Luis Féliz nos dice adiós.


Se fue un amigo, un hermano, un compañero de nuestra infancia en Villa Central. Su partida nos rasga el alma, nos quiebra la tristeza y nos deja un dolor profundo que cuesta nombrar.

Luis Féliz fue un hijo ejemplar, un amigo leal, un compañero noble. En su manera de vivir —sencilla, firme y solidaria— dejó un legado silencioso pero duradero: el de la presencia sincera, la mano extendida, la palabra honesta. Supo ser, y eso permanece.

Hoy elevamos una oración para que Dios le conceda el descanso eterno, lo reciba en su luz infinita y lo abrace con misericordia. Pedimos también que la paz, el consuelo y la fortaleza acompañen a sus familiares y seres queridos en este momento de profundo dolor.

Nos quedamos con su recuerdo limpio, con la gratitud de haber compartido camino con él y con el compromiso de honrar su memoria desde la vida, el respeto y el cariño que supo sembrar.

Descansa en paz, querido hermano.
No te vas del todo: vives en nosotros.

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