América Latina: “Atrapada en las Redes de la Guerra Comercial a Escala Imperial”.

Por: José A. Mateo Gil

A partir de la segunda mitad del siglo pasado, las grandes potencias inauguran un nuevo estilo para dirimir sus conflictos. La segunda guerra mundial que terminó en el año 1945, dio paso a un período de recomposición de las fuerzas enfrentadas. A este periodo se le denominó con el nombre de “GUERRA FRIA”, cuya base de sustentación se caracterizó por el enfrentamiento político, económico, social y militar, entre las grandes potencias. Por un lado los EEUU y las fuerzas aliadas, y por otro, la Alemania de Hitler y Mussolini de Italia.

Ese nuevo estilo de confrontación de las grandes potencias, tuvo como objetivo fundamental proteger, defender y salvaguardar los dominios territoriales imperiales producto de la guerra. Por tanto, para proteger los intereses de sus respectivos imperios, se firmaron unas series de acuerdos en procura de garantizar la paz en la región. Para tales fines, crearon la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), representando a los países del Este. Y como contraparte crearon Organización de Estados Americanos (OEA) para occidente y los países aliados.

El período de guerra fría se extendió desde 1945, terminada la segunda Guerra mundial, hasta la caída del muro de Berlín en el año 1989. Algunos autores sostienen que la guerra fría aún persiste entre las grandes potencias. Sin embargo, somos de opinión que el mundo ha cambiado, y con dicho cambio, la humanidad ha logrado nuevas formas de resolver sus diferencias.

En este contexto, dada la experiencia acumulada por más de medio siglo de post guerra, estamos asistiendo a un reordenamiento de la economía mundial. Donde la confrontación bélica pasa a ser una práctica rudimentaria del pasado. Las armas utilizadas para solucionar las diferencias en la sociedad del siglo XXl, son el uso de la palabra como herramienta fundamental de la diplomacia. Los líderes mundiales aprendieron la lección. El poder de la palabra tiene más fuerza que la más sofisticada y poderosa arma de destrucción masiva. Y para muestra un botón. La diplomacia China está conquistando a la mayoría de los países de américa latina sin tirar un solo tiro, con el único y firme propósito de tener un nuevo mercado para colocar sus productos, y asegurar el control de las materias primas que su industria requiere. Todo parece indicar que esta parte del mundo le garantiza esos recursos naturales y mineros para ellos no detener el proceso productivo de la nación más poblada del planeta.

Los aprestos intervencionistas de la metrópolis en los países del Cono Sur (Chile, Bolivia, Brasil, Ecuador, Venezuela, Argentina y demás países del área del caribe) no son juegos de niños. De lo que se trata es, de una reacción del gobierno norteamericano ante la inminente influencia y control de China Continental sobre América latina. Los recursos naturales, mineros, y la conquista del mercado latinoamericano para colocar los avances de la tecnología en un terreno fértil como éste , son las causas principales de la guerra comercial entre dos grandes potencias económicas, EEUU y China Continental.

El litio, el tema del agua, y el mercado de consumo de productos tecnológicos, son las razones fundamentales por las que se han arreciado las diferencias entre Donald Trump y las autoridades China. El 80% de la reserva de litio del planeta se encuentra en Bolivia, Chile y Argentina. Y sin litio no hay producción en EEUU de los vehículos eléctricos desarrollados por Nicolás Tesla.

Los países que componen el Cono Sur, cuentan también con el 40% de la reserva agua potable del planeta. Y quien tenga el control de éste vital recurso natural para la sobrevivencia humana, se convierte en el dueño del mundo. Esto explica el marcado interés de los líderes de las grandes potencias, para conquistar a Bolivia, Chile, Argentina, Brasil y República Dominicana. Pretendiendo con estas gestiones garantizar su permanencia como potencia económica a escala mundial.

Los avances de la tecnología de la comunicación del presente siglo, han generando un interés muy especial en los inversionistas internacionales, al punto que, están dirigiendo su inversión de capital al mundo tecnológico, por ser éste, más dinámico y rentable que los yacimientos petroleros del planeta. La tecnología se ha convertido en el negocio del momento. Es por esta, entre otras razones, que la tierra de Pedro Mir, colocada en el mismo trayecto del sol, por una estrategia de geopolítica, es de interés particular de las potencias enfrentadas en la guerra comercial entre oriente y occidente.

Nuestra ubicación geográfica, como nación enclavada en el caribe, ruta marítima indispensable para los EEUU, nos convierte en la doncella que todos quieren conquistar. El rompimiento de las relaciones diplomáticas de República Dominicana con Taiwán, para dar paso al establecimiento de las relaciones con China Continental, destapó “la Caja de Pandora”. Tal como habíamos advertido. Esta iniciativa provocó la reacción de los norteamericanos. Es conocido por todos, que la guerra comercial entre las dos potencias económicas se ha recrudecido, hasta el punto, de que en el gobierno pasado, las autoridades dominicanas recibieron las visitas inusuales de varios representantes del gobierno norteamericano. El Secretario de Estado, el Jefe del Comando Sur, la llamada de Pompeo, las intervenciones de Marco Rubio, los comentarios de Bob Menéndez, entre otras intervenciones, son señales que nos indican que estamos en el ojo del huracán del imperio del norte.

A partir de la administración de Bush, los Estados Unidos se olvidaron de América Latina. Y la diplomacia China, ni tonta ni perezosa, se ha impuesto en la región apoderándose del comercio. En consecuencia, a los Estados Unidos se les ha hecho tarde para reconquistar a sus antiguos aliados, excepto nuestro país, que con la llegada al poder de Luis Abinader como presidente de la república, dió un paso al frente para definir su política exterior respecto a sus aliados favoritos.

Las señales que estamos recibiendo es que el poderoso imperio norteamericano está trillando un camino peligroso. Tal como ocurrió con el imperio Romano y otros que por sus ejecutorias sólo son recordados como hechos históricos. Con la agresiva política fiscal implementada por Trump, estableciendo medidas impositivas restrictivas a las importaciones chinas en los últimos años, éste trató de recuperar el sentimiento nacionalista del imperio, asi como, ganar parte del terreno perdido en el electorado para una posible re postulación en las elecciones a celebradas en septiembre del año 2020.

El Presidente Trump centró todos sus esfuerzos en procura de recuperar el terreno perdido en América Latina. Los antiguos gobernantes retiraron su apoyo a la región. Por lo que, la situación actual de los norteamericanos en estos países es delicada, debido al avance de China Continental.

La envidiable posición geopolítica de la República Dominicana, la convierte en un punto estratégico para la inversión de ambas potencias. Tienen pretencio es comunes de controlar el comercio mediante la construcción en nuestro país de un centro de acopio para distribuir los avances de la tecnología, no solo en área del caribe, sino para toda Hispanoamérica.

Por estas y muchas razones más, es que las autoridades dominicanas deben de hilar fino para definir y planificar su futuro. Somos parte del tablero de una partida de ajedrez. Si no movemos las piezas con cautela y ponderación; si damos un paso en falso, bien pudiéramos una vez más, dar un salto vacío.

Se aproximan tiempos difíciles en estos litorales. América Latina ha entrado en un proceso de ebullición política, económica y social sin precedentes en el presente siglo. Con los desmanes y triquiñuelas políticas que los antiguos gobernantes impusieron, han puesto en riesgo la paz y los principios que legitiman la condición de estados soberanos. El imperio no duerme. Se mantiene vigilante para en un momento de confusión, poner en práctica sus acostumbradas y odiosas recetas intervencionistas.

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