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Mark Weisbrot y Ricardo Hausmann debaten sobre el futuro de Venezuela

 

Cientos de estudiantes universitarios se manifestaron el 9 de junio de 2016 en Caracas para protestar contra el gobierno y sus políticas, que han causado la mayor escasez en la historia contemporánea de Venezuela. Credit Meridith Kohut para The New York Times

Estados Unidos no debe intervenir en Venezuela
por Mark Weisbrot

Lo mejor que podría hacer el gobierno de Estados Unidos con respecto a Venezuela, independientemente de los resultados políticos, sería dejar de intervenir.

Durante los últimos 15 años, Washington le ha causado un gran daño a Venezuela con su implacable búsqueda de un “cambio de régimen”. En marzo el presidente Obama declaró una vez más, de forma irracional, que Venezuela era una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, así que las sanciones económicas en contra del país se extendieron.

Aunque esas sanciones tienen un alcance limitado, acarrean consecuencias importantes en las decisiones de inversión pues los inversionistas saben lo que suele ocurrir con los países que Washington tiene en la mira como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos. Las sanciones, así como la presión por parte del gobierno estadounidense, provocaron que importantes instituciones financieras no le otorgaran préstamos al gobierno venezolano que en otro momento serían de bajo riesgo al estar garantizados con oro.

Washington estuvo involucrado en el golpe militar de 2002 en contra del gobierno electo de Venezuela. El gobierno de Estados Unidos reconoció haber proporcionado “entrenamiento, instalaciones institucionales y otro tipo de ayuda a personas y organizaciones” que participaron en el golpe. Después de eso le ofreció financiamiento a grupos de oposición y les sigue otorgando millones de dólares.

En 2013, Washington volvió a encontrarse en una posición solitaria en la región y el mundo, al rehusarse a reconocer los resultados de la elección presidencial (incluso cuando no hubo dudas acerca del proceso electoral); Estados Unidos le prestó ayuda a manifestantes violentos que buscaban derrocar al gobierno. Asimismo, le dio apoyo político a intentos similares en 2014.

Todo está bien documentado y se le ha dado a conocer a los periodistas que cubren Venezuela, pero habrá que intentar encontrarse a alguno en los medios importantes que tenga el valor de escribir al respecto. Es un poco como informar sobre Ucrania y nunca mencionar a Rusia.

La intervención de Estados Unidos en Venezuela, como en otros países, ha contribuido a la polarización política y al conflicto que ha durado años, ya que alentó a los elementos de oposición en numerosas coyunturas para que buscaran una estrategia de cambio de régimen, más que un cambio político pacífico.

Implementar una política de no intervención en Venezuela sería un cambio enorme para Washington y sentaría un sano precedente. Después de todo, el mundo está inundado de sangre derramada y refugiados por la búsqueda estadounidense de “cambios de régimen” en Afganistán, Irak, Libia, Siria y otros países. ¿Por qué no intentar algo distinto en Occidente?

Mark Weisbrot es codirector del Centro de Investigación en Economía y Política en Washington. Además, es autor de “Failed: What the ‘Experts’ Got Wrong About the Global Economy”.

Venezuela necesita ayuda internacional para recuperarse

por Ricardo Hausmann

Los problemas de Venezuela son autoinfligidos y el país solo se recuperará si enmienda su camino. Sin embargo, hay mucho que el resto del mundo podría hacer para ayudarla a salir de su crisis actual.

¿Cómo llegamos a este punto? Desafortunadamente, el expresidente Hugo Chávez no aprovechó el repunte masivo del precio del petróleo entre 2004 y 2013 para ahorrar dinero que podría utilizarse en los tiempos de las vacas flacas, sino que gastó más de la cuenta y multiplicó cinco veces la deuda pública externa. Esto dejó al país en una posición vulnerable, ya que cuando el precio del petróleo cayó en 2014, la nación se quedó sin ahorros y sin acceso a los mercados financieros, debido al sobreendeudamiento.

Chávez usó el repunte para expropiar grandes franjas de la economía, imponer controles draconianos en los precios y las divisas extranjeras, así como para subsidiar importaciones. Todo eso debilitó la economía e hizo que el país fuera más dependiente de las importaciones, que ahora no pueden pagar los venezolanos. Para volver a la prosperidad, el pueblo de Venezuela necesita la libertad de vender los productos a un precio que el mercado pueda resistir y comprar donde sea que se requiera, mediante tratados comerciales, un intercambio que ha estado básicamente prohibido por el gobierno.

Sin embargo, la recuperación será mucho más rápida y menos dolorosa con tres formas de ayuda internacional.

Antes que nada, está el asunto del suministro de alimento y medicinas de emergencia. La reducción de más del 80 por ciento de las importaciones controladas por el gobierno ha causado un colapso mortal en la producción y los inventarios, especialmente de comida y medicinas, así como una crisis en las cadenas de producción.

Aunque estas cadenas se restablezcan, Venezuela debería aceptar la ayuda humanitaria que ya han ofrecido países como Estados Unidos y Brasil, además de organismos no gubernamentales, como Caritas. No obstante, el gobierno ha rechazado estas ofertas en un intento fallido de negar la crisis humanitaria que está costando muchas vidas en el país.

Después, con el objetivo de financiar una ruta de recuperación y sostenibilidad, Venezuela deberá reestructurar su deuda pública externa para reducir su costo y extender su vencimiento; además, necesitará montos importantes de ayuda financiera internacional para hacerlo.

Un “programa de acceso excepcional” como el de Grecia o Ucrania, dirigido por el Fondo Monetario Internacional, con el apoyo de organizaciones multilaterales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, proporcionaría los recursos que le permitirían a la economía recuperarse con mayor rapidez, al mismo tiempo que se financiarían programas de transferencia monetaria para proteger a los miembros más vulnerables de la sociedad.

Finalmente, el país deberá restablecer su cooperación de inteligencia con Estados Unidos y otras agencias de seguridad para combatir a los grupos traficantes de drogas y de lavado de dinero que han tomado el control de zonas importantes del Estado venezolano, entre las que se incluyen sus fuerzas armadas y el sistema de justicia penal.

Aunque la creación de un Estado sano, imparcial y transparente sería el objetivo principal, ubicar y devolver los miles de millones de dólares que han sido saqueados por los funcionarios corruptos y sus cómplices sería una contribución bien recibida para lograr la recuperación.

Ricardo Haussmann es profesor de desarrollo económico y director del Centro para el Desarrollo Internacional en la Facultad Kennedy de Harvard.

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