Por el Dr. Luis Pichardo Matos
En el Batey Central se encuentra la fábrica del Ingenio Barahona, hacia donde es transportada la caña de azúcar en vagones halados por locomotoras. Durante los primeros años se utilizaron locomotoras de vapor alimentadas con leña; posteriormente fueron incorporadas locomotoras diésel.
El maquinista era responsable de conducir la locomotora y contaba con la asistencia del personal ferroviario. El chuchero, por su parte, operaba los chuchos o agujas colocados en determinados puntos de la vía para dirigir el tren hacia el ramal correspondiente.
El sistema ferroviario enlazaba la fábrica con los distintos bateyes y colonias agrícolas. El plano que acompaña este texto registra un total de 22 asentamientos pertenecientes al Ingenio Barahona: el Batey Central, los bateyes numerados del 1 al 9 y otras colonias como Algodón, Altagracia, Cruce de Palo Alto, Palo Alto, Bombita, Los Robles, Mena Arriba, Mena Abajo, Isabela, San Rafael, Santa María y Santana.

La caña procedente de los bateyes más distantes era recogida por locomotoras de menor capacidad y concentrada en determinados puntos del sistema ferroviario. El Batey 6 desempeñaba una función importante dentro de ese recorrido. Desde allí, locomotoras de mayor capacidad —entre ellas las recordadas con los números 1 y 2— trasladaban los vagones hasta el Batey Central para realizar la molienda.
La administración general del ingenio estaba encabezada por un administrador, acompañado del jefe de campos, el auditor, los encargados de las oficinas de Cultivo y Administración, el jefe de seguridad o de los guardacampestres, el personal administrativo y el personal técnico de la fábrica.
Dentro del ingenio trabajaban quienes hacían posible que de la caña se obtuvieran el guarapo, la melaza, la miel de purga y, finalmente, el azúcar. Una vez concluido el proceso industrial, el azúcar era empacado en sacos destinados tanto al consumo nacional como a la exportación.
En los bateyes agrícolas existía otra estructura de trabajo, encabezada generalmente por el superintendente. Debajo de este se encontraban el inspector, el mayordomo, el cabo de agua, el pesador, el jefe de tiro y los picadores encargados del corte de la caña. También había un jefe de oficina y uno o dos auxiliares responsables del archivo, la correspondencia y otros asuntos administrativos, además del personal de seguridad.
En varios bateyes funcionaban dispensarios atendidos por enfermeros practicantes, quienes aplicaban inyecciones, suturaban heridas, suministraban medicamentos y realizaban curas. En los centros de mayor importancia, como el Batey 6, también existían talleres de mecánica para reparar los tractores y otros equipos utilizados en las labores agrícolas.
Los tractores halaban los carritos cargados de caña hasta la grúa. Allí, la caña era sujetada con cadenas, levantada y pesada. La balanza indicaba su peso y el pesador entregaba al jefe de tiro un tique o comprobante con la cantidad de caña cortada. Esos comprobantes servían para calcular el pago correspondiente a los trabajadores.
Los sábados llegaba desde el ingenio un vehículo que transportaba al pagador, acompañado de una custodia. El dinero ganado durante la semana era entregado en moneda nacional. Por esta razón, los sábados se convertían en días de movimiento y celebración en los bateyes.
En cada batey había una bodega donde los empleados podían adquirir alimentos, muchas veces fiados hasta el día del pago. A determinados trabajadores de la estructura administrativa y técnica se les asignaban viviendas propiedad del ingenio, algunas de las cuales disponían de teléfonos.
La energía eléctrica era producida mediante plantas de gasoil y se suministraba por horarios. De acuerdo con los recuerdos de aquella época, las plantas se encendían durante determinadas horas de la mañana, del mediodía y de la noche, pues todavía no existía un servicio eléctrico continuo.
Las antiguas locomotoras de vapor necesitaban abastecerse periódicamente de agua. Para ello realizaban paradas en lugares como Palo Alto y el Batey 6, donde existían instalaciones para su aprovisionamiento.
Durante la administración norteamericana, algunos superintendentes recibían hielo, pan y otros productos transportados desde el Batey Central. Estos artículos eran llevados en un pequeño vehículo ferroviario conocido como el Buda, que solamente podía desplazarse cuando la vía se encontraba libre y no venía ninguna locomotora en dirección contraria.
Al finalizar la zafra comenzaba el llamado tiempo muerto, período durante el cual cesaban el corte y la molienda de la caña. Muchos picadores se dedicaban entonces al cultivo de sus conucos o se trasladaban hacia las lomas de Polo y Paraíso para trabajar en la cosecha del café.
Una parte considerable de la mano de obra utilizada durante la zafra estaba compuesta por trabajadores haitianos contratados temporalmente. Al concluir el período de corte debían ser repatriados. Algunos lograban permanecer en territorio dominicano, mientras las autoridades realizaban redadas para completar los contingentes de repatriación. En muchas ocasiones detenían a otros haitianos que encontraban en los caminos y comunidades y los subían a la tristemente recordada “camiona”.
El abastecimiento de agua para las plantaciones de caña descansaba en un amplio sistema de riego. En Palo Alto fue instalada una gran estación de bombeo y en Bombita funcionaba otra de menor capacidad. Ambas extraían agua del río Yaque del Sur y contribuían a irrigar los campos comprendidos entre Bombita, Palo Alto y La Hoya.
Los campos de los bateyes numerados también recibían agua mediante el canal Trujín, cuya toma se encontraba en el río Yaque del Sur, cerca de Tamayo. El canal puede observarse a la altura de Mena, frente a la carretera que conduce hacia El Jobo, Uvilla y Tamayo. Desde su cauce principal partían numerosos ramales que distribuían el agua por las plantaciones.
Junto con los canales de riego fue construida una extensa red de drenajes. Su función era recoger el exceso de agua de los campos y evitar que la caña se pudriera o perdiera calidad y contenido de sacarosa. Muchos de esos drenajes todavía forman parte del paisaje cañero.
En la actualidad, una parte importante del corte de la caña ha sido mecanizada. El Ingenio Barahona, aunque continúa siendo propiedad del Estado dominicano, se encuentra administrado mediante arrendamiento por el Consorcio Azucarero Central, empresa de capital privado extranjero.
Así era la vida alrededor del Ingenio Barahona: una inmensa estructura industrial, agrícola, ferroviaria y humana que marcaba el ritmo del Batey Central y de sus colonias. Allí no solamente se producía azúcar; también se formaron comunidades enteras, relaciones laborales, costumbres y recuerdos que todavía permanecen en la memoria de varias generaciones de bateyeros.
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