El acuerdo arancelario entre Trump y Xi Jinping. Una iniciativa saludable que tiende a estabilizar el mercado mundial.

Por: José A. Mateo Gil.

Luego de la llegada a la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump, inició con una andanada de medidas ejecutivas, que, de acuerdo con su visión, devolverían la fortaleza y poder hegemónico del estado norteamericano. Para tales fines, aplica de manera compulsiva tasas arancelarias desproporcionadas a las importaciones de los demás países con quienes tiene relaciones comerciales, tales como China, México, Canadá, entre otras naciones europeas.

A partir de estas iniciativas, se desata una guerra comercial sin precedentes entre Estados Unidos y los demás países emergentes. Ante esta situación, la reacción de las grandes economías afectadas no se hizo esperar. A tal punto, que la República Popular China, que hasta ese momento se había mantenido en un perfil bajo, se atrincheró tomando medidas contundentes, que no solo afectó a la economía norteamericana, sino al mercado de valores a escala global. La incertidumbre se apodero del comercio internacional. China le había pagado con la misma moneda a Trump, imponiendo de igual manera, barreras arancelarias elevadas a las importaciones de Estados Unidos.

El líder asiático, no se detuvo ahí, amenazó con suspender la exportación de tierras raras a EEUU, que es la materia prima indispensable para la nueva tecnología del imperio del norte. Esta situación ha impactado de manera sensible la economía mundial, creando inestabilidad de precios, afectando la cadena de suministro, reduciendo el comercio global y promoviendo cambios en los patrones de inversión. Esa guerra arancelaria entre las dos potencias económicas más robustas del planeta provocó una desaceleración de la economía mundial.

El crecimiento económico de la mayoría de los países se detuvo, los costos de producción de las empresas se elevaron y por vía de consecuencia los precios a los consumidores finales, y se generó una volatilidad preocupante en los mercados financieros. En ambas potencias, tanto en Estados Unidos como en China, la inversión de capital en la innovación tecnológica de investigación y desarrollo se ralentizó. La guerra arancelaria entre oriente y occidente ha dejado cicatrices a lo interno de Estados Unidos difícil de borrar. Los costos de producción para las industrias que dependen de la materia prima proveniente de China han encarecido las mercancias que llegan al público consumidor a lo interno de la actividad comercial norteamericana.

En tanto que, con las barreras arancelarias impuesta por los Estados Unidos a las importaciones chinas, el dragón de oriente ha tenido que desplazarse a otros mercados como es el caso de La India, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático y América Latina. Aunque China ha tomado medidas para mitigar los efectos de las tarifas impuestas, la incertidumbre y la volatilidad del sistema financiero mundial ha impactado de manera negativa en el crecimiento del producto interno bruto de esa potencia económica. El PIB para el año 2025, se estima que disminuirá un 2.2%.

Sin embargo, China ha sido la menos perjudicada en este conflicto arancelario, por el hecho de que, los factores que impulsan el mercado bursátil chino son principalmente internos más que externos. De acuerdo con las estimaciones realizadas por Goldman Sachs Research sobre el impacto del aumento de los aranceles a en la economía mundial, las exportaciones e importaciones de Estados Unidos, podrían reducirse entre un 12% y un 31%, creando una situación de escases y aumento de precios, no solo de productos de consumo masivo, sino de todo aquello que se fabrica con insumos importados de los países afectados por los aranceles.

Afortunadamente, en la reciente reunión celebrada en Corea del Sur, entre Donald Trump en representación del gobierno estadounidense y Xi Jinping del gobierno de la República Popular China, se logró un acuerdo histórico respecto al tema arancelario. Esta iniciativa constituye un paso de avance para tranquilizar y devolver la confianza a los mercados internacionales. La disputa entre ambas potencias que se convirtió en una guerra comercial sin precedentes ha llegado a su fin, si es que se cumple tal y como fue pactado, dejando atrás meses de tensión que sacudió los cimientos de la economía mundial.

Ante la trascendencia para el mercado global del acuerdo de Corea del Sur, muchos se preguntarían ¿Quién salió ganando con este acuerdo, Trump o Xi Jinping? En mi humilde opinión, salieron ganando todos los paise del planeta. Por una razón muy sencilla, regresar a la normalidad, le da una especie de respiro a los agentes económicos, tanto de las grandes potencias como de los países emergentes que habían experimentado grandes distorsiones en el comercio internacional, produciendo escases y aumento generalizado de precios.

En el encuentro de estos dos lideres mundiales, tanto Xi Jinping como Trump, exhibieron un manejo acorde las circunstancias. Cada uno de ellos se enfocó en lograr lo que querían. La arrogancia y la ínfula de poder brilló por su ausencia en ambos mandatarios. Los dos estaban conscientes de que cada uno de ellos tenía músculos que exhibir, optando por mantener un lenguaje diplomático y espíritu de cooperación. Esta reunión dejó claramente establecido, que estamos ante la presencia de un mundo multipolar. Los poderes hegemónicos están repartidos, a diferencia de la polarización que por décadas existió entre la URSS y Estados Unidos.

El líder del gobierno chino le tendió una alfombra a Trump para que tuviera una salida honorable respecto a la reconsideración de las excesivas de tasas arancelarias a las importaciones de su país. Trump accedió, no porque Xi Jinping le parecía simpático, sino porque el líder asiático tenía una carta debajo de la manga, y no vacilaría en sacarla, tal como en realidad ocurrió » LAS TIERRAS RARAS», China es el productor más grande del mundo de tierras raras, que es la materia prima fundamental para el desarrollo de la tecnología norteamericana en estos momentos.

Resuelto el tema arancelario, con una disminución significativa de los aranceles en ambos potencias económicas, procedieron a negociar algunos renglones de interés mutuo. Trump logró asegurar que China continúe comprando la soya estadounidense. En tanto que Xi Jinping obtuvo concesiones clave de Washington, tales como, reducción y tregua sobre nuevos aranceles, suspensión de las tasas arancelarias para los barcos chinos, aplazamiento para que empresas chinas accedan a la tecnología estadounidenses, entre otros acuerdos.

En fin, fue una negociación ganar ganar. Trump obtuvo una victoria para los agricultores y las empresas norteamericanas y China lo único que cedió fue la reanudación de las compras de soya a Estados Unidos. Moraleja, este encuentro entre los dos lideres mundiales más importantes del presente siglo y los acuerdos a que arribaron, nos indica que jamás debemos subestimar a nuestros oponentes, más aún, cuando ambos pueden exhibir poderío económico y militar.

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