El discurso del presidente. Una luz al final del túnel para el cambio.

Por: José Ant. Mateo Gil.

En el ajedrez político dominicano, cada cuatro años, los candidatos a la presidencia de la república han utilizado la campaña electoral como escenario para hacer promesas, que la mayoría de las veces, luego de su llegada al gobierno incumplen echando por la borda la palabra empeñada. Esta práctica ha provocado la frustración e indignación del pueblo dominicano a lo largo de nuestra vida democrática.

 En la recién pasadas elecciones, por poner un ejemplo, la gente pasó factura a las promesas incumplidas por el gobierno anterior y a los reclamos permanentes de un cambio de rumbo de sus ejecutorias de gobierno. Las autoridades de entonces, no reaccionaron a ese pedimento. Por lo que, al no tener respuesta a sus exigencias, el electorado opto por dar un voto de confianza al candidato del PRM, Luis Abinader, que se había convertido en el principal líder de oposición.

El Partido Revolucionario Moderno (PRM), hábilmente, se montó en la ola del reclamo popular tomando como eslogan de campaña, que su propuesta de gobierno representaba “EL VERDADERO CAMBIO”. Fue una estrategia política muy bien estructurada, cuyos resultados se pusieron de manifiesto con el triunfo arrollador del candidato de ese incipiente partido. La reacción oficialismo de entonces, no se hizo esperar, en el tramo final de la campaña instruyeron a sus estrategas de comunicación para desactivar los efectos demoledores del eslogan opositor. Sin embargo, por más esfuerzos desplegados y dispendio de recursos para tratar de revertir la empatía de Luis Abinader con la población votante, no lograron cambiar la percepción de la gente. Con el agravante de que el candidato oficialista no logró conectar con el electorado.

En honor la verdad, en apenas dos meses de ejercicio gubernamental, la nueva administración está dando señales positivas en favor del cambio que el pueblo reclamó en la pasada contienda electoral. Algunos pudieran pensar que es muy temprano para hacer una evaluación concluyente de las medidas tomadas por el actual gobierno.

 Lo cierto es que el discurso pronunciado por el Presidente en la semana recién pasada, devuelve la fe y la esperanza a la clase media y baja de la población que serían los más afectados con la propuesta impositiva consignada en el presupuesto enviado al congreso para fines de aprobación. La iniciativa del Presidente de retirar del congreso esa propuesta impositiva deja muy bien parada su imagen y la del gobierno. Por el hecho de que, mostró una capacidad extraordinaria para escuchar al pueblo, y rectificar a tiempo cuando se percató de que su gabinete económico se había equivocado. Hay un dicho popular que dice que ” rectificar es de sabio “, y mantener una posición aún a sabiendas de que afectan a una colectividad es de “necio”.

El sólo hecho de la conformación de un nuevo gabinete, la designación de una procuraduría independiente, la disminución de la nómina pública mediante  la eliminación de botellas, el rechazo como partido de gobierno de que la elección de los nuevos miembros de la JCE estén vinculados a algún partido político, el retiro de la propuesta impositiva consignada en el presupuesto para el año 2021, entre otras medidas tomadas por el Presidente Abinader, nos indica que estamos transitando por un rumbo diferente al que ya nos tenían acostumbrado los políticos tradicionales del sistema.

Las actuales autoridades  gubernamentales, no sólo están obligadas a cumplir con las promesas que le hicieron al pueblo, sino que tienen una magnífica oportunidad de casarse con la gloria si sus ejecutorias dejan satisfecha las legítimas aspiraciones del pueblo dominicano de consolidar un gobierno más inclusivo, más participativo y que escucha los reclamos de la gente. Esa debe ser dinámica que el nuevo presidente tiene que seguir para construir ” EL VERDADERO CAMBIO “.

En lo que respecta a la profunda crisis económica que nos afecta producto del Covid-19, el gobierno dominicano está inmerso en una encrucijada. Por un lado, se observa una disminución de los ingresos por la caída estrepitosa del turismo y la reducción de las recaudaciones impositivas. Por otro lado, el gobierno está obligado a continuar endeudándose para hacer frente al déficit presupuestario. Esta situación impone necesariamente hacer un uso racional de los gastos del gobierno. No así disminuirlo porque esto trae como consecuencias distorsiones importantes en la economía. La encrucijada se debe a que estamos excesivamente endeudados con respecto al producto bruto interno (PBI), hasta el punto de que pudiéramos llagar a caer en estado de default. Por lo que, lo más aconsejable es que el gobierno se endeude en pesos a nivel interno, ya que no estamos produciendo los dólares suficientes para pagar la deuda en moneda extranjera.

La iniciativa del gobierno de pedir por adelantado el pago de los impuestos a la Barrick Gold; es inteligente, pero hay que tener presente que ésta es una deuda, que aunque no pagará intereses por el uso de estos recursos, en el futuro el gobierno dejará de percibirlo. En reiteradas ocasiones hemos planteado que los dos grandes y graves problemas de nuestra economía son el tema del endeudamiento y la inequidad impositiva. Al respecto, cabe destacar que en su momento la economía dominicana tendrá que avocarse a una reforma fiscal integral, donde pagarán los que más tengan capacidad de pago.

En esta ocasión quiero dejar en el ánimo de nuestros lectores, que aunque es muy temprano para hacer una evaluación definitiva de las ejecutorias del presente gobierno, nos sentimos optimistas con la actitud del Presidente Abinader, que escuchó las quejas del pueblo, y reconsideró lo que sus asesores y ministros creyeron como única solución a la crisis planteada. Esa acción, reitero, habla muy bien de él, proyectando cierta confianza y tranquilidad en la población.

Una de las mentes más brillantes que ha parido la humanidad, Albert Einstein, decía que ” la mayor de las locuras es pensar que lograremos resultados diferentes haciendo lo mismo siempre”…El Presidente Abinader hizo algo diferente a lo que nos tenían acostumbrado. Desautorizó de manera enérgica a sus asesores y funcionarios dejando sin efecto la carga impositiva propuesta por ellos para el presupuesto del 2021. Decisiones como éstas deben repetirse cuantas veces sean necesario. Duélale a quién le duela, porque en definitiva, usted señor Presidente, será el único responsable de lo bueno y de lo malo del presente gobierno.

La república dominicana en estos momentos, de acuerdo al observatorio popular, todo parece indicar que esta trillando el tránsito para superar el viejo modelo autocrático de gobernar, dando paso hacia un nuevo estilo de administración de la cosa pública, más participativo y respetuoso de los poderes del estado.  Ojalá que el presidente Abinader no se desvíe del camino que hasta hoy ha transitado, porque si así lo hiciera, se llevaría tremenda sorpresa. Se encontrará con un pueblo empoderado, una sociedad distinta a la que hemos vivido. Pero sobre todo, a una población joven muy bien informada que no se dejará meter gatos por liebre, puesto que las redes sociales les sirven de plataforma para poner y quitar gobierno.

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