El triunfo de Lula da Silva en Brasil: un duro golpe a las pretensiones expansionistas de Trump en América Latina

Por José A. Mateo Gil

26 de octubre de 2026

A partir de la segunda década del siglo XXI, se desató una ola de triunfos electorales de partidos políticos de izquierda en América Latina. Los gobiernos de derecha, que habían dominado el escenario político durante décadas en la región, fueron cayendo uno tras otro.

Una de las primeras experiencias de gobierno de izquierda en América Latina fue la liderada por Fidel Castro en la isla de Cuba. Este gobierno surgió como resultado de la Revolución cubana de 1959, que derrocó al dictador Fulgencio Batista. A partir de entonces, en el año 1970, el izquierdista Salvador Allende ganó las elecciones en la República de Chile. Más adelante, en 1979, la Revolución Sandinista llevó a Daniel Ortega al poder y, en 1999, Hugo Chávez abrió las puertas a una nueva etapa de gobiernos de izquierda en América Latina.

Entrada la segunda década del presente siglo, se inició un proceso de retorno de gobiernos de izquierda hacia gobiernos de derecha. Los electores, que habían cifrado sus esperanzas en los gobiernos socialistas, comenzaron a percatarse de que, en vez de avanzar en la solución de los problemas de la población, el retroceso se hacía cada vez más evidente. Se incrementaron los niveles de pobreza, encubiertos por programas de asistencialismo gubernamental que, lejos de solucionar los problemas de la gente, la hundían aún más en la pobreza, creando una población dependiente que poco aportaba al tejido productivo de estos países.

Algunos estudiosos de la política exterior plantean que la pérdida de vigencia de los partidos de izquierda en América Latina se debe, fundamentalmente, a que los gobernantes de turno prometieron solucionar los problemas más urgentes de la población. Sin embargo, esas promesas de campaña, incumplidas por demás, generaron un estado de frustración en la población, siendo esta la razón principal por la cual los electores decidieron retirar su apoyo a los gobiernos de izquierda.

Otros analistas plantean que, con la llegada de Trump al Gobierno de Estados Unidos y su renovado interés en recuperar la influencia que había perdido en los países latinoamericanos, se puso en marcha una estrategia consistente en apoyar a los partidos de derecha de la región, con el único y firme propósito de tenerlos como aliados y poder controlar los recursos naturales que abundan en centro america y el caribe.

El triunfo de Lula da Silva en Brasil en las elecciones de segunda vuelta celebrada el 25 de octubre de 2026, rompe con esa tendencia impulsada por Trump de promover la desaparición de los gobiernos de izquierda en América Latina para dar paso a gobiernos de derecha en la región. No cabe duda de que la reelección de Lula no solo brinda tranquilidad y beneficia al pueblo brasileño, sino que también envía una señal a la comunidad internacional: el triunfo de la izquierda brasileña fortalece al BRICS como grupo organizado que busca dar respuesta a los cambios del nuevo orden económico y geopolítico mundial.

En este contexto, la permanencia de Lula en el poder representa una señal de que América Latina no está dispuesta a renunciar a su capacidad de decidir libremente su rumbo político y económico. Brasil, por su peso económico y su influencia internacional, tiene la posibilidad de contribuir a un mayor equilibrio en las relaciones de poder, evitando que la región quede sujeta exclusivamente a los intereses de una sola potencia. La reelección de Lula, por tanto, no significa necesariamente un enfrentamiento directo con Estados Unidos, sino la reafirmación de una política exterior orientada a diversificar las alianzas y fortalecer el papel de América Latina en un escenario internacional cada vez más multipolar.

Este hecho, sumado al regreso de María Corina Machado a Venezuela, cuyo retorno fue precedido por gestiones de las autoridades norteamericanas, envía una señal inequivoca a los demás países latinoamericanos. Por un lado, se confirma que la consolidación y permanencia de las autoridades brasileñas en el poder fortalece el multipolarismo. Y por otro lado, el retorno de María Corina Machado pudiera marcar el rumbo que tomará el pueblo venezolano.

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