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Lo que no se contó del final del juicio al Chapo

Por ALAN FEUER EMILY PALMER 

Joaquín “el Chapo” Guzmán fue condenado el martes en Brooklyn. Después del veredicto, los reporteros se apresuraron a salir para asistir a las conferencias de prensa de la defensa y la fiscalía.CreditStephen Speranza para The New York Times

Desde el inicio había pocas dudas de que el capo mexicano Joaquín “el Chapo” Guzmán Loera sería declarado culpable en su juicio por tráfico de drogas en Nueva York. Sin embargo, cuando se anunció el veredicto a las 12:31 p. m. del martes, muchos sintieron tristeza, orgullo y alivio por el final de las maratónicas sesiones en la Corte Federal en Brooklyn. No solo era la conclusión de un juicio que duró tres meses extenuantes, también fue el final de una intensa semana de deliberaciones por parte del jurado.

La primera señal de que se había logrado un veredicto llegó justó después del mediodía cuando Melonie Clarke, adjunta del juez Brian M. Cogan, entró a la sala del tribunal en el octavo piso y le comunicó a la defensa y a la fiscalía que los miembros del jurado acababan de emitir una nota en la que señalaban haber tomado una decisión.

Durante los siguientes 25 minutos, una multitud de abogados, reporteros y funcionarios gubernamentales esperó con impaciencia la respuesta a la pregunta que todos se hacían desde hace semanas: ¿acaso el célebre narcotraficante sería declarado culpable?

Richard P. Donoghue, el fiscal estadounidense del Distrito Este de Nueva York, se presentó en la corte para desearle buena suerte a su equipo de la fiscalía, y estrechó la mano de cada uno. Jeffrey Lichtman, uno de los abogados de Guzmán, hizo lo mismo en señal de camaradería.

A las 12:25 p. m. Guzmán fue trasladado al tribunal acompañado de varios agentes federales y, como lo hizo durante todo el juicio, de inmediato volteó a ver a Emma Coronel Aispuro, su esposa, que estaba sentada en una banca en la segunda fila. Mientras más agentes llegaban al tribunal —los llamaron para garantizar la seguridad de las instalaciones— el juez Cogan anunció: “Hemos llegado a un veredicto”.

Un minuto después, las dieciocho personas que integraban el jurado tomaron sus lugares y ninguna miró a Guzmán. El miembro número once le entregó la hoja con el veredicto a Clarke, quien se la pasó al juez. Mientras leía el veredicto en voz alta, culpable de los diez cargos del juicio, Guzmán lo escuchó a través de un intérprete con la boca ligeramente abierta y una expresión de sorpresa.

Después de la lectura, Guzmán volteó a ver a Coronel Aispuro, quien le hizo una señal con el pulgar levantado y lágrimas en los ojos.

En un momento emotivo, Cogan les dijo a los miembros del jurado que en sus trece años de oficiar juicios jamás había visto a un panel que hubiera puesto más atención a un caso o analizado las pruebas tan de cerca como ellos lo habían hecho.

“Francamente, me sentí orgulloso de ser estadounidense”, agregó.

El jurado generó grandes expectativas pues deliberaron durante más de 35 horas a lo largo de seis días. Durante sus sesiones, los miembros del jurado no solo hicieron las habituales preguntas judiciales, sino también tomaron la medida inusual de solicitar todos los testimonios —con una extensión de miles de páginas— de cinco de los catorce testigos del gobierno.

Durante el sexto día de deliberaciones, René Javier Rivera Martínez, un hombre que afirmó ser amigo de la familia de Guzmán visitó el juzgado el jueves y fue arrestado de inmediato porque tenía ordenes judiciales pendientes por acusaciones de acoso. Al final del día, Rivera estaba bajo custodia de la Oficina de Inmigración y Aduanas con una orden de retención migratoria.

Un día antes del arresto de Rivera Martínez, dos hombres más fueron expulsados del juzgado principal después de que se descubrió que durante varios días fingieron ser asistentes judiciales de la defensa.

Todo parecía ajustarse a la atmósfera circense del proceso judicial.

Después de que los miembros del jurado salieron del tribunal y Guzmán fue trasladado a su celda de detención, se vivió un momento caótico en el tribunal porque los reporteros corrieron al exterior, donde nevaba, para asistir a las conferencias de prensa de la defensa y la fiscalía. Aunque la seguridad fue estricta durante todo el juicio, se intensificó el día del veredicto: agentes armados con rifles de asalto y uniformados de combate vigilaban el vestíbulo, y un perro detector de bombas estaba cerca de la puerta.

La mañana en que se leyó el veredicto fue tranquila. Menos de una hora antes de que el jurado le informara al juez sobre su decisión, A. Eduardo Balarezo, uno de los abogados de Guzmán, se dirigió a la sala de medios para hablar con los reporteros. Dijo que no esperaba un veredicto, a diferencia de otros abogados de la defensa (William Purpura, por ejemplo, lucía un traje  como para salir en televisión).

Balarezo dijo que Guzmán estaba listo para escuchar la decisión y afrontar cualquier resultado.

“Mi cliente tiene los pies bien plantados sobre la tierra”, comentó.

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