Jimaní en el 1943…

Por el Dr. Rafael Leonidas Pérez y Pérez, historiador, investigador, escritor.

Discurría aún la Segunda Guerra Mundial.

Era Jimaní en 1943 considerado como poblado sin importancia.

¿Qué es Jimaní?, se pensaba se preguntarían algunos.

Y se preludiaba que dentro de algunos años la pregunta no sería, ¿qué es?, sino ¿qué era Jimaní?

Por la Ley No. 1497, del 22 de abril de 1938, las Secciones de Jimaní, La Furnia, Arroyo Blanco y Miguelito, de la Común de Duvergé, pasan a formar parte de la Común de la Descubierta.

Por la Ley No. 229, de fecha 18 de marzo de 1943, le fue separada a la Común de Duvergé, la Sección de El Limón para unirla al recién creado Distrito Municipal de Jimaní, de la Común de La Descubierta (G.O. No. 5890 del 20 de marzo de 1943).

En la supraindicada Ley No. 229 (que crea la provincia del Bahoruco), en su artículo 2 leemos: «Las Secciones de Jimaní y Arroyo Blanco, pertenecientes ahora a la Común de La Descubierta, y la Sección de El Limón, perteneciente a la Común de Duvergé, formarán desde la misma fecha indicada en el artículo anterior (desde el 16 de mayo de 1943), el Distrito Municipal de Jimaní, con su asiento en Jimaní y dependiente de la Común de La Descubierta.»

Para el 14 de junio de 1943, el licenciado Rafael Augusto Sánchez, en su ensayo «JIMANI», escrito en Ciudad Trujillo en la precitada fecha y publicado en las páginas 21 y 22 de la Revista Militar, Órgano del Ejército Nacional, Año 8vo., Nos. 88, 89, 90 y 91, Mayo, Junio, Julio y Agosto 1943, Ciudad Trujillo, República Dominicana, señaló, aparte de escribir lo concerniente a las preguntas vinculadas a ese Jimaní -y que más arriba indicamos- que le ocupó a la sazón, a saber:

El Regimiento desfila.

¡Vista derecha!

La espada se alza y desciende cortando el aire.

El Ejército saluda al Prócer.

Los soldados rinden el homenaje de las armas a las cenizas de uno de los nueve hombres modestos, sencillos, más grandes en la intención que en las realizaciones, que constituyeron el grupo patético de los trinitarios.

Bajo las arcadas del Palacio del Senado asisto al espectáculo.

Contemplo aquella reverencia y aquel tributo, signo cierto de una comprensión y de una fuerza actuales, evidencia y testimonio de una seguridad presente y de una certidumbre del futuro, si no admirado sí enternecido.

Lo que es ahora palabra clara y fuerte, incomparable realizaciones, por obra de la acción constructiva y ejemplar, se inclina sobre lo que fué balbuceo impreciso, tímido anhelar, tentativa de acción.

El presente magnífico saluda al pasado que fue angustioso e inquietante.

Y así, meditando en las horas borrosas, confusas e inciertas que vivieron aquellos hombres, penumbras entre penumbras, pienso en Jimaní.

¿Qué es Jimaní? se preguntarán algunos.

¿Por qué extraña asociación de ideas puede surgir en el pensamiento, en la hora de la exaltación de Félix María Ruiz, el recuerdo de un poblado sin importancia?

Dentro de algunos años la pregunta no será: ¿Qué es Jímaní? sino: ¿Qué era Jimaní?

Jimaní es, ahora, una mísera aldea perdida en las últimas estribaciones de las sierras meridionales, dominicana por la geografía y por la política. pero sin vinculación alguna con la Patria en cuanto ésta es raza, historia, tradiciones y espíritu.

Hace unos cuantos días el Congreso Nacional convirtió en Ley un proyecto que le fue sometido por el Presidente Trujillo y por el cual se destina la suma de ciento veinticinco mil pesos a la construcción de escuelas, hospitales, iglesias, casas de viviendas y otras obras públicas en el poblado de Jimaní.

¿Cuál es el fin de esa inversión? se preguntarán algunos.

La respuesta es ésta: para dominicanizar, para nacionalizar, para hacer de aquel pedazo de tierra, dominicana geográficamente, una porción de tierra dominicana, no sólo por la geografía y la historia sino también, y esto es lo más importante, por el espíritu.

Hay por ahí un informe aterrador.

Quienes lo hayan leído habrán debido sentir por un instante el frío de la esperanza.

Por un instante -digo- porque el remedio de aquel mal apareció bien pronto -antes de que pudiera descorazonarnos la contemplación de aquel cuadro lamentable- con la acción constructiva de Trujillo.

