Por Carlos Manuel Diloné
Los padres guardan en su corazón misterios que solo ellos entienden. En el de mi madre, su nieto Bryan ocupa un lugar que nadie discute. No es solo nieto: es hijo, amigo, confidente… Desde que tenía apenas seis meses, mamá lo cuidó con un amor tan profundo que parece tejido con hilos invisibles y eternos. Bryan lo sabe, y lo agradece a Dios cada día. Entre ambos existe un lazo que no es únicamente de sangre, sino de cielo.
Ayer, ese hijo del alma regresó al país para pasar unos días con su madre, pero también —y sobre todo— con su abuela, que en realidad ha sido la madre que lo crío. Desde pequeño, Bryan encontró en ella no solo cuidado, sino amor y guía diaria. Por lo general, y como hijo mayor, mantengo un contacto constante con todos los miembros de mi familia. Mamá, por costumbre, no emprende un viaje sin antes comentármelo. Nos reunimos: Bryan, su esposa, mi santa madre y yo. Entre anécdotas y risas, apareció el tema de un viaje a Barahona.
Una de mis mayores preocupaciones es cualquier caída de mamá, por eso siempre le recuerdo, con un toque de broma y mucho cariño: “Haz lo que quieras, pero no te caigas”. Ella lo recibe con esa mezcla de humor y afecto que solo una madre sabe. Con su pequeño teatro interior, soltó: “Ay, ombe, aquí me quedaré”. Pero Bryan insistió con ternura: “Vámonos, quiero pasar unos días contigo… te daremos masajes en las piernas y pasearemos por el lago”.
Ella fingía dudar, pero yo veía en sus ojos una chispa distinta. Entonces me levanté y, con voz decidida, le dije: “Te vas mañana viernes y te busco el sábado en la mañana”. Sin pensarlo dos veces, mamá levantó la voz —fuerte como trueno de madrugada— y sentenció: “Nos vamos temprano, no a las diez. Y no voy por tres días… necesito una semana, por lo menos”.
Las risas llenaron la sala. Mamá sonreía de una manera poco común, como quien guarda una alegría bien guardada.
Hoy, viernes, mamá está lista desde temprano, impecable, bolso en mano… pero no sin antes cumplir con su ritual de siempre: leer el periódico, hábito que ha acompañado cada día de su vida. Ahora mismo va rumbo a Barahona, hacia días de mimos, paseos y conversaciones que, como su vínculo con Bryan, están destinados a no apagarse nunca.

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