comenzó a solidificarse una unión que le serviría de trampolín político para llegar a la Presidencia de la República al general de brigada Policía Nacional Rafael L. Trujillo. Al ser puesto en libertad, y al irse a despedir del general Trujillo para agradecerle los favores recibidos, éste le pregunta:

-”¿Qué va a hacer ahora?”.

-“Me voy a para mi pueblo Santiago donde mis familiares y luego trataré de retomar mi trabajo en el periodismo”.

-“Quédese aquí que lo voy a necesitar”, le respondió Trujillo, y al día siguiente le preparó una pequeña oficina contigua a la suya, donde le encargó la administración de una venta de leche de su propiedad.

Esta era la fachada más adecuada que este hombre taimado y sumamente cauto había pensado para cada noche, en el silencio de su oficina militar, tener largas conversaciones con el periodista Rafael Vidal Torres. Solamente los muros centenarios de esta fortaleza guardan estas confidencias en el más intimo secreto.

El comandante en Jefe del Ejército dominicano, responsable del orden público y la seguridad del Estado, escucha con paciencia de orfebre el pro y el contra de la problemática política que envuelve al pueblo dominicano. Cada noche regresa a su hogar solo, caminando con lentitud y cabizbajo y con la cabeza abrumada ya que hasta ese instante su vida se había circunscrito a sus deberes militares. Ahora lo estaban empujando a una definición histórica con la cual nunca había pensado encontrarse.

AMBICIONES
Ni corto ni perezoso había creado a todo lo largo y ancho del país un eficiente servicio de inteligencia para mantenerse enterado de la más insignificante novedad que pudiera afectar sus intereses.

Este importante servicio de información comenzaba en el mismo despacho del Vicepresidente de la República, quien desconocía que su ordenanza era un agente al servicio del general Trujillo.

Tal es el caso que cuando las altas instancias del poder político concibieron el plan de su detención para obligarlo a renunciar y expatriarlo o en caso contrario darle muerte, esto no pudo materializarse por las confidencias oportunas de este delator: llamó a la Presidencia de la República y se presentó en estado de máxima alerta, acompañado por 14 oficiales portando ametralladoras Thompson.

Un amplio abanico de ambiciones políticas se extendía por toda la República. Por un lado los que entendían que eran los legisladores herederos del poder por permanecer en la más alta jerarquía del Partido Nacional, pero envueltos en una miopía política increíble, se pavoneaban con alardes demagógicos: “Nosotros no necesitamos del Ejército; nos bastan nuestros civiles bien armados y leales para defendernos”.

Por el otro lado un hombre, al parecer solo, al frente de una organización militar organizada con misticismo, para que cada hombre respondiera sin titubeos ni vacilaciones a sus órdenes y muy consciente del poder que dan el fusil y las botas.

Sus adversarios, embriagados de ilusiones se van durmiendo en sus laureles, y en vez de ganárselo para los fines de permanecer en el poder más allá del presidente Horacio Vásquez Lajara, cometen el error grave de querer aplastarlo y eliminarlo definitivamente.

Sigiloso hasta más no poder, no se descuida ni un sólo instante; reconoce que tiene grandes adversarios dentro del seno mismo del gobierno, y no le presenta el pecho para que le hagan diana y lo pulvericen, no desperdicia su tiempo para demostrarle al Presidente de la República su lealtad incondicional, y mientras que los que lo rivalizan se muestran confiados, él no se duerme y en todo momento se mantiene en alerta máxima.

Cuando José Dolores Alfonseca se retira al mediodía a dormir la siesta donde su amada, el general Trujillo permanece en el dormitorio del Primer Mandatario.

Se desvela en servirle con sumisión y complacencia hasta buscarle la bacinilla para aliviar su vejiga, y luego se acuesta en la misma cama y entonces el Presidente, creyéndose estar protegido por este cortesano, le va diciendo quién o quiénes son las personas que van a indisponerlo con él. Así el general Trujillo sabe con certeza por donde enfilar sus cañones.

Un hecho negativo ahondó más esta lucha sorda por el poder político, cosas que en política nunca deben suceder.

El presidente Horacio Vásquez zahirió con un desplante innecesario a doña Bienvenida Ricardo, esposa del general Trujillo.

Era costumbre y norma de todas las esposas de los altos funcionarios del Gobierno reunirse a las 4:00 de la tarde para entretenerse jugando canasta; el Presidente había terminado de dormir su siesta habitual, bajó a saludar a todas las demás allí presentes y desconoció la presencia de la esposa del Jefe del Ejército.

El autor es general de Brigada (r) PN

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