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La educación en 1916

La educación en 1916 (con la ocupación de USA)

Wilfredo Alemany

Aunque en esta oportunidad, justo es decirlo, se están haciendo grandes esfuerzos para que la situación de la educación dominicana cambie radicalmente, debemos estar en guardia sabiendo que el tema es bien complejo.

Al momento de producirse la intervención norteamericana en 1916 más del 90% de la población dominicana, que alcanzaba la cifra de 750 mil personas, no sabían leer ni escribir. Se estima que para la fecha unos 200 mil habitantes estaban en edad escolar, pero apenas entre 14 y 18 mil de estos estaban inscritos en alguna escuela y apenas el 40% por ciento asistía de manera regular. Esta asistencia se producía en  Santo Domingo y Santiago, que eran las únicas ciudades que contaban con un sistema escolar como tal.

Durante los primeros años de la intervención norteamericana a nuestro país en 1916, se produjo el inicio de una “Revolución Educativa”. Las autoridades norteamericanas nombraron a Julio Ortega Frier,  como Superintendente de Educación. Este se empeñó, junto a otros dominicanos -que al igual que él habían estudiado en los Estados Unidos- en  mejorar las pésimas condiciones en que se encontraba la educación. En los primeros cuatro años ya se daban cifras alentadoras sobre los progresos alcanzados. Cerca de la mitad de los que estaban en edad escolar se había matriculado y alcanzaban el 85% de asistencia.

En las áreas rurales se pasó de 30 escuelas existente en 1916, a 647  en 1920 con unos 50 mil estudiantes. El vertiginoso crecimiento hizo notar la escasez de maestros, entre otras causas  por los bajos salarios que se ofrecían, lo que motivó que se duplicaran los sueldos para maestros, atrayendo así un personal de mejor calidad que a su vez entrenaba a los demás profesores. En cuanto a la educación superior universitaria el gobernador militar Knapp, un egresado de la universidad de Yale, en principio dispuso pocos recursos para la Universidad de Santo Domingo que apenas contaba con 169 estudiantes. Las autoridades decidieron usar los escasos recursos en las escuelas básicas y apostaron a la masificación con mejor calidad.

No obstantes los avances ya enunciados, la falta de recursos frenó el desarrollo del sistema educativo. En 1920 el gobierno militar creó un impuesto a la propiedad para financiar la educación. Este en principio fue boicoteado por sectores nacionalistas y las autoridades militares norteamericanas dijeron queÖ los dominicanos más ricos tenían sus hijos en escuelas privadas y no les interesaba la educación públicaÖ”. El resultado fue el inicio del deterioro de lo alcanzado en materia educativa en los primeros cuatro años de ocupación.

Cuando las tropas de Estados Unidos fijaron fecha para su retiro de nuestro territorio en 1924, el Gobierno integrado ya por dominicanos, estableció de nuevo el impuesto a las patentes para financiar la educación. Sin embargo el daño estaba hecho y la matriculación cayó a menos de la mitad de la existente en 1920.

En un informe realizado en 1929 se señalaba que no obstante la construcción de algunos edificios escolares los sueldos de los maestros eran muy bajos, nuevamente y el personal no era suficiente para atender los requerimientos de las mayoría pobre de campos y ciudades.

Para ese año  había la misma matrícula que en 1918.

Aprendamos la lección sobre la complejidad del tema para que no volvamos atrás.

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