Parece que en Jimaní apenas se habla el castellano.

Parece que en Jimaní no existe no ya la comprensión sino la simple referencia de la Patria.

Parece que en Jimaní hasta nuestra religión está sustituida -o por lo menos adulterada- con cultos primitivos y bárbaros que degradan y pervierten.

Parece como si entre la gente de Jimaní y la Patria Dominicana existiera una distancia de siglos.

Parece como si en aquel grupo humano no existieran una conciencia y una comprensión.

Pero, ahora, todo lo que estuvo ausente de Jimaní durante un siglo, va a ser creado allí, como está siendo creado a todo lo largo de la frontera, testimonio irrecusable y doloroso de cien años de incuria, abandono y culpable negligencia.

Ahora, merced a la concepción nacionalista y política de Trujillo y a su resuelta acción, aquella región, como las demás que están en las mismas condiciones, va a ser incorporada espiritualmente

a la Patria Dominicana como complemento necesario y obligado de la unión geográfica y política.

Ahora van a ser levantados, se están levantando ya, con un ponderoso empeño, a normales y justos niveles la moral, la economía y la conciencia de aquellos seres, que verán flotar altiva y radiante, cobijándolos con sus maternos pliegues, una bandera que enantes flotó distante de sus tristezas y de sus angustias y -¡quién sabe!- si también de la llamada de su subconsciente.

¡Ahora tendrán una patria!

No la que se crea en las borrosas lides del ensueño; la que se acaricia inútil y melancólicamente en una aspiración, sino la Patria como una realidad histórica, política, económica y racial.

La patria fortalecida -digamos mejor- creada.

La patria que inspira a sus hijos respeto y orgullo y no ternura y piedad, y que devuelve en esperanzas, en certidumbres y en incalculables beneficios, el deber que para ella se cumpla, el esfuerzo que por ella se haga, el sacrificio que en aras de su grandeza se consuma.

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En hombros de altos oficiales del Ejército las cenizas del Prócer son conducidas a la Catedral Metropolitana donde descansarán para siempre bajo el doble amparo de la Patria y de la Iglesia.

 Pienso en el pasado melancólico, en el esfuerzo incompleto de aquellos hombres y en la vasta y definitiva labor de Trujillo, que está, por lo menos, completando lo que nació incompleto e incompleto quedó durante un siglo, y me afirmo una vez más en la idea de que la simple virtud del ensueño, el inconsistente estímulo del anhelo, son inadecuados medios de creación; y que las patrias no se hacen fuertes, grandes y dignas sino por la obra de la acción.

Como esta del Generalísimo que va creando firmemente sobre la delimitación geográfica y política la indispensable unidad espiritual (fin de la cita del ensayo  titulado Jimaní, por su autor Rafael Augusto Sánchez).

El Distrito Municipal de Jimaní fue erigido en Común (de la provincia del Bahoruco, con su asiento en la villa de Jimaní) donde el 1 de agosto de 1945, por Ley No. 917 del 8 de junio de 1945 (G.O. No. 6270 del 11 de junio de 1945).

En el 1947, se termina de construir la carretera Cabral-Duvergé-Jimaní, de una longitud de 77,000 m. El costo de la obra ascendió a RD$130,626.65.

Mi amigo Segundo Antonio Vásquez en «Hoy Hace 40 Años», periódico Hoy, Sábado 17 de Diciembre de 1988, Pág. 8-A, bajo el título «Senado ve presupuesto y crea dos provincias», dice:

«Dos sesiones celebró ayer el Senado.

En ellas fue aprobado definitivamente el proyecto de Ley de Presupuesto de Ingresos y Ley de Gastos Públicos de la Nación para el año 1949. También fueron discutidos y aprobados en primera y segunda lectura el proyecto de ley por medio del cual se modifica el párrafo del artículo tres de la Ley sobre subsidio del Estado a los Ayuntamientos y el

proyecto ley en virtud del cual se modifica la Ley número 125 del año 1939 sobre división territorial de la República con el fin de crear, a partir del primero de enero de 1950, dos nuevas provincias que se denominarán provincia de Santiago Rodríguez y provincia de Jimaní (De «El Caribe», 23 de diciembre de 1948).»

El Art. 1 de la Ley No. 1892 del 29 de Diciembre de 1948 (G. O. No. 6882 del 12 de Enero de 1949; G. O. No. 6878 del 110. de Enero de 1949), dice: «A los noventa días de la publicación de esta ley, las Secciones de Boca de Cachón y de Tierra Nueva, pertenecientes a la Común de La Descubierta, quedarán segregadas de dicha Común y agregadas a la Común de Jimaní.»

El Párrafo I del Art. 1 de la misma ley, señala: «A partir de la misma fecha los territorios correspondientes a la Villa de Jimaní y a la Sección de Jimaní constituirán la villa de Jimaní y las dos nuevas Secciones de Las Peñas y La Furnia que quedan creadas por esta ley, en los parajes de los mismos nombres.»

El Párrafo II también del Art. 1 de la referida ley, expresa: «En acuerdo con lo expresado en este artículo 1º la Común de Jimaní quedará constituida a los noventa días de la publicación de esta ley, por la villa de Jimaní y por las seis Secciones siguientes: Arroyo Blanco, Boca de Cachón, La Furnia, Las Peñas, El Limón y Tierra Nueva.»

Y el Art. 3 asimismo de la Ley citada, indica: «Desde el 1º de Enero de 1950, los territorios correspondientes a las Comunes de Jimaní y La Descubierta, con las modificaciones ya previstas, quedarán segregadas de la Provincia de Bahoruco, para constituir una nueva Provincia que se denominará Provincia de Jimaní y que tendrá su cabecera en la ciudad de Jimaní.»

Por la Ley No. 1916 del 28 de Enero de 1949, se designó Nueva Era la Provincia de Jimaní (G. O. No. 6890 del 2 de Febrero de 1949).

La Ley Nº 1994 del 13 de Mayo de 1949, denomina Provincia Independencia «la que se erigirá el 1º de Enero de 1950» (G.O. Nº 6936, del 18 de Mayo de 1949; C.L. de Enero a Diciembre de 1949, Tomo I, Poder Legislativo: Del Nº 1896 al Nº 2232, Ciudad Trujillo, R.D., 1951).

La Ley No. 2107 expresa que la Provincia Independencia sería erigida el 1º de Enero de 1950 cuando a partir de esa La Ley Nº 2107 expresa que la Provincia Independencia fecha fuera incorporada a ella el territorio de la Común de Duvergé quedando segregado de la Provincia Bahoruco (G.O. Nº 6991, del 17 de Septiembre de 1949; C.L. ídem. -donde figura lo de la G.O. Nº 6936-).

El periódico La Nación del lunes, 2 de Enero de 1950, en primera página recoge la información de que el Secretario de Estado de Educación y Bellas Artes, doctor Joaquín Balaguer, dio lectura al discurso inaugural de la Provincia Independencia en representación personal del Honorable Presidente de la República. «Pueden verse (dice pie de foto) el general de brigada don Virgilio Alvarez Pina y otras personalidades.»

El mismo matutino, ya desaparecido, también reseña que el citado general de brigada, Virgilio Alvarez Pina, Secretario de Estado de Interior y Policía y Supervisor y Asesor del Partido Dominicano, aparece (en fotografía) junto con el señor Ramón de Pol (oriundo de Santiago de los Caballeros), gobernador de la nueva Provincia Independencia, en ocasión de los actos de inauguración de dicha provincia.

El diario La Nación por igual nos hace saber que el Procurador General de la República, licenciado José Ernesto García Aybar, pronunció un discurso en el acto inaugural del Palacio de Justicia de Jimaní, en el día de la inauguración de la Provincia (Pág.7).

El centro recreativo a la sazón se denominaba «Club Brisas de la Frontera».

Roberto Cruz en su trabajo «Evolución de los Asentamientos Humanos», expresa que en 1981 Jimaní entra en la clasificación de urbano simple (de 2,500 a 20,000 habitantes).

Asimismo señala que el Ayuntamiento de Jimaní es de II categoría como el de Duvergé (para Noviembre de 1987).

Atribuyo la autoría del ensayo «Jimaní» aquí insertado, al jurista, historiador e intelectual, Rafael Augusto Sánchez Ravelo, quien en varias ocasiones se negó a aceptar la oferta del dictador de aceptar la cartera de Relaciones Exteriores. Trujillo siempre quiso incluir profesionales de relevancia en su gobierno para revestirlo de capacidad y eficiencia.

No obstante, se vio obligado a aceptarle después el cargo de senador por presiones del régimen dictatorial para asegurar la vida de su sobrino e hijo de crianza, Rafael Ramón Ellis Sánchez, quien se involucró en el primer complot para eliminar a Rafael Leonidas Trujillo Molina.

Fue el papá, entre otros hijos, de Rafael Augusto Sánchez Sanlley, antitrujillista asesinado dos días después de la muerte de Trujillo, que llegó a ser esposo de la Dra. Josefina Padilla quien fuera mi maestra de Bioestadística durante mi carrera de Medicina en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

(Imagen: Rafael Augusto Sánchez Ravelo).

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