Por Carlos Manuel Diloné
Resumen
El presente artículo reconstruye el panorama fiscal y económico de la común de Barahona durante los años de 1900 y 1901, tomando como fuente principal la Exposición del Ministro de Hacienda y Comercio presentada en febrero de 1902 al Congreso Nacional. Los datos revelan la extrema marginalidad fiscal de Barahona dentro del conjunto nacional, con aportes que no superaban el 0.3 % de las rentas de la República. A partir de los decretos, resoluciones y partidas de gasto público, se describe una administración local mínima, sostenida con sobrantes de caja y asignaciones esporádicas del gobierno central. El estudio muestra que la economía barahonera se basaba en el cabotaje, el corte de maderas, la agricultura en pequeña escala -particularmente el cultivo de café-, el comercio pacotillero y los proventos de servicios municipales menores, en un contexto de aislamiento territorial y escasa infraestructura. Esta realidad de atraso estructural serviría de contraste para entender el impacto transformador que tendría la instalación del Ingenio Barahona dos décadas más tarde.
Palabras clave: Barahona; República Dominicana; finanzas públicas; Hacienda; economía local; cabotaje; siglo XX; Ingenio Barahona; historia fiscal; desarrollo regional.
Introducción
A comienzos del siglo XX, Barahona era una jurisdicción de escasa relevancia económica dentro del territorio dominicano. Los registros del Ministerio de Hacienda y Comercio correspondientes a los ejercicios fiscales de 1900 y 1901 muestran que su aporte al fisco nacional apenas representaba una fracción ínfima del total recaudado. Este estudio se basa en la Exposición del Ministro de Hacienda y Comercio presentada en febrero de 1902 al Congreso Nacional, con el propósito de reconstruir la situación fiscal y económica de la común de Barahona antes del advenimiento del Ingenio Barahona.
El examen de esta fuente oficial revela que la economía local estaba sustentada en actividades dispersas y de baja productividad —el cabotaje, el corte de maderas y los oficios de pacotilleros—, complementadas por modestos proventos municipales y una agricultura de subsistencia. Lejos de los centros de acumulación capitalista, Barahona se mantenía como una comunidad periférica, apenas vinculada a los circuitos nacionales de comercio.
Las rentas nacionales y el lugar de Barahona (1900–1901)
El producido general de las rentas de la República durante los años de 1900 y 1901 muestra la posición marginal que ocupaba Barahona dentro del sistema fiscal. Según los estados oficiales, los ingresos del país fueron los siguientes:
| Año | Ingresos totales de la República | Ingresos de Barahona | Porcentaje del total nacional |
| 1900 | $2,424,684.05 | $7,683.83 | 0.32 % |
| 1901 | $2,082,698.88 | $5,968.70 | 0.29 % |
Fuente: Exposición del Ministro de Hacienda y Comercio presentada en febrero de 1902. Los datos corresponden a los ejercicios fiscales de 1900 y 1901.
En promedio, Barahona aportó apenas 0.30 % de las rentas nacionales, con ingresos anuales que rondaban los seis a siete mil pesos oro. Los puertos principales —Santo Domingo, Puerto Plata, San Pedro de Macorís y Sánchez— recaudaban entre trescientos mil y seiscientos mil pesos, lo que evidencia la distancia abismal entre el litoral barahonero y las zonas activas del comercio exterior.
El valor de los salarios y los alquileres como indicador de época
Los datos contenidos en las resoluciones del Ministerio de Hacienda para el año 1901 permiten apreciar el nivel de vida y la escala económica de la época. Los pagos por sueldos y alquileres en Barahona eran reducidos: el local de correos se arrendaba por cuatro pesos oro mensuales, cada cartero percibía ocho pesos, los empleados ordinarios entre veinte y veinticinco, y el administrador de Rentas Unidas no sobrepasaba los cien pesos. Estas cifras, mínimas incluso para los estándares nacionales, evidencian una estructura estatal modesta y un costo de vida bajo, propio de una economía de subsistencia donde el dinero circulaba con lentitud.
La correspondencia de esos valores con la precariedad del aparato público muestra que, en Barahona, el Estado existía, pero sin fuerza fiscal ni administrativa, sostenido apenas por partidas ocasionales del gobierno central. Este marco numérico constituye un testimonio valioso del contexto económico previo a la transformación que traería el Ingenio Barahona.
La administración local y los gastos corrientes
Los decretos de Hacienda dictados durante 1901 permiten conocer el funcionamiento mínimo de la administración barahonera. En ellos se muestran partidas destinadas a gastos de oficina, reparaciones telegráficas y pagos de pequeños sueldos: una de veinte pesos mensuales a empleados subalternos, cuatro pesos para el alquiler del local de correos y ocho pesos mensuales para cada cartero oficial. También se autorizaban partidas ocasionales de veinticinco o cincuenta pesos para comisiones, viajes o reparaciones de la línea telegráfica de Azua a Barahona.
La Administración de Rentas Unidas de Barahona se sostenía con sobrantes ocasionales, que se utilizaban para comprar muebles, papel, clasificadores, ganchos para gacetas o una linterna para la playa. Los documentos muestran que las autoridades se veían precisadas a girar contra la Contaduría General de Hacienda para cubrir gastos elementales, y que incluso los arreglos del cuartel militar y de la comandancia de armas se financiaban con fondos extraordinarios.
Todo ello revela un aparato público rudimentario y dependiente, más orientado al sostenimiento del orden local que a la promoción económica. El gasto corriente absorbía prácticamente todo lo recaudado, y la administración funcionaba gracias a asignaciones complementarias del gobierno central.
Conclusión: antes del ingenio
El panorama fiscal y económico de Barahona en los ejercicios de 1900 y 1901 era el de una comuna pobre, periférica y administrativamente débil. Su contribución al erario nacional era insignificante, y el escaso ingreso que producía se destinaba casi por completo a sostener los gastos mínimos de gobierno. Los servicios públicos eran incipientes y escasos, la agricultura se sustentaba en el cultivo del café y otros rubros menores, complementada por la producción de ceras y mieles; el comercio se reducía fundamentalmente a operaciones de cabotaje y a una economía de trueque o de subsistencia.
Dos décadas más tarde, la instalación del Ingenio Barahona vendría a romper ese equilibrio precario. El enclave azucarero introdujo capital extranjero, ferrocarril, rehabilitación del puerto y mano de obra permanente, modificando de manera radical la estructura fiscal y social de la provincia. Por ello, el bienio 1900–1901 puede considerarse el punto de contraste más claro entre la vieja Barahona rural y la modernidad industrial que estaba por surgir.
Fuentes consultadas
• Exposición del Ministro de Hacienda y Comercio correspondiente al año económico de 1901–1902. Santo Domingo: Imprenta de García Hermanos, 1902.
• Informe de la Cámara de Cuentas al Congreso Nacional, 1902.
• Mensajes y Memorias del Poder Ejecutivo de la República Dominicana, 1902.
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