Opinión

Los Clientes: la Cenicienta de la Cadena Eléctrica.

Rescatando artículos, previamente publicados en la prensa nacional.

 

Dante DilonéPor: Ing.  Carlos Diloné

Son muchos los sectores que día a día se levantan denunciando el aumento excesivo de las tarifas de energía eléctrica. Esos mismos sectores claman por que exista un verdadero control por parte del gobierno, capaz de proteger los intereses de los usuarios.

La energía eléctrica llega a los usuarios luego de pasar por varios procesos: generación, transmisión y distribución. En esta cadena se configura la estructura tarifaria, de la cual se desprende el costo final para el usuario en función del peso de cada uno de los procesos ya mencionados.

De acuerdo con la estructura de costos del sistema eléctrico de la república dominicana, el precio de la energía eléctrica se compone de la siguiente manera: 1) cerca del 54% corresponde a la generación; 2) un 4%, a la transmisión y 3) un 42%, a la distribución, tomando como referencia la resolución SIE 31-2002 divulgada por la superintendencia de electricidad, en fecha 20 de septiembre del 2002. Esto nos dice que cualquier cambio en la estructura de costos que se encuentre asociado con la generación o la distribución tiene un fuerte efecto sobre la tarifa del consumidor final.

Dentro de los elementos que pueden afectar los costos de la generación se encuentra, por ejemplo, el precio de los combustibles, específicamente el fuel oil No.6, que es el utilizado por la mayoría de plantas que trabajan como base del sistema. Lamentablemente, cerca del 90% de la producción de energía eléctrica es realizada mediante plantas que consumen combustible, representando la producción hidráulica apenas cerca de un 10% del total producido en la republica dominicana.

Otro factor está asociado a la forma como se adquiere esa energía generada; bien sea mediante contratos de largo plazo o directamente en la bolsa de energía o mercado spot. Quienes tienen derecho a comprar energía por la vía de contratos son los llamados usuarios no regulados o grandes usuarios, que en nuestro país permanecen atados a las empresas distribuidoras, mediante unos mecanismos aprobados por la superintendencia de electricidad que en nada favorecen a la población, ya que si una industria que fabrica calzados, por ejemplo, adquiere la energía mas barata este precio se refleja en un producto mas económico para la población.

Entre tanto, el resto de usuarios —que consume cerca de 600 Gwh/mes— paga su consumo según el precio que se define en la bolsa de energía. Ahora bien, según la nueva fórmula donde se establece el mecanismo con el que deben facturar las distribuidoras, el precio de la bolsa no se refleja en la factura del usuario, ya que si las distribuidoras no cobran la energía, entonces la facturan más cara porque el índice de cobros baja.

Todo esto es una incongruencia monstruosa, porque se supone que el Valor Agregado de Distribución Base (VAD), (que según las declaraciones del secretario de finanzas, en fecha 20 de septiembre del 2002, “el VAD duplica el costo de la producción energética”), recoge tanto las pérdidas técnicas como las ineficiencias administrativas y de cobros de las Empresas Distribuidoras, recibiendo estas empresas unos RD$714,000,000.00 mensuales de sobre compensación por este concepto. Ya que el valor del VAD, que en otros países es cerca de un 20% a un 30% del valor de la energía, en el nuestro representa un 80% de dicho valor.

Del análisis se desprende que la finalidad principal de incluir el índice de cobros (ICt) en la nueva fórmula tarifaria, es aumentar el efecto del cambio de precios del combustible Fuel Oil No.6; ya que, en la medida que se produzca una disminución de la demanda por parte del consumidor este mecanismo garantiza los ingresos de las empresas Distribuidoras.

En suma, los problemas que se presentan dentro del sistema se trasladan en su totalidad a los usuarios finales, los únicos que no tienen voz ni voto en la toma de decisiones tarifarias. Ojalá, el estado dominicano se haga representar por técnicos, capaces de no aceptar todo lo que ordenan las distribuidoras y que apliquen medidas que vayan en beneficio de los clientes del servicio, para que entonces los dominicanos respiremos un poco más tranquilos.

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