CONFESOR MERCEDES NOS DICE ADIÓS

Por Carlos Manuel Diloné

24 de julio 2025.

Hoy la vida nos enfrenta a uno de esos momentos en que las palabras se vuelven pequeñas ante la magnitud del dolor. Hoy nos despedimos de un hermano, de un amigo entrañable, de un compañero leal cuyo recuerdo quedará grabado para siempre en nuestras memorias y corazones. La partida de Confesor Mercedes Cordero nos deja lacerado el espíritu, con las pupilas llenas de lágrimas y con un vacío imposible de llenar.

Confesor no fue simplemente un amigo; fue un ser humano noble, un hombre cuya conducta intachable y cuyo ejemplo de vida inspiran respeto y admiración. De niño, compartimos en el Batey Central esas horas inolvidables de juegos y trabajos comunitarios. Lo recuerdo, como si fuera ayer, cuando junto a los demás niños del Batey llevábamos con entusiasmo las latas de tierra para construir el piso de la cancha del barrio Juan Pablo Duarte. En esas pequeñas acciones se revelaba ya su espíritu de colaboración, su fe en el esfuerzo colectivo y su profundo amor por su gente.

Lo vi crecer como hombre y luchar con firmeza por alcanzar su sueño de convertirse en ingeniero civil. Con esa misma determinación se entregó a la construcción de obras que quedan como testimonio de su capacidad y entrega: excavaciones profundas, carreteras interminables, grandes edificaciones, cementerios, e incluso proyectos en Haití y en el Metro de Santo Domingo, donde su talento técnico y su compromiso humano siempre brillaron. Cada obra levantada llevaba impresa su huella de dedicación y rectitud.

Confesor fue, ante todo, un hombre bueno. Como hijo fue ejemplar; como amigo, insuperable; como colaborador, incansable y solidario. Tenía la grandeza de aquellos que saben dar sin esperar nada a cambio, que saben escuchar, acompañar y compartir en silencio los momentos difíciles. Un verdadero hermano, no solo para quienes compartimos su amistad, sino para todos aquellos que alguna vez lo conocieron.

Hoy, en medio de este dolor que nos oprime, nos resistimos a su partida porque su presencia siempre fue un faro de bondad y fortaleza. Sin embargo, entendemos que la voluntad divina ha querido llevarlo a un espacio mejor, a una dimensión distinta donde su espíritu continuará brillando. Rogamos al Señor que lo reciba con los brazos abiertos, que mantenga su lámpara encendida y que ilumine el camino hacia su encuentro eterno con el Creador.

A su familia, a sus seres queridos y amigos, les enviamos todo el consuelo posible. Sabemos que nada puede reemplazar su ausencia, pero también sabemos que el amor y la bondad que sembró en vida continuarán floreciendo en cada recuerdo, en cada gesto y en cada palabra que dejó como legado.

Querido hermano Confesor, tu partida no es un adiós definitivo, sino un hasta luego. Te recordaremos en nuestras conversaciones, en nuestros encuentros sabatinos, en esos sueños y proyectos que alguna vez compartimos. Tu memoria seguirá viva entre nosotros, como una llama que no se apaga.

Descansa en paz, amigo mío. Tu ejemplo y tu vida seguirán siendo guía para quienes tuvimos el privilegio de conocerte.

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