El triunfo de Lula en Brasil. Una recomposición de fuerza en el nuevo orden económico mundial.

31 de octubre de 2022.

Por José A. Mateo Gil.

El pueblo brasileño, dio una muestra de civismo y vocación democrática en la contienda electoral que recién finaliza, la cual debe servir de ejemplo a los demás países de la región. Aunque los resultados de las elecciones fueron muy reñidas, con un diferencial porcentual de apenas menos de un 1%, el candidato perdedor, que por demás es el actual presidente de Brasil, no se aventuró a regatear e impugnar el triunfo de su oponente, Luis Ignacio Lula D’ Silva. Es costumbre en la región, desconocer los resultados de unas elecciones cuando las diferencias son tan ínfimas, que con una simple revisión pudieran cambiar el resultado final de la misma. De acuerdo a los cómputos, todo parece indicar que la sociedad Brasileña está divida; la mitad de la población votante prefiere que lo gobierne un partido de izquierda, y la otra mitad aspiraba a que continuara en el poder, la ultra derecha, representada por el Presidente Bolsonaro.

El retorno de Lula D’ Silva al poder, en el tercer país más grande del Continente Americano, y el más vasto de Latinoamérica, sólo superado por EEUU y Canadá, así como también, el quinto país más grande el mundo, sólo por debajo de EEUU, Rusia, China y Canadá, cuenta con una población de 214 millones de habitantes y una extensión territorial de 8.516 millones de Kilómetros cuadrados. La grandeza de Brasil, necesariamente provocará un reordenamiento del orden económico mundial. Por una razón muy sencilla, Brasil es considerado como la potencia económica de Latinoamérica, con una vocación exportadora y capacidad para competir en el mercado internacional, tanto en el área agrícola, como la industrial. En tal sentido, es oportuno recordar la promesa de campaña del candidato ganador, quien prometió relanzar la industria de ese país, creando y fortaleciendo empresas competitivas a nivel global. Por lo que, no hay razones para pensar que incumplirá esa promesa. La República de Brasil tiene un sector agropecuario capaz de suplir el consumo de alimentos a un segmento importante de la población mundial. Lo propio lo haría con la industria, porque cuenta con la infraestructura y la voluntad política para hacerlo con el presidente electo a la cabeza.

El buque insignia de Latinoamérica, es el único país de la región que forma parte del Brics, conjuntamente con Rusia, La India, China y Sudáfrica. Los países Brics, no son más que una organización que está preparada para liderar la erradicación del hambre y la pobreza a nivel mundial para el año 2030. Los países miembros de dicha organización tienen el 40% de la población del mundo, y el 20% del producto interno bruto del planeta. Estas cifras, nos indican que si el presidente electo de Brasil cumple su promesa de campaña, y logra cohesionar en torno a su gobierno las diferentes fuerzas políticas de esa nación, Brasil cumpliría su sueño de convertirse, en términos reales, en la potencia económica, política y social de Latinoamérica.

Lo antes señalado no es una idea descabellada, como pensarían los detractores de D’Silva. El retorno al poder de la izquierda en Brasil, constituye la piedra angular para que, a través del Brics, «El Pulpo Asiático» China Continental, termine de apoderarse de los países latinoamericanos, que andan en bandolera, debido al descuido del imperio del norte en estos países, en lo que respecta a ayudas económicas, asistencia técnica, empréstitos, entre otras ayudas a la región. Es por esta razón que el monopolio perjudica en todos los órdenes de la vida. Para las naciones pobres, es saludable y oportuno contar con diferentes opciones para poder canalizar sus planes de desarrollo. En cambio, para los países ricos, resulta un dolor de cabeza cuando pierden el control de uno de estos países. El Caribe, enclavado en la línea limítrofe al norte del imperio norteamericano y al sur de Centro América, es y seguirá siendo un lugar estratégico para comercio mundial. Convirtiéndose así, en la manzana de la discordia entre las grandes potencias: China y Estados Unidos de América. Por un tema de geopolítica, quiérase o no, la llegada de D’Silva al poder mantiene en alerta a las dos grandes potencias enfrentadas en una guerra comercial sin precedentes y que promete no tener fin.

La reciente victoria de la izquierda en Brasil, enciende la llama de las ideologías en la región. Aunque en los últimos años, el pueblo no acude a las urnas a depositar su voto por razones puramente ideológicas, porque considera que eso quedó en el pasado con la caída del muro de Berlín, desde el punto de vista imperial sí importa, y mucho, por el hecho de que China Continental, mediante una efectiva gestión diplomática, está capitalizando los cambios que se están registrando en la mentalidad del elector latinoamericano. Que por demás, se siente frustrado por la ineficiencia mostrada por los gobiernos de derecha. El pueblo latinoamericano perdió la fe en los gobernantes de derecha. Las promesas incumplidas y la corrupción administrativa, se han adueñado de los gobiernos de turno, y los electores esperan con ansias los procesos electorales para cobrársela.

A los fines, una mala gestión de gobierno, acompañada de una crisis sin precedentes en el mercado mundial producto de la pandemia del Covid 19, y la guerra entre Rusia y Ucrania, que ha provocado una desestabilización de los precios en los productos de consumo masivo, así como también, cierto grado de desabasteciendo de materias primas de la producción bienes industrializados, formará parte del nuevo juego de ajedrez, que el triunfo de la izquierda en Brasil puede representar, afectando irremediablemente, el reordenamiento de la economía mundial. En lo adelante, las grandes potencias tendrán un nuevo ingrediente para disputarse el control de estos países. Y de acuerdo a las estadísticas, en este juego, donde los partidos de izquierda que han conquistado el poder en latinoamerica se incrementa, los chinos están ganando la partida.

Los vínculos históricos de Lula D’Silva con China continental, no solamente fortalecerá a los gobiernos de izquierda en América Latina, sino que tiene que poner a pensar al imperio del norte, respecto a su posición con relación al destino que asecha a estos países. Un cambio de rumbo en la política exterior de los norteamericanos, con respecto a Latinoamérica y El Caribe, no le vendría nada mal iniciar un proceso de acercamiento y establecimiento de relaciones políticas y comerciales fuertes, para mantener sus propósitos expansionistas. En su defecto, el gigante asiático está al acecho, moviendo todos sus tentáculos para pescar en rio revuelto y apoderarse de los demás países de la región, que aún están bajo la sombrilla de la derecha y la Social democracia. El imperio del norte tiene que apurar el paso para que no le coman los caramelos.

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