CUMPLEAÑOS DE ALSY PIMENTEL

Por: Manuel González (Pío)

El dilecto Carlos Diloné, con esa elegancia y calidez que lo distinguen, se dirigió a Alsy Pimentel en un día muy especial: el cumpleaños de este último. Con palabras llenas de cariño y buenos deseos, Carlos expresó: “En este día en que celebramos la llegada de un nuevo año a tu vida, deseo que Dios te conceda vivir cientos de años en la tierra, con mucha salud, infinitas dichas, un torrente de amor, y, por sobretodo, que sigas siendo el amigo y hombre que se preocupa por Barahona.” Sus palabras, cargadas de sinceridad y admiración, resonaron como un brindis no solo por la vida de Alsy, sino también por su compromiso inquebrantable con su comunidad.

Alsy, siempre ingenioso y de respuestas rápidas, no tardó en responder con una propuesta llena de humor y ambición: “Dilecto, vamos a cazar doncellas en el colegio de las monjas, y de ahí nos vamos al barrio de mejoramiento social para que yo pueda escuchar en el tribunal a los abogados litigantes. Así me voy sensibilizando con la carrera que me gusta y que, lo más probable, cursaré en el futuro.” Su entusiasmo por el derecho y su deseo de sumergirse en el mundo de las leyes desde ya era evidente, y su plan, aunque lleno de picardía, reflejaba esa curiosidad innata que lo caracteriza. En ese momento, Alsy llevaba un sombrero negro, con un porte tan distinguido que recordaba al inolvidable Milton Peláez (QEPD), un detalle que no pasó desapercibido para quienes lo observaban.

Lo que Alsy y Carlos no sabían era que Excelcido Félix Mustafá, Checho, Franklin Vásquez, Jalisco (QEPD) y Pio los estaban observando desde la distancia. Estos hombres, con sus miradas cómplices y sus sonrisas discretas, hicieron una pausa en su estudio de matemáticas —esa matemática de la buena, la que impartía el recordado Virgilio Peláez (QEPD)— para seguir la conversación entre los dos amigos. Fue en ese instante que Joaquín Peláez, cruzando por el lugar con su habitual energía, soltó una frase que hizo reír a todos: “Deseo que le celebren dos veces en cada año su recordatorio de nacimiento, así gozamos doble.” Su comentario, lleno de humor y cariño, encapsulaba el espíritu de camaradería y alegría que siempre ha caracterizado a este grupo.

La escena, con sus risas, sus sombreros elegantes y sus planes descabellados, es un retrato perfecto de la vida en Barahona: un lugar donde la amistad, el humor y los sueños se entrelazan de manera única. Alsy, con su sombrero negro y su aire de Milton Peláez, representaba esa mezcla de tradición y modernidad que define a la ciudad. Carlos, con sus deseos llenos de bondad, era el amigo fiel que todos quieren tener. Y los demás, observando desde las sombras, eran testigos y partícipes de una historia que, aunque pequeña, reflejaba la esencia de una comunidad unida por la risa, el respeto y el amor por su tierra.

Esta anécdota, como tantas otras que se tejen en las calles de Barahona, es un recordatorio de que la vida está hecha de momentos así: simples, espontáneos, pero llenos de significado. Y mientras Joaquín Peláez proponía celebrar dos veces al año el cumpleaños de Alsy, uno no podía evitar pensar que, en realidad, cada día en Barahona es una celebración, una fiesta de amistad, sueños y recuerdos que en el corazón.

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