Historia

Los nombres dados a nuestras calles, avenidas, parques, estatuas y monumentos

Ahora que en mi pueblo natal se ha desatado una controversia, para designar con el nombre de un munícipe el antiguo Play de Sóftbol, conviene que tomemos este artículo en consideración, para que hagamos las cosas bien.

 

Queremos hacerle las siguientes observaciones a nuestros ayuntamientos y a quienes proponen nombres para las calles, avenidas, etc. de nuestras ciudades, advirtiéndoles que, sin proponerlo y a lo mejor de buena fe, llenamos nuestras ciudades con nombres de personas que no lo merecen o aún viven. Hay muchos ejemplos, pero no queremos ofender con mencionarlos. Esto es oportuno, pues tras las elecciones habrá nuevas caras en muchos ayuntamientos.

Esto de designaciones no se puede hacer en forma indiscriminada y mucho menos poniendo nombres de personas aún vivas, como aparece en una lista recién propuesta por un antiguo ministro.

El asunto es que ponerle nombres de personas vivas o recién muertas está prohibido por la legislación dominicana vigente. Hay disposiciones muy claras. Esa legislación comprende dos leyes: La Ley de Organización Municipal No.3544 del año 1952, que es la que autoriza la designación de nombres a calles, avenidas, etc. en las ciudades y pueblos del país. Así vemos que entre las atribuciones de los Ayuntamientos, el párrafo 5 del art. 31 de esa ley dispone que le corresponda al mismo: “La denominación de calles, avenidas, paseos, parques, plazas, jardines, edificios, monumento y otras vías, lugares y edificaciones municipales con arreglo a la ley.”

Ahora bien, la “Ley” vigente a que se refiere ese texto es la No. 49, promulgada por el presidente Balaguer en el año 1966, la cual dice: “Cuando se vaya a asignar el nombre de una persona viva o que tenga menos de 10 años de fallecida, a edificios, obras, vías, calles, carreteras, cosas o servicios públicos dependientes del Estado, de los Municipios u otros órganos autónomos del Estado, se requerirá una ley para la asignación del nombre. Del mismo modo se hará por ley la designación de los parajes de los Municipios. Los Ayuntamientos quedan con la facultad de hacer las mismas designaciones mediante Resoluciones que deberán ser remitidas al Congreso Nacional para su aprobación o rechazo.”

También hay una ley sobre la erección de estatuas, placas y bustos. Es la No. 638 del año 1944 (modificada en 1956) que establece los mismos requisitos de la aprobación legislativa.

Una persona viva puede merecer el homenaje que le quiera hacer un ayuntamiento y es frecuente que se les otorgue un diploma o se le de una placa o se les entreguen “las llaves de la ciudad”, pero no es correcto que a personas vivas se le ponga su nombre a calles, etc. y se le erijan monumentos y estatuas. La razón es muy sencilla y así lo reconoce el legislador. Una persona, puede haber ganado méritos suficientes para ser honrada por sus ciudadanos, pero hasta que no haya fallecido, no conocemos toda su trayectoria. Puede ocurrir que a una persona viva se le honre con una calle, pero que antes de morir cometa actos que desluzcan su “hoja de vida”. Hasta que una persona muera, no podemos juzgarla en su totalidad. Por eso el legislador sabiamente, tomó la decisión de la citada Ley No.49. Y ha ido más allá, ha decidido esperar diez años a partir del fallecimiento, para dar ese permiso. Con eso se logra que la “hoja de vida” de una persona pueda ser analizada fríamente y encontrar en ella virtudes que aconsejen el homenaje, pero también defectos que hagan inconveniente honrar con su nombre un lugar público.

Llevar al Congreso la decisión final sobre dar nombres de personas vivas o recién fallecidas, fue una sabia medida, pues el legislador tiene más conocimiento y puede analizar con mayor detenimiento la Resolución dada por un ayuntamiento en ese sentido. El Congreso puede además asesorarse de instituciones nacionales que den su parecer.

Estas son pues unas observaciones y consejos, que, de buena fe, hacemos a los actuales y nuevos munícipes dominicanos, de que se ajusten a la ley en esta materia.

Por otro lado, nuestra capital está llena de nombres de extranjeros que no merecen ese honor, no por una hoja de vida negativa, sino porque no hicieron nada o muy poco por nuestro país y la humanidad., aunque en sus países se les honre. Son, por ejemplo, los casos de George Washington, J. F. Kennedy, Tiradentes, San Martín y Winston Churchill. Pero sería poco delicado ahora quitarles sus nombres, pues ofendería a sus pueblos.

Pero para el futuro hay muchos extranjeros que han ayudado al país de una u otra forma o a la humanidad y que pudieran ser honrados poniendo sus nombres a nuevas calles, avenidas, urbanizaciones, etc., usando la fórmula que el legislador ha dispuesto como señalamos más arriba. Pongo por ejemplo a Nelson Mandela, Martin Luther King, Luis Muñoz Marín, y la Madre Teresa de Calcuta.

Lo mismo ocurre con nombres de dominicanos, aún vivos y muy coleando, que han sido honrados con ver sus nombres en calles de nuestras ciudades, estadios deportivos, etc., o se les erigen estatuas. Son deportistas, políticos, empresarios, religiosos, filántropos y otros que se pueden dar el placer y la vanidad de ver la placa con su nombre en alguna vía de una ciudad dominicana, pero con poco o ningún merecimiento. Generalmente esos nombres se otorgan por amiguismo o para complacer intereses políticos del momento.

Hay una buena lista de dominicanos con más de 10 años de fallecidos, cuyos nombres se pueden poner a calles de nuestras ciudades. Podrían barajarse varias docenas de merecedores de la distinción de verse honrados. Seamos más patriotas y honremos más a los dominicanos que a los extranjeros.

Para darles esos nombres, es bueno que nuestros ayuntamientos esperen con paciencia que se nos mueran, que pasen algunos años a ver si su fama se consolida y, entonces, honrémoslos. Para los recién fallecidos, pues que la resolución municipal vaya al Congreso para su ratificación:

Finalmente, el Ayuntamiento de nuestra capital debe tener el cuidado de deletrear correctamente los nombres de las calles, pues hay errores. Por ejemplo, el nombre correcto de una calle es Charles Sumner, no “summer” o “sumer”. Olaf Palme, le han puesto “Olaf Palmer”. Y así varios más que hemos observado.

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