Por carlos Manuel Diloné
20 de julio de 2025.
Resumen
En octubre de 1905, un ataque armado contra el ciudadano estadounidense Morris, al servicio de la Receptoría General de Aduanas, en la zona fronteriza de Las Lajas, desencadenó una serie de hechos que evidenciaron la inestabilidad política de la República Dominicana y el alcance del control estadounidense en sus asuntos internos. Este estudio reconstruye los eventos desde el incidente inicial hasta la huida del presidente Carlos F. Morales y la instauración del vicepresidente Ramón Cáceres como presidente interino. A través del análisis de telegramas diplomáticos y documentos oficiales, se examinan las respuestas del gobierno dominicano, el rol mediador de la legación norteamericana, la fractura interna del poder ejecutivo y el contexto del modus vivendi que cedía la administración aduanal al gobierno de Estados Unidos. El trabajo demuestra cómo un hecho aparentemente local se convirtió en un punto de inflexión hacia una década de creciente tutela extranjera.
Palabras clave: Las Lajas; Carlos F. Morales; intervención estadounidense; modus vivendi; aduanas dominicanas
Introducción
En la última semana de octubre de 1905, un evento aparentemente local ocurrido en el puesto aduanal fronterizo de Las Lajas,[1] próximo a Neiba y cerca de la frontera haitiana, desencadenó una serie de episodios diplomáticos, militares y políticos que pusieron en evidencia la fragilidad institucional de la República Dominicana y la creciente injerencia de los Estados Unidos en sus asuntos internos. El ataque contra el ciudadano estadounidense Morris, herido mientras servía como empleado del sistema de aduanas bajo el mando del coronel William F. Colton, y la muerte de un guardia dominicano, fueron seguidos por una respuesta militar del gobierno de Carlos Felipe Morales Languasco[2] y una activa mediación diplomática por parte del ministro estadounidense Thomas C. Dawson.
A partir de este incidente, se desencadenaron hechos que culminaron con la huida clandestina del presidente Morales, la activación del artículo 46 de la Constitución dominicana y la instalación del vicepresidente Ramón Cáceres como presidente interino. Este trabajo reconstruye los acontecimientos desde el ataque en Las Lajas hasta el colapso político de finales de diciembre, destacando el papel de las fuerzas militares, los intereses estadounidenses y las fracturas internas del poder dominicano.
I. El incidente en Las Lajas: contrabando, violencia y diplomacia
El 21 de octubre de 1905,[3] en el puesto aduanal de Las Lajas, un paraje remoto del interior dominicano, cercano a la frontera con Haití y en las inmediaciones de Neiba, fue emboscado y gravemente herido el ciudadano estadounidense Morris, quien prestaba servicios en las aduanas dominicanas bajo la supervisión directa del coronel William F. Colton, receptor general del sistema aduanero establecido como parte del modus vivendi con los Estados Unidos. En el mismo ataque murió un guardia de aduanas dominicano. Aunque en principio se consideró un hecho sin trascendencia política inmediata, tanto las autoridades dominicanas como la legación estadounidense se alarmaron ante la posibilidad de que el incidente se convirtiera en detonante de disturbios mayores.
El presidente Carlos F. Morales notificó verbalmente el hecho al ministro estadounidense Thomas C. Dawson, quien a su vez alertó al almirante Bradford y al Departamento de Estado. En respuesta, el gobierno dominicano envió el 23 de octubre un destacamento de unos cincuenta soldados desde la ciudad de Santo Domingo[4] hacia la zona del ataque, con la misión de rescatar a Morris y dar caza a los responsables. Según Dawson, los contrabandistas implicados “cuentan con numerosos amigos”,[5] lo que elevaba el riesgo de resistencia armada en una región poco controlada por el Estado.
En paralelo, se discutía la posible movilización de un buque de guerra estadounidense hacia Azua[6] o Barahona. Aunque el propio Dawson y el presidente Morales tenían claro que Morris no era un funcionario estadounidense en sentido formal —pues actuaba bajo la autoridad dominicana—, ambos coincidieron en que resultaba prudente alertar a la Armada norteamericana para que pudiera intervenir en caso de necesidad. Esta ambigüedad deliberada en la presentación del estatus de Morris facilitaba la intervención bajo el argumento de protección consular.
Finalmente, Morris fue trasladado con apoyo de la cañonera dominicana y del buque USS Scorpion, que aportó un cirujano para asistirlo,[7] dado que no contaba con atención médica adecuada en el lugar. Sus heridas fueron consideradas graves, aunque su vida pudo ser salvada. A pesar de las operaciones desplegadas por las autoridades, los atacantes no fueron capturados. Para el ministro Dawson, el éxito del sistema aduanal dependía de una persecución ejemplar de los criminales, especialmente en zonas próximas a la frontera haitiana, donde se encontraban sectores “ignorantes y semi criminales”.[8]
II. La fractura interna y el inicio del conflicto político
La reacción militar ante el atentado de Las Lajas coincidió con una creciente tensión entre el presidente Morales y el grupo horacista encabezado por Ramón Cáceres. Las diferencias en la conducción del gobierno, especialmente respecto a nombramientos y control del poder regional, provocaron fisuras que se evidenciaron en Puerto Plata y Monte Cristi. El arresto del comandante del puerto en Puerto Plata y la posterior destitución del gobernador Pérez provocaron reacciones encontradas. Ante estos hechos, el presidente Morales comunicó al ministro Dawson que había ordenado, por vía telegráfica, el traspaso pacífico del poder local a Manuel Cocco y que, “en caso de que Pérez solicitara asilo, el gobierno no se opondría”.[9]
Nada hacía prever que Morales fuera a abandonar la capital. La tarde del 24 de diciembre de 1905 la pasó, según Dawson, conversando tranquilamente con sus ministros Tejera y Velásquez. Sin embargo, esa misma noche, sin dar aviso formal a sus allegados más íntimos —como el exministro Sánchez y Pichardo—, salió caminando solo desde la ciudad hacia un punto de reunión a unos tres kilómetros, donde lo esperaban veinticinco o treinta jóvenes bajo el pretexto de una cena de Nochebuena. Desde allí, junto a tres de sus escoltas, se dirigió a un pastizal cercano a la legación estadounidense, donde tomó posesión de varios caballos de la caballería del gobierno, y emprendió la marcha hacia el oeste con rumbo a Haina.[10]
Al amanecer del 25 de diciembre, Morales y su grupo llegaron al río Haina, donde pernoctaron, y se les unieron Rimaldo y Cesario Pimentel, dos influyentes jefes jimenistas capaces de movilizar partidarios en la región. La noticia de su fuga se difundió en la capital hacia las diez de la mañana, y rápidamente cundió la alarma. Un contingente de cien soldados fue enviado en su persecución, y pronto se reportaron enfrentamientos armados al otro lado del río Haina. Dawson telegrafió de inmediato al Departamento de Estado notificando que “el presidente abandonó la ciudad repentina y secretamente anoche” y que era probable que se produjeran disturbios generales.[11]
Por recomendación de las autoridades, Dawson y otros residentes extranjeros trasladaron a sus familias al centro de la ciudad, ya que el barrio de Güibia, donde vivían, se encontraba en la ruta prevista de las partidas de exploración de ambos bandos. Esa misma noche se escucharon múltiples disparos a lo largo del eje Haina-Santo Domingo, aunque al parecer las fuerzas leales a Morales se limitaron a contener a los soldados del gobierno.
El día 25 por la tarde, el ministro de Relaciones Exteriores dominicano envió una nota circular a los representantes diplomáticos, comunicando que el presidente, al haber abandonado la capital sin dejar un jefe de gabinete, dejaba el poder vacante, y que se activaba el artículo 46 de la Constitución, que facultaba al vicepresidente a asumir el cargo temporalmente. Dawson transmitió esta noticia a Washington el 26 de diciembre, indicando que la ciudad se mantenía tranquila, el gabinete operaba sin interrupciones, y que Morales se encontraba en Haina, acompañado de revolucionarios.[12]
III. Estados Unidos como árbitro y garante de estabilidad
El conflicto interno dominicano de finales de 1905 se produjo en el contexto de una creciente supervisión estadounidense sobre las finanzas del país. Desde principios de ese año, el gobierno de Carlos F. Morales Languasco, presionado por la grave situación de la deuda externa, había buscado un acuerdo con Washington para garantizar el pago a los acreedores internacionales. El resultado fue el establecimiento de un modus vivendi, una fórmula provisional según la cual el gobierno dominicano cedía a Estados Unidos el control y supervisión de todas las aduanas nacionales. A cambio, el 55% de los ingresos aduanales serían destinados directamente al pago de la deuda, mientras que el 45% quedaría en manos del gobierno dominicano.
Aunque este acuerdo fue inicialmente rechazado por el Congreso de los Estados Unidos por considerarse cercano a un protectorado, en la práctica comenzó a implementarse el 31 de marzo de 1905, cuando el presidente Morales autorizó al presidente Theodore Roosevelt a nombrar al supervisor general de aduanas. Esta figura recayó en el coronel William F. Colton, quien encabezó la Receptoría General y estuvo en el centro de los acontecimientos de Las Lajas.
Este nuevo esquema calmó temporalmente a los acreedores extranjeros y permitió un leve crecimiento de la economía dominicana, pero también incrementó la percepción de injerencia extranjera. La legación estadounidense, encabezada por Dawson, actuaba no solo como observadora, sino como interlocutora directa entre el gobierno dominicano y la marina de guerra de los Estados Unidos, lo que le confería un papel de árbitro y garante de la estabilidad. Esto se hizo especialmente visible durante la crisis de diciembre, cuando Dawson se convirtió en el canal diplomático entre los sectores enfrentados y las autoridades estadounidenses.
Tras la renuncia de Morales en enero de 1906 y el ascenso de Ramón Cáceres, se retomaron las negociaciones con expertos financieros estadounidenses. Estas culminaron en la firma de la Convención Domínico-Americana del 8 de febrero de 1907, mediante la cual se consolidó el modelo del modus vivendi y se formalizó el control de las aduanas dominicanas por parte de Estados Unidos. Según el nuevo acuerdo, el 50% de los ingresos aduanales serían destinados al pago de la deuda externa, el 5% a financiar la Receptoría General, y solo el 45% quedaría en manos del gobierno dominicano.
IV. La traición de la cañonera Independencia y el colapso del gobierno de Morales
Uno de los episodios más simbólicos —y estratégicamente decisivos— de la descomposición del poder presidencial fue la deserción de la cañonera Independencia. El 26 de diciembre de 1905, el ministro de Relaciones Exteriores comunicó al ministro Dawson que el buque había zarpado a las 9:00 de la noche desde San Pedro de Macorís con órdenes precisas del gabinete: transportar 8,000 dólares en efectivo, 60,000 cartuchos de fusil, 100 fusiles y proyectiles destinados a reforzar las posiciones gubernamentales en Sánchez y Puerto Plata.[13]
Sin embargo, el comandante del buque desobedeció las órdenes recibidas y condujo la Independencia a Monte Cristi, donde se puso a disposición del gobernador Desiderio Arias, quien ya había proclamado su adhesión a Morales y su oposición al gabinete. La llegada del buque a Monte Cristi fue confirmada por telegramas enviados al USS Dubuque, y generó alarma inmediata en la capital dominicana y en la legación estadounidense, que sospechaba que el armamento podía ser utilizado en un eventual ataque sobre Macorís u otros puntos bajo control gubernamental.[14]
Dawson telegrafió al Departamento de Estado informando que no tenía autoridad para impedir las maniobras de la cañonera, pero que, a solicitud del ministro dominicano, trasladaría la petición al gobierno de Washington. El hecho de que una unidad armada de la marina nacional rompiera abiertamente la subordinación institucional para unirse a una facción política rival evidenciaba no solo la precariedad del gobierno de Morales, sino también el grado de fragmentación del Estado y del poder militar.
La proclamación emitida por Desiderio Arias el 25 de diciembre[15] justificaba el movimiento como una reacción patriótica frente a la “anarquía” y la “traición a la Constitución”, imputando al gabinete la usurpación del poder legítimo del presidente. El arribo del buque Independencia con armas y dinero fortaleció de inmediato la posición de Arias y posibilitó un avance coordinado del movimiento jimenista en el norte del país.
Conclusión
El incidente de Las Lajas no fue solo un caso fronterizo de violencia por contrabando, sino un catalizador de una cadena de episodios que revelaron la fragilidad del Estado dominicano, la penetración del poder estadounidense en los asuntos internos y las fracturas del poder político dominicano. La huida secreta del presidente Morales, el avance de los jimenistas desde Haina, la deserción de la cañonera Independencia y la invocación del artículo 46 de la Constitución mostraron la disolución práctica de la autoridad presidencial y la legitimación de un nuevo orden de facto.
En este contexto, la intervención estadounidense se presentó no solo como mediadora diplomática, sino como garante de un esquema de control fiscal e institucional que culminaría, pocos años después, con la firma de la Convención Domínico-Americana de 1907[16] y, a largo plazo, con la ocupación militar de 1916. Las heridas de Morris y la muerte del guardia dominicano ocurrieron en el marco de un creciente control estadounidense sobre las aduanas dominicanas, establecido por el modus vivendi de 1905, y deben entenderse como el punto de partida de una década marcada por la tutela extranjera y la pérdida progresiva de soberanía nacional.
[1]Las Lajas es una localidad que forma parte de la sección de Tierra Nueva, perteneciente al distrito municipal de Boca de Cachón, en la provincia Independencia.
[2] Sacerdote, militar, diputado y presidente de la República, nació en Puerto Plata el 23 de agosto de 1867. Ocupó la primera magistratura entre 1903 y 1906, período en el que se firmó un tratado dominico-estadounidense que, con el tiempo, estableció las bases para el control de las aduanas dominicanas por parte de los Estados Unidos.
[3] Thomas C. Dawson al secretario de Estado, 24 de octubre de 1905, en Foreign Relations of the United States, 1905, doc. 346.
[4] Ibid., telegrama del 24 de octubre de 1905.
[5] Ibid.
[6] Ibid.
[7] Ibid., telegrama del 26 de octubre de 1905.
[8] Ibid., telegrama del 3 de noviembre de 1905.
[9] Ibid., telegrama del 24 de diciembre de 1905.
[10] Ibid.
[11] Ibid.
[12] Ibid., telegrama del 25 de diciembre de 1905.
[13] Thomas C. Dawson al secretario de Estado, 28 de diciembre de 1905, en Foreign Relations of the United States, 1905, doc. 482.
[14] Ibid.
[15] Ibid.
[16] Convención Domínico-Americana de 1907; véase también la descripción resumida en fuentes históricas generales sobre el modus vivendi y la supervisión aduanal estadounidense.
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