
En el suspiro de un sueño cerraste tu mirada agreste, te despediste con la altura de un guerrero, con el calor de tu trabajo a cuestas.
Nos dejaste las huellas para mostrarnos el camino, partiste sereno, en paz con Dios, con tu familia y con la sociedad.
El ejemplo que sembraste en nosotros, permanecerá perenne en la conciencia de los que te amamos.
Adiós padre de mi alma, la brújula que te guiará al encuentro con el creador está calibrada y tu más que todos, conoces el camino que te ha de llevar directamente al lugar escogido por Dios para tu eterna morada, pidiendo que la misma sea placentera, junto al señor, y que al momento de nosotros partir siga siendo el padre ejemplar que siempre fuiste.
Que descanse en paz, amado y bendecido padre.
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