Mis padres, constantemente me sorprenden.


Por: Ing. Carlos Manuel Diloné

He tenido la suerte de nacer, precisamente, el día dedicado a las madres, y de convertir a mi mamá en madre, justo con mi nacimiento. Soy el primero de los hijos de María Altagracia Matos Dotel (Doña India), en una fecha cómo la de hoy, ambos, madre e hijo cumplimos años, ella por ser madre, yo por haber nacido.

A ella le debo la vida, ella me debe, el privilegio de convertirla en madre; pues bien, tan pronto abrí los ojos, al levantarme en la mañana de hoy, tomé el teléfono y raudo marqué al número de mi adorada madre, quería manifestarle lo que ella, de sobra sabe, pero quería repetírselo al oído, de forma íntima. Rin…Rin.. Rin… Alooooo, con mamá – no está –  ¿Cómo que no está?.

Quizás he marcado mal, lo intento nuevamente. Rin….Rin…alooo, por favor está Doña India? – no está – llámela cómo a las 2 p.m. – Pero para donde salió, póngame al Sr. Diloné (106 años), también salió-

La joven que levanta el teléfono es nueva en la casa de mi hermana. En eso me llama mi sobrino Bryan de España, entre salutaciones y diálogos, me dice que mamá y papá salieron a visitarme a mi casa. ¡¡¡¡¡Cómo no relajes ombe!!!!!.

Corriendo voy al baño, levanto a mi esposa, llamo a mi hija Carel. ¡Rápido, rápido levántense!, mamá y papá están en camino, vienen sin avisar. ¡Oh!, llamen a Juan que duerme mucho.

En poco tiempo estuvimos listos, para recibir a los huéspedes más apreciados en nuestras vidas, unos se cubrieron el cuerpo por la prisa, otras quedamos cojos en el ínterin.

¿Y ahora? No sabemos quiénes han usado el ascensor, podría ser peligroso arriesgar a nuestros padres a montarse en ascensor (un espacio cerrado), para ascender 12 pisos, tres o cuatro minutos encerrados en esa cápsula tan peligrosa, en los momentos de esta pandemia del covid-19.   

En esa estábamos, cuando suena la llamada del loby anunciando la llegada de nuestros padres, mi esposa e hija bajaron inmediatamente, Juan y yo, lo hicimos un minuto después, en lo que buscamos la llave del ascensor para poder subir.

Al bajar, sentimos la magia, la efusión, el contagio, la dulzura, el amor hecho carne, la bienaventuranza, de abrazar a nuestros padres, besar sus mejillas y manifestarles nuestro amor eterno.

Vengan, vamos a subir, compartamos juntos. ¡¡¡¡NO!!!! Nosotros hemos venido a darte una muestra de amor en tu cumpleaños, no podemos arriesgarnos a subir, simplemente queremos decirte lo mucho que te amamos.

Esa muestra de amor recíproco, me creó una catarsis existencial, las lágrimas corrieron raudas por mis mejillas, haciéndome dar gracias a Dios por los padres que me ha otorgado.

Sé que Dios hizo la tristeza tan cerca de la felicidad, que muchas veces lloramos de emoción.

GRACIAS PADRES DE MI ALMA.  


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