Por Carlos Manuel Diloné
Hay amores que no entienden de calendarios ni relojes.
Amores que se forjan en la sencillez de los días,
en las batallas silenciosas, en las sonrisas compartidas.
Son amores que el tiempo no erosiona,
sino que pule como el viento a la roca,
hasta volverlos tan firmes y brillantes
que se convierten en ejemplo para todos.
Ayer, cuando el sol se despidió con destellos dorados y el cielo se tornaba púrpura, nos reunimos en la Villa del hermano Abraham Pichardo, nuestro entrañable Kuky Peloro, para rendir tributo a un amor que ha trascendido el tiempo. Celebramos nada menos que 55 años de matrimonio, más 5 de noviazgo, de los señores Rafael (Fuche) Sterling Vásquez y Rosa Montes de Oca. Sesenta años de una historia de vida compartida, de sueños cumplidos y batallas vencidas, de un amor que se ha hecho raíz, tronco y flor.
La familia Sterling Montes de Oca —con sus hijos Felipe y Guillermo, orgullo de una herencia de principios— es un espejo donde se refleja el valor de la unión, el respeto mutuo y la fortaleza del compromiso. Son seis décadas en las que la vida ha tejido un tapiz de memorias, unas con el color suave de la alegría y otras con las tonalidades profundas de las pruebas superadas, pero todas con el brillo de una historia verdadera.
Fuche, hombre estoico y de palabra firme, es un espíritu que combina la fuerza del carácter con la ternura de un corazón noble. Hace apenas dos años nos entregó su obra Caminos Cruzados, un libro donde su intelecto y su sensibilidad se entrelazan para ofrecernos un testimonio de vida, de esos azares que, al cruzarse, nos marcan para siempre. En esas páginas está él: un hombre de ideas claras, una mente que ilumina, un amigo que aconseja con sinceridad y entrega.

La tarde de ayer fue mucho más que un encuentro; fue una celebración del tiempo, de la familia y de la amistad. Bajo el murmullo de las conversaciones, entre abrazos cálidos y miradas que hablaban de cariño y gratitud, resonó una música que no solo invitaba al baile, sino al recuerdo. Las risas nacían espontáneas, a veces impulsadas por anécdotas de juventud, otras por sueños futuros, como un proyecto de hortalizas o los planes compartidos en torno a una piscina. Fue un día sin sombras, un día en el que la felicidad reinó en cada rincón.
Nuestra gratitud es inmensa para los anfitriones, Kuky y Violeta, una pareja en la que la decencia se siente como una llama constante. Ellos crearon el espacio perfecto para este homenaje íntimo, donde el tiempo pareció detenerse. Y sin embargo, como ocurre con los instantes más hermosos, sentimos que todo pasó demasiado rápido. Así es la dicha: por más que dure, siempre deja un anhelo de más.
Al despedirnos, nos llevamos en el corazón la certeza de que volveremos a reunirnos, porque hay amores y amistades que se celebran toda la vida. A Fuche y Rosa, con la admiración de quienes reconocemos en ustedes no solo una historia de amor, sino una lección de vida, les decimos: gracias por mostrarnos que la verdadera unión se construye con respeto, paciencia y una infinita capacidad de amar.
¡Que los próximos años sigan siendo un camino de luz, como el que ustedes han trazado para todos nosotros!

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