¡Oh, Dios amado!
Pienso en el duro y desgarrador momento que está viviendo mi querido amigo y hermano Juan Luis Noboa, un hombre sensible, de corazón noble, a quien la vida ha colocado frente a pruebas que estremecen el alma: la partida de su hermana Tamara en la distancia y, sin haber terminado de asimilar ese dolor, la de su hermano Yaco en nuestra entrañable Barahona.
No existen palabras suficientes para aliviar una pena tan honda, pero sí existe el afecto sincero, la solidaridad y el abrazo fraterno que, aun en la distancia, se hacen presentes para decirte que no estás solo.
Tengo la certeza de que Dios, en su infinita misericordia, te dará la fortaleza necesaria para atravesar este valle de lágrimas y que la memoria amorosa de tus hermanos será luz permanente en tu vida.
Hermano querido, te acompaño con el corazón, con la oración y con el cariño de siempre. Que el Señor te sostenga y te conceda paz en medio de tanto dolor.
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