El Año Nuevo. Un baúl cargado de esperanzas, tradiciones y supersticiones.

31 de diciembre del 2021

Por Jose A. Mateo Gil.

La llegada de un nuevo año, en cualquier lugar del planeta, viene cargado de expectativas y planes futuros que presagian un cambio significativo en la vida de cada uno de nosotros. Este día, estará sujeto al calendario utilizado de acuerdo a la religión o cultura del pueblo al que pertenezca. En el calendario romano, el año nuevo comienza el 1ro. de marzo. Sin embargo, su origen se remonta a la fecha de cuando los cónsules de la antigua Roma asumían su cargo, que estaba establecido el 1ro. de Enero. Por lo que, Julio Cesar, en el año 47 Antes de Cristo modificó el sistema, creando el calendario juliano. Desde entonces, los romanos dedicaron el 1ero de enero a Jamo Dios de las entradas y los comienzos. En atención a estos hechos históricos, en la mayoría de los países del mundo, se utiliza el calendario gregoriano, que fue instaurado por el Papa Gregorio XIII, en el año 1582.

En la actualidad, el 31 de diciembre, justo a la media noche, los ciudadanos del mundo celebran con alegría la llegada del nuevo año. Esta práctica se repite desde la antigüedad en cada hogar, en cada grupo organizado, en cada conglomerado social. Es costumbre de estos pueblos, que llegada las 12 de la media de noche, la gente deje atrás todo lo ocurrido en un período de doce meses ya vivido, donde se libraron mil batallas para vencer los obstáculos que se presentaron en el camino de la vida cotidiana.

La cuenta regresiva para despedir el año, comienza 10 minutos antes de la media noche del 31 de diciembre. Luego, al sonar las doce campanadas, se abren las puertas a un mundo de esperanzas, para iniciar una carrera interminable en la búsqueda de obtener todo aquello que quedó pendiente del año que se va, y que por más esfuerzos que hicieron no lograron alcanzar. Este punto de inflexión que separa un año que se fue, con otro que apenas inicia, contiene la magia de crear expectativas positivas en la psiquis de cada individuo, sin importar en la cultura que les tocó vivir.

No es producto de la casualidad que la ejecución de nuevos proyectos, las ofertas de empleos, la planificación estratégica de las empresas, el presupuesto de ingresos y gastos de los gobiernos, entre otros, están reservados para el inicio de cada año. Costumbres, tradición, superstición, o como se les quiera llamar, la llegada de un nuevo año constituye una magnífica oportunidad para recomenzar, para levantarnos luego de haber caído, para trazar las pautas en la construcción de nuestro propio destino. El nuevo año, se compara con el nacimiento de un niño. Solo sabemos que llegó a un mundo desconocido para él, lo que sucederá con su vida dependerá en gran medida de las circunstancias que se presenten en el discurrir de su existencia. Cuidar los detalles, en ambos casos, determinará cruzar el umbral de sus éxitos o fracasos.

En todas las latitudes de la tierra, con la llegada de un nuevo año se tejen unas series de supersticiones en torno al momento justo de las 12 de la noche. En la cultura japonesa, por ejemplo, tienen la creencia de que para recibir el nuevo año, hay que realizar algunos eventos que proporcionen una vibra positiva a cada individuo que lo pone en práctica. Al efecto, elaboran un documento denominado “Lista de la suerte japonesa” que va en el orden desde el dia 1 a 366. Toman en cuenta el día, el año y la fecha de nacimiento para pronosticar su suerte en el año nuevo. El más afortunado será el que quede en una posición más cercana del primer lugar.

En Francia, tienen la creencia de que la pareja que se besa bajo un muérgano, justo a las 12 de la media noche, el nuevo año será de dicha y felicidad. En España, la tradición es tomar 12 uvas al compás de las 12 campanadas de la media noche en la Puerta del Sol. En Nueva York, celebran la llegada del nuevo año, en Time Square, donde un bola de cristal desciende sobre una multitud de tres millones de personas. En la cultura hispoamericana, existe también una serie de tradiciones y supersticiones para la fecha. En Chile, por ejemplo, hacen el despliegue de fuegos artificiales más grande del mundo. Más de 2 millones de personas asisten para ver 30 kilómetros de fuegos artificiales.

La República Dominicana, tiene una forma muy particular de esperar el nuevo año. La familia se reúne para compartir con sus invitados una cena con diversos platos de la cocina criolla, donde el cerdo asado es el protagonista de la mesa. Entre tragos, risas, bailes, y relatos de historias del pasado, esperan la llegada de media noche para compartir el emotivo momento de las felicitaciones, donde expresar un deseo es parte de la tradición. Las supersticiones no escapan a ese encuentro familiar. Cuando suena el cañonazo, un miembro de la familia sale y entra a la casa con una maleta, justo cuando cambia el año, para que los viajes formen parte de la prosperidad del hogar. Quemar incienso para alejar las energías negativas, usar ropa interior de color amarillo en procura de buena suerte, entre otros rituales, son hábitos de las festividades para despedir y recibir el nuevo año.

Sin lugar a dudas que, dejar atrás los aciertos y desaciertos ocurridos durante el año que se va, para dar a paso a un nuevo año, no importa dónde nos encontremos, trae consigo aires de esperanzas y fe en el porvenir. Por consiguiente, el 31 de diciembre, al filo de la media noche, es mandatorio sacar un momento para reflexionar, agradecer a Dios por habernos permitido superar los efectos de la pandemia del COVID19, por darnos la oportunidad de sentir la suave brisa de un nuevo amanecer, por respirar el aire fresco de una mañana invernal, por escuchar el canto del ruiseñor señalando un nuevo día. En fin, por despedir un año viejo cargado de dificultades generadas por la crisis sanitaria, y por darle paso a un futuro prometedor, como lo será el nuevo año.

“FELIZ AÑO 2022” para todos.

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