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Los países ricos le dan la espalda a los pobres

Por EL COMITÉ EDITORIAL

Credit Arianna Vairo

Como resultado de los conflictos armados en Medio Oriente, el norte de África y el sur de Asia, el mundo presencia el mayor éxodo de refugiados de las últimas generaciones. Pero quizá sea incorrecto utilizar el verbo “presenciar”.

Muchos líderes del mundo, incluidos quienes gobiernan la mayoría de los países más ricos, han decidido mirar hacia otro lado. Están más interesados en construir muros para proteger a sus países de los efectos del conflicto que en invertir para mantener la estabilidad y la paz.

Esta decisión de ignorar la situación se hizo evidente durante la inauguración de la Cumbre Humanitaria Mundial (el pasado 23 de mayo), convocada para decidir cómo resolver las necesidades de las personas más vulnerables del mundo.

La mayoría de los jefes de Estado de los países más ricos, incluido Estados Unidos, no se tomaron la molestia de asistir. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, subrayó que su ausencia era una decepción.

“Es lamentable que algunos líderes del mundo no hayan podido estar aquí, en especial los de los países del G7”, declaró en una conferencia de prensa. “Hemos alcanzado un nivel de sufrimiento humano que no se veía desde la fundación de Naciones Unidas”, agregó.

Incluso si fuera posible terminar algunas de las guerras, tan solo resolver sus ramificaciones requeriría miles de millones de dólares y tomaría varias décadas. Este reto se complica todavía más porque las personas que se han visto obligadas a desplazarse debido al cambio climático y los desastres naturales tienen otras necesidades.

“En la actualidad, todavía no contamos con un sistema funcional de ayuda humanitaria”, señaló la titular de la Cancillería alemana Angela Merkel, la única jefa de Estado de los países miembros del G7 que asistió a la conferencia celebrada en Estambul. “Muchas veces se ofrece ayuda, pero el dinero no llega a los lugares donde más se necesita”.

La comunidad internacional gasta unos 25.000 millones de dólares al año en ayuda humanitaria. Parece mucho dinero pero en realidad son 15.000 millones menos de lo que necesitan las agencias de ayuda para realizar su trabajo.

Entre los organismos que más ajustes y modernización necesitan se encuentra el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que administra el proceso para reubicar a los refugiados y desde hace años recibe fondos insuficientes.

Esta situación ha obligado a millones de personas a poner su suerte en manos de traficantes sin escrúpulos y embarcarse en peligrosos viajes con la esperanza de empezar una nueva vida. Según ACNUR, más de 59,5 millones de personas se han visto obligadas a abandonar su lugar de origen, de las cuales unos 19,5 millones son refugiados.

Los médicos siguen realizando un trabajo heroico en las zonas de guerra aunque sufren ataques frecuentes, que en algunas ocasiones son deliberados. Médicos Sin Fronteras, organización que opera hospitales en campos de batalla, boicoteó la reunión pues considera que solo proponía un puñado de buenas intenciones para intentar ocultar una situación vergonzosa.

La ayuda humanitaria, incluidos los alimentos y medicamentos básicos, muchas veces llega demasiado tarde a las comunidades necesitadas, si es que llega. En consecuencia, muchas personas mueren a diario de desnutrición y por falta de asistencia médica básica.

Incluso en partes del mundo que, en comparación, gozan de cierta estabilidad es común que se vea con desdén a las instituciones que investigan abusos de los derechos humanos.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que investiga abusos en América Latina, anunció recientemente que pronto tendrá que despedir a su personal debido a que sufre una escasez crónica de presupuesto.

Los organizadores de la cumbre convocaron a los líderes a aplicar más acciones para evitar la guerra, hacer valer las normas en materia de derechos humanos y distribuir de manera más equitativa la carga que implica reubicar a los refugiados.

Todos estos objetivos tienen aspiraciones nobles, pero si los líderes mundiales no se comprometen a actuar, es poco probable que se hagan realidad.

Fortificar las barreras y hacer más estrictos los controles migratorios pueden ser propuestas políticas oportunas para mantener al margen la oleada de sufrimiento y desesperación. Pero solo aumentarán el costo a largo plazo del tratamiento de las distintas crisis que cada año entran en metástasis.

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