BARAHONA ALZÓ SU VOZ PARA DEFENDER LA VIDA

Por Ing. Carlos Manuel Diloné

9 de junio 2026

«El pueblo no pidió privilegios; pidió derechos: agua limpia, aire limpio, mar limpio y desarrollo sostenible.»

El pasado 7 de junio, Barahona ofreció una lección de civismo, conciencia ciudadana y amor por su tierra.

Hombres y mujeres de distintos sectores sociales, profesionales, comunitarios, religiosos, empresariales y ambientales marcharon unidos para expresar una preocupación legítima: el derecho de la provincia a desarrollarse sin destruir los recursos naturales que sostienen su presente y garantizan su futuro.

La movilización no fue contra el progreso. Fue precisamente a favor de un progreso más inteligente, más equilibrado y más humano.

Los barahoneros marcharon porque desean respirar un aire limpio. Marcharon porque entienden que el desarrollo económico no puede construirse a costa de la salud de la población. Marcharon porque observan con preocupación las constantes emisiones de polvo derivadas del manejo y embarque de materiales a granel en el puerto local, una situación que afecta la calidad de vida de quienes habitan la ciudad.

Marcharon porque aman su mar.

Porque desean seguir contemplando el azul de la bahía y no ver cómo el paisaje costero es sustituido por enormes acumulaciones de materiales pétreos. Porque entienden que el puerto es una infraestructura fundamental para el desarrollo económico, pero consideran que determinadas operaciones industriales deben trasladarse hacia espacios especialmente diseñados para ello, como la propuesta de construcción de un muelle industrial en Punta Manzanillo.

Marcharon también porque defienden las montañas de Bahoruco Oriental.

Porque saben que allí nacen importantes fuentes de agua que alimentan comunidades, sistemas agrícolas y ecosistemas de enorme valor ambiental. Porque reconocen la riqueza biológica del área, sus bosques húmedos, sus especies endémicas y el patrimonio natural representado por el Monumento Natural Miguel Domingo Fuerte Lorén.

Marcharon porque el agua vale más que cualquier beneficio temporal.

Porque desean que concluya definitivamente la presa de Monte Grande y que se construyan sus canales de derivación, permitiendo incorporar cientos de miles de tareas a la producción agrícola y transformando el potencial económico de toda la región.

Marcharon porque no quieren convivir con el olor de las algas acumuladas durante semanas en la zona portuaria, donde la descomposición genera molestias que afectan a residentes, comerciantes y visitantes.

Marcharon porque entienden que las industrias deben operar respetando el medio ambiente y la salud de las comunidades. Porque consideran necesario fortalecer los mecanismos de supervisión ambiental, mejorar los controles sobre las emisiones industriales y garantizar el cumplimiento de las normas existentes.

Barahona no salió a las calles para pedir privilegios. Salió a reclamar derechos. El derecho a respirar sin polvo, a contemplar el mar sin barreras, a proteger el agua que nace en sus montañas y a heredar a sus hijos una provincia donde el desarrollo no signifique la destrucción de aquello que la hace única.

Marcharon porque aman a Barahona.

Porque creen que una provincia con tantas riquezas naturales merece un modelo de desarrollo que proteja sus montañas, cuide sus ríos, preserve sus costas y genere bienestar para las generaciones presentes y futuras.

Lo más importante de esta jornada no fue la cantidad de personas que participaron ni la extensión del recorrido.

Lo verdaderamente importante fue el mensaje.

Barahona despertó.

Despertó para recordar que el desarrollo y la protección ambiental no son enemigos. Despertó para reclamar el derecho a respirar aire limpio, disfrutar de un mar saludable, preservar sus fuentes de agua y participar activamente en las decisiones que afectan su territorio.

Por ello, corresponde agradecer al pueblo de Barahona.

A quienes marcharon y a quienes respaldaron la causa desde sus hogares.

A quienes comprendieron que defender el medio ambiente no es una moda ni una consigna pasajera, sino un compromiso con la vida misma.

Lo ocurrido el 7 de junio fue mucho más que una marcha. Fue la expresión de una conciencia colectiva que se niega a permanecer indiferente ante los desafíos que enfrenta la provincia.

La historia demuestra que los pueblos que permanecen indiferentes terminan perdiendo aquello que más valoran. Barahona ha decidido defenderlo.

Barahona despertó.

Y los pueblos que despiertan suelen escribir las páginas más importantes de su historia.

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