Por: Ing. Carlos Manuel Diloné
La muerte es el tránsito de la vida. Sin embargo, cuando un ser querido se nos va del mundo, nos deja esa abertura en el alma, por donde se desparraman las tristezas, los lamentos, las aflicciones y todo ese estado de congoja, que nos envuelven los sentimientos, para dejar salir sollozos y sonidos de llantos.
La Profesora Alvida, contribuyó con nuestra formación, a ella le debemos parte de nuestro andar en el mundo de la luz, a ella le debemos la inspiración y el deseo de superación, Maestra que predicó con el ejemplo, mujer de hogar, formadora de una familia irrepetible, siempre estuvo en la primera fila, cuando había que luchar por un objetivo en la Comunidad.
En los deportes, en los clubes, en la educación, en todo ella estaba presente, era ese ser humano, que no se conformaba con mirar las cosas, ella hacía las cosas y participaba y orientaba en todo, DOÑA ALVIDA siempre será recordada, amada, extrañada y su ausencia física será muy sentida, en todo el Batey Central.
Desde donde estoy, a sus hijos y familiares, les envío mis más sinceras notas de pesar, uniéndome a su dolor, que es el dolor de todos los buenos bateyeros, pidiéndole a Dios mantener el camino de nuestra Profesora iluminado, para que el encuentro entre ella y el sumo creador sea sin ningún contratiempo.
La mejor forma de decir es hacer, y nuestra Profesora por excelencia, lo hizo todo. Paz para su alma y consuelo para sus seres queridos.
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