1 de enero de 2026.
Por; José A. Mateo Gil
La llegada de un nuevo año viene cargada de esperanza y fe en el porvenir. No es solo una fecha, es un estímulo para continuar y recomenzar. El espíritu de la navidad que lo precede provoca un cambio en el estado de ánimo de la gente, matizado por una dinamización del comercio como resultado de la puesta en circulación del salario número 13 y 14 a los empleados públicos y privados. Así como también, a la iniciativa de los lideres políticos que aprovechan esta época del año para proporcionar ayudas navideñas a las clases más necesitadas de la población. Si bien esta decisión política es acogida con beneplácito por las familias más carenciada del país, no quiere decir que el pueblo ignore el propósito que persiguen los lideres políticos con esta colaboración para las actividades navideñas de fin de año.
Sin embargo, agotado este período festivo, luego de transcurrida la primera semana del 2026, el país reinicia sus actividades cotidianas. Algunos, despiertan tratando de superar la resaca propia de la época, cargados de deudas y enfrentando una realidad que le da de frente al percatarse que la vida no solo se nutre de fiestas, juntes, alcohol, ni cenas navideñas. Es mucho más que eso, históricamente enero de cada año trae consigo cansancio, limitaciones económicas por los excesos de diciembre, y las expectativas de un período de 12 meses para tratar de alcanzar los objetivos que cada uno se ha propuesto para el año que recién inicia. Para otros, cuyo futuro inmediato no les preocupa porque tienen una situación económica favorable, la vida continúa su agitado curso, sin preocupación, ni nada que perturbe sus sueños.
Ahora bien, en el ámbito político, lo que, si tienen razones para preocuparse por la llegada del año 2026, son las autoridades gubernamentales de turno. La ralentización de las actividades productivas del país, el precario desempeño de los servidores públicos, el aumento sostenido de los precios de productos de consumo diario, y el escándalo de corrupción de SENASA para cerrar el año, colocan al gobierno del cambio en una situación preocupante, que amerita la intervención inmediata del presidente de la república para calmar la indignación de la gente.
Las fiestas navideñas y la captura de Nicolás Maduro en Venezuela han detenido la reacción del pueblo, en momentos en que el gobierno del PRM enfrenta la peor crisis de credibilidad desde que asumieron el poder en el año 2020. El gran desafío para las autoridades en el nuevo año es relanzar el gobierno para cambiar la percepción que tiene la colectividad de que fueron engañados con la promesa de «CAMBIO», que en definitiva ha sido más de lo mismo. El presidente Abinader tiene que apurar el paso para honrar el compromiso que había contraído con el pueblo de refundar el estado. Esa promesa no ha sido más que una representación invertida de la realidad.
La permanencia en el poder del Partido Revolucionario Moderno (PRM) más allá del 2028, pudiera estar condicionada a un cambio real de rumbo de las ejecutorias del presente gobierno. En los últimos 5 años y medio, el país ha transitado por un período gubernamental matizado por un retroceso, no solo en los servicios públicos, que, por demás, había sido uno de los puntos luminosos de los gobiernos que les precedieron, sino que la presente gestión ha provocado un descrecimiento de la economía sin precedentes en las últimas tres décadas.
La caída del Producto Bruto Interno (PIB), que había crecido de manera ininterrumpida por encima de un 5% anual en los últimos 30 años, ha experimentado una reducción significativa en los gobiernos del PRM, colocándose en alrededor de un 2% promedio anual durante los 5 años y medio de gobierno del presidente de la república. Esta situación de deterioro del crecimiento económico pone en entredicho la promesa del PRM, que había pregonado a los cuatro vientos un cambio generalizado en favor del pueblo dominicano. Todo parece indicar que éste ha sido un cambio, pero de » REVERSA».
El gobierno del presidente Abinader tiene que realizar ajustes importantes en su gestión a partir del año 2026, en virtud de que apenas quedan dos años y medio para culminar el presente período gubernamental. Es una tarea difícil, por no decir imposible, que en tan corto tiempo pueda terminar mínimamente bien su obra de gobierno. Razón por la cual, detenerse a hacer una autoevaluación de los logros y desaciertos de este gobierno, pudiera arrojar luz para superar las dificultades que se avecinan.
El retroceso en los servicios públicos, la caída del crecimiento económico, el endeudamiento externo desproporcionado que pone en riesgo el índice de solvencia del país, la baja inversión en infraestructura pública, el despilfarro de los recursos del erario público en asistencia social creando un ejército parasitario en las clases más necesitadas, el inusitado gasto en publicidad de un presidente que no puede reelegirse, el infructuoso desempeño en las políticas de seguridad ciudadana, el desastre de SENASA, el tímido avance en el servicio de salud, entre otros desaciertos de los gobiernos del PRM, los colocan en una posición difícil de superar en un administración que entra en la recta final de su período gubernamental.
A todas luces, recuperar el terreno perdido por el gobierno del cambio, no solo en el ámbito económico, político y social, pone a prueba la sagacidad política exhibida por el presidente Abinader a principios de su gestión en el primer período de gobierno. Durante tres décadas, la economía dominicana creció de manera sostenida por encima de un 5% anual. Sin embargo, el gobierno del PRM, que prometió cambios en favor de la población, frustró las aspiraciones del pueblo dominicano, que confío en las promesas reiteradas del presidente y el equipo que lo acompaña, de realizar grandes transformaciones en favor del pueblo. Desafortunadamente no ha sido así. De acuerdo con connotados analistas políticos, en vez avanzar, el país ha retrocedido en estos 5 años y medio de gestión..
El presidente de la república tiene que apurar el paso en este año 2026. Está compelido, no solo en relanzar el gobierno como primer intento por recuperar el terreno perdido, sino debe revisar su visión de cómo debe gobernar en el último tramo de su gestión. Un nuevo enfoque en la dirección y administración de la cosa pública debe iniciar con una reflexión profunda que le permita entender que lo que en su momento le dio buenos resultados como estrategia posicionamiento de su gobierno, hoy pudiera ser su peor pesadilla.
La Semanal, por poner un ejemplo, fue una genial iniciativa para, desde esa tribuna, el presidente trazar la agenda nacional. Sin embargo, en la actualidad perdió su gracia y razón de ser. La exposición excesiva de un presidente de la república en los medios de comunicación crea un estado de saturación ante un pueblo, perdiendo credibilidad, más en un gobierno que se ha caracterizado por ser el campeón de las promesas incumplidas. Continuar con esa plataforma comunicacional del gobierno, en la actualidad, le hace más mal que bien a la figura presidencial, que, por demás, se ha ido marchitando por el exceso de exposición pública.
En medio de todas estas dificultades que tiene que enfrentar el presidente de la república para darle un giro a su gestión de gobierno, aún tiene una magnífica oportunidad para enderezar entuertos que afectan de manera directa a la colectividad. Grandes crisis, pudieran generar grandes realizaciones, pero para ello el gobernante tiene que apelar a la capacidad creativa de sus colaboradores a fin de hacer algo distinto a lo que ha vendido haciendo en sus dos gestiones de gobierno, que dicho sea de paso no andan bien.
Albert Einsten, una de las mentes más brillantes que ha parido la humanidad, se le atribuye la frase que dice: «NO LOGRARÁS OBTENER RESULTADOS DIFERENTES HACIENDO LO MISMO SIEMPRE». El gobernante no puede perder ni un minuto más para dinamizar la economía y realizar los cambios que sean necesarios. Y para ello, una política agresiva de inversión pública, iniciando, no hoy, sino ayer, con proyectos de infraestructuras físicas de importancia, pudiera dinamizar el comercio y estimular el empleo. De lo contrario, en el futuro, los gobiernos del PRM serían estigmatizados como » LOS GOBIERNO DEL CAMBIO, PERO DE REVERSA»
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