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La solidaridad de los mexicanos persevera frente a la fatiga

 

 

CIUDAD DE MÉXICO – Los mexicanos dejaron de lado su fatiga y las pocas probabilidades de que los afectados siguieran vivos para abocarse a las operaciones de búsqueda y rescate en decenas de edificios colapsados después de que un fuerte sismo sacudiera la parte central del país y dejara 230 muertos hasta el momento, entre ellos, 25 personas en una escuela.

Miles de rescatistas y funcionarios se movilizaron hacia las fachadas dañadas y oficinas derrumbadas en toda la ciudad mientras legiones de voluntarios y habitantes ayudaban a despejar los escombros.

El bullicio y la actividad en las zonas de desastre eran un contraste con otras parte de la ciudad, donde se impuso un silencio algo inquietante por el cierre de negocios y escuelas, así como por las calles vacías en horas que usualmente son pico.

La urgencia era palpable afuera de los edificios derruidos conforme los rescatistas metían las manos entre los escombros y los voluntarios pasaban cada bloque de cemento, y otros restos, en cubetas por largas líneas que desembocaban en camiones de retiro de cascajo.

Los rescates se volvieron cada vez menos frecuentes a lo largo del día. Aunque el miércoles por la mañana hubo celebraciones después de que Sergio Iván Ruiz fue sacado de las ruinas de un edificio habitacional en la colonia Condesa donde había estado enterrado por 22 horas. Los espectadores y voluntarios aplaudieron y vitorearon el paso de Ruiz en una camilla.

“Estamos sacando escombros, trayendo comida al centro de acopio y ayudando en todo lo que podemos porque esta es nuestra ciudad y nada nos la va a quitar”, dijo Israel Rodríguez, un rescatista de 32 años.

 
La noche después del sismo voluntarios y rescatistas trabajaron durante horas en busca de sobrevivientes.CreditRebecca Blackwell/Associated Press

En ese edificio de la Condesa, como en otros, había cierto sentido de impotencia al lado de la angustia de familiares en espera de saber algo sobre sus seres queridos atrapados en las ruinas.

“Mi hermano sigue adentro, no sabemos nada de él”, dijo Cinthia Escamilla, de 34 años, en espera de información sobre su hermano Jonathan Noé Escamilla, de 38 años.

En total, el gobierno de Ciudad de México indicó que había 39 estructuras completamente destruidas y todo el personal de emergencia –unas 50.000 personas– estaba activo junto con otros funcionarios, de acuerdo con el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera.

“En todos los demás, absolutamente todos, estamos con un protocolo de búsqueda de personas”, dijo Mancera. “Estamos partiendo de la base de que podemos encontrar todavía a personas allí con vida. El rescate va a seguir así de manera prácticamente manual para no meter maquinaria pesada hasta que no tengamos 100 por ciento de seguridad”.

El gobierno capitalino indicó que más de 50 personas habían sido rescatadas hasta el miércoles de edificios en toda la ciudad.

Sin embargo, el saldo total del sismo aumentó a 230, dijo Luis Felipe Puente, director de Protección Civil federal. Cien de los fallecidos eran en Ciudad de México, 71 más del estado de Morelos, 43 de Puebla, 12 de Estado de México, 4 de Guerrero y 1 de Oaxaca.

 
Autoridades cargan en una camilla a una persona herida que fue rescatada de un edificio en la colonia Obrera de Ciudad de México. CreditMiguel Tovar/Associated Press

El sismo de magnitud 7,1 golpeó a México la tarde del martes exactamente 32 años después del último gran terremoto que afectó a la ciudad, en 1985 y en el que murieron más de 10.000 personas. También fue un parteaguas para el país pues los ciudadanos asumieron muchas de las labores de rescate y el gobierno quedó superado.

El evento comprobó el poder de la sociedad civil ante un gobierno de tintes autoritarios y llevó a cambios en las leyes para construcciones que se cree que esta vez previnieron que se cayeran aún más estructuras.

La memoria del 85 ha quedado impresa en la sociedad mexicana e incluso entre quienes ni siquiera vivieron ese terremoto.

En un sitio, el niño Santiago Borden, de 10 años, se apuraba a ayudar e intentaba cargar un paquete de agua embotellada sobre su hombro. Al final, el peso fue demasiado y se la pasó a su padre.

“Como todavía eres niño, no puedes hacer todo”, le dijo su papá, Abraham Borden, un abogado y político local, para reconfortarlo.

“Pero quiero ser solidario”, respondió Santiago.

“Claro que lo vas a ser, porque eres mexicano”, dijo Abraham.

 
Muchas familias en la colonia Roma durmieron en las calles por miedo a las réplicas. CreditRebecca Blackwell/Associated Press

Las labores han seguido casi sin descanso alguno. Durante la noche los generadores y plantas fueron usados para prender las luces que pudieran iluminar las zonas de desastre. Y casi siempre al lado de los rescatistas había voluntarios despejando escombro y distribuyendo agua, máscaras quirúrgicas para no inhalar el polvo del cascajo y guantes de uso rudo.

En una calle en la colonia Condesa hubo momentos de desesperanza con el hallazgo de dos personas sin vida, pero las labores continuaron.

“Seguimos trabajando para intentar rescatar a todos los que vivían en ese edificio”, dijo Karen Piña, médica encargada de la logística de medicamentos en la zona.

Cinco personas habían sido rescatadas hasta el miércoles por la tarde de ese edificio.

Pero el trabajo también había cobrado factura. Por la madrugada, cuando empezó a salir el sol sobre una zona con dos edificios habitacionales colapsados en la colonia Del Valle, los rescatistas tomaron un descanso en espera de ser relevados después de trabajar toda la noche.

“Sí hay un punto de quiebre y así no podemos ayudar”, dijo un rescatista, con lágrimas en los ojos. Pidió que no se usara su nombre pues no estaba autorizado para discutir las operaciones.

“Llevo en esto veinte años, pero es difícil. Acá encontramos a gente que casi sale pero no lo logró”, añadió. “La escena de una madre abrazando a su hija en el marco de una puerta… estaban tan cerca”.

Pese a todo, algunos buscaban retomar su rutina diaria, sacando a pasear a sus perros o yendo a cafeterías reabiertas en las que quedaban absortos en sus celulares en espera de noticias sobre la tragedia que, a pocas cuadras, era evidente.

Las sirenas de las ambulancias resonaban y las camionetas policiales iban de lado a lado. Los voluntarios con palas y picas corrían por varias zonas para ir a relevar a quienes llevaban muchas horas seguidas en labores.

Las redes sociales se llenaron de mensajes pidiendo información sobre personas desaparecidas o intentando dirigir la ayuda, con diferentes variaciones de misivas que pedían taladros, guantes, cascos, electrolitos, intravenosos, adrenalina, insulina.

Pero también había noticias de esperanza. “ENCONTRADO”, decía uno, “Leonardo Farías de la escuela Enrique Rebsámen“, el colegio donde habían fallecido 21 menores y 4 adultos hasta el miércoles por la noche.

La angustia seguía presente. La foto de Leonardo, sonriente con su mochila, también decía: “Se encuentra delicado”.

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