18 de septiembre de 2025.
Por: José A. Mateo Gil.
La caída del muro de Berlín en el año 1989, para algunos intelectuales como Francis Fukuyama, consideran este hecho como el fin de las ideologías y la experiencia comunista de la Unión de República Socialista Soviética (URSS). El fracaso de la puesta en marcha de los postulados ideológicos a que se abrazó el comunismo, y el intento fallido de resolver los problemas de la gente mediante una economía centralizada, catapultó la consolidación del sistema capitalista que hoy conocemos.
El capitalismo, por su naturaleza, está conformado por la propiedad privada de los medios de producción, la venta de la fuerza de trabajo a cambio de un salario, la búsqueda de la acumulación de capital, y la obtención de ganancias a través de la producción de mercancías para el intercambio de un mercado competitivo. En este modo de producción el excedente creado en el proceso de productivo es propiedad del dueño del capital, lo que potencializa la expansión económica y la generación permanente de la riqueza. Aún con todos estos atributos que lo adornan, el sistema capitalista es el responsable de la desigualdad social y pobreza extrema de un segmento importante de la población.
En cambio, en el sistema comunista a que se abrazó la Unión de República Socialista Soviética (URSS), siguiendo algunos postulados de la filosofía marxistas, el estado es dueño de los medios de producción, abolió la propiedad privada y el trabajo asalariado, debido a que los trabajadores son los dueños de los medios de producción. En esta economía, a diferencia del sistema capitalista, el objetivo de la producción es satisfacer las necesidades de la población y mejorar el bienestar social. La riqueza que genera la clase trabajadora está controlada por el estado, razón por la cual, a la hora de distribuirla, ésta resulta insuficiente para satisfacer las necesidades de esa sociedad colectivizada.
Sin embargo, existen otras corrientes del pensamiento que sostienen que, si bien las ideologías tradicionales pueden haber perdido fuerza, dando señales de debilidad en la aplicación de sus postulados, en la actualidad se están gestando formas alternativas de representación y organización para la aparición de nuevas propuestas, tanto en el ámbito económico, político y social. Todo parece indicar, que la experiencia china, que ha pasado de un sistema de gobierno centralizado, donde no existía la propiedad privada, a una economía con un sistema de producción hibrido. En el futuro inmediato, se vislumbran cambios significativos en los postulados ideológicos existentes.
Este modelo implementado por China para desarrollar su economía, nos indica que estamos ante la presencia del surgimiento de un nuevo modo de producción con características muy particulares. La ingeniosa iniciativa del dragón de oriente con la puesta en marcha del modelo de producción mixto, ha impulsado el desarrollo económico de esa nación. Con esa combinación (capitalismo-socialismo) no solo han logrado incrementar la productividad, sino una distribución efectiva de las riquezas entre la clase trabajadora. En atención a esta novedosa idea, lo que se observa en el panorama económico mundial, es el surgimiento de una ideología acorde a las exigencias de la sociedad del siglo XXI.
Es precisamente esta fusión, que ha tomado lo bueno de cada uno de estos dos modelos históricamente antagónicos, que pudiera dar paso a una especie de transición entre el modo de producción comunista y capitalista. Para tales fines, se hace necesario contar con una visión distinta a la tradicionalmente aceptada sobre las ideologías políticas existentes. El sistema de producción comunista ejecutado por Rusia, no ha logrado dar respuesta a las necesidades del pueblo. En ese mismo orden, el capitalismo, cuya estructura productiva está en manos de una minoría que se apropia del plus valor en detrimento de la clase trabajadora, ambos sistemas, abrazados a sus respectivos preceptos ideológicos, han fracasado en su propósito de satisfacer las necesidades urgentes de la colectividad.
El mundo se encamina a una refundación de los modos de producción que han dominado el escenario político, económico y social de las grandes potencias. Los niveles de desarrollo de las economías emergentes, tales como China y la India. Así como el milagro económico de Singapur, han abierto las puertas a nuevas formas de generar riqueza. El sistema económico chino, que hasta el año 1970 tenía una economía planificada y de propiedad estatal bajo los preceptos y los postulados del sistema comunista, donde se eliminó la propiedad privada para colectivizarla, hoy ha evolucionado hacia el surgimiento de un nuevo modo de producción y distribución efectiva de la riqueza.
La República Popular China ha avanzado, aún en medio de un mundo convulso, matizado por conflictos bélicos y una guerra comercial sin precedentes con occidente. En los últimos años, los chinos no solo han diseñado un nuevo sistema de producción donde el estado continúa controlando la riqueza, sino que están incentivando el desarrollo una estructura productiva privada bajo el control del estado. El modelo hibrido ha dado excelentes resultados en las relaciones comerciales de esa nación. El gigante asiático, ha logrado desarrollar la economía más robusta del planeta, y convertirse una potencia económica con poderes extraordinarios en la toma de decisiones a escala global.
En la actualidad, existen otros modelos económicos que han surgido de la nada, sin estar alineados a preceptos ideológicos en particular. Es el caso de Singapur, una pequeña isla de 6.3 millones de habitantes, que vivió en extrema pobreza hasta el año1970. A partir de entonces, se inicia el despegue de su economía como resultado de una visión de futuro innovadora y voluntad política férrea. Hoy Singapur constituye un referente digno de ser imitado por los demás países pobres y en vías de desarrollo del planeta.
Es oportuno señalar, que el desarrollo económico de un país, no se mide exclusivamente por el volumen alcanzado del PIB durante un período determinado, sino que se deben tomar en cuenta otras variables que influyen de manera significativa sobre el índice de desarrollo humano de una colectividad. La medición del PIB pura y simple, solo es útil para determinar el tamaño de una economía. Estas variables tienen una importancia capital para evaluar el proceso evolutivo de la economía de las grandes potencias y países en vía de desarrollo.
Para que un país adquiera la categoría de ser considerado como desarrollado, es necesario tomar en cuenta otras variables que definan el nivel de bienestar de un pueblo. La República Dominicana, por poner un ejemplo, durante 35 años ha registrado niveles de crecimiento económico sostenido. Sin embargo, el hecho de que el PIB crezca durante un periodo de tiempo determinado, no quiere decir que ese país sea desarrollado. Para lograr tales propósitos, además del cálculo de PIB, se debe considerar el ingreso per cápita de la población, el nivel educativo, la salud, el acceso a vivienda, agua potable, energía eléctrica, entre otras, que le garantice una vida digna al individuo. Con el balance positivo de la suma de estas variables, si se pudiera hablar de desarrollo económico de una nación.
Un segmento importante de la población confunde los términos de crecimiento y desarrollo económico. El primero hace referencia al tamaño de la economía, reflejada en su capacidad productiva, medida a través del cálculo del producto interno bruto (PIB). Y el segundo, mide además del crecimiento económico, los índices de desarrollo humano antