Tras hermosos recuerdos: Nuestra amiga Sor Hilda

Por: Dr. Rafael Leonidas Pérez y Pérez

En el 1980 estuvimos en Neiba haciendo el internado rotatorio de tres meses, que la UASD tiene como requisito dentro de su pensum de la carrera de Medicina.

Esa vez lo hacíamos en la cuna del poeta Apolinar Perdomo y residencia de nuestro amigo y también vate y escritor Ángel Atila Hernández Acosta (Quinito), el ciclo Médico-Social de ese internado, en el Hospital San Bartolomé.

Llegamos a ese nosocomio con la experiencia hasta ese momento, de ser Raso Cuerpo Médico del Ejército Nacional, con práctica asidua en el hospital militar «Dr. Enrique W. Lithgow Ceara» (antiguo «Profesor Marión»).

Por esos conocimientos, fueron resueltos varios casos complicados.

Y por ese conocimiento, el Dr. Jacinto Pérez Acosta, director del hospital «San Bartolomé» de Neiba, no nos daba permiso para pasar a ver nuestra familia por escaso tiempo, en el cercano Duvergé.

Conociendo de nuestra obra comunitaria y desinteresada, se acercó a nosotros la entonces novicia Hilda Díaz Román, en la congregación del Perpetuo Socorro, en esa ciudad cabecera de la provincia Bahoruco, provincia de la vid.

Lo hizo con el propósito de que diéramos charlas sobre nutrición a habitantes de las lomas de Panzo, El Aguacate, Cabeza de Toro, etc., en plena sierra de Neiba, y además, dar asistencia a los envejecientes del Hogar Alegría, a cargo de la iglesia local a la sazón.

Varias veces nos fue a buscar con suma energía al centro de salud referido, y conduciendo ella un yip, nos dirigimos a las lomas a realizar esa misión bienhechora. Allí les hablamos a los campesinos, de que no vendieran sus huevos de gallina criolla para comprar salami, espaguetis o maltas, ya que estos huevos les aportaban más nutrientes, y que comieran en la ensalada,  el cogollo de la mata de yuca, ya que este tiene vitaminas A, K, etc.

Varias veces dimos conferencias médicas en Neiba bajo la coordinación de la novicia Hilda. Y surgió entre nosotros una sincera y gran amistad.

Varias veces nos  vimos en Santo Domingo, ora en eventos de la Iglesia a los que ella me invitaba, ora para asuntos de salud suyos, ora en nuestro hogar de la misma capital, junto a nuestra familia y donde una vez durmió.

La comunicación era continua, generalmente cargada de humor y de consejos.

Con el tiempo la novicia llegó a ser Sor Hilda, pasó por La Vega, Santo Domingo, etc.;  y el interno ya graduado de médico, y hechas nuestras especialidades de medicina interna y oncología médica, la recibimos como paciente en el Hospital Moscoso Puello.

Llamó varias veces después de esto a nuestro hogar y a partir de ahí, hace más de diez años, que no sabemos de ella. No sé de nuestra amiga que ya no era Sor Hilda porque se salió de la congregación. Hemos hecho voto a la amistad, e imploramos a que alguien nos diga algo respecto de Hilda Díaz Román (nos resulta duro no poderle decir Sor como acostumbrábamos), o que ella misma nos llame, con Dios. Amén.

Hemos hecho voto a la amistad, e imploramos a que alguien nos diga algo respecto de Hilda Díaz Román (nos resulta duro no poderle decir Sor como acostumbrábamos), o que ella misma nos llame, con Dios. Amén.

(Imagen: Mirando al Norte de Neiba. Fuente: El Fututo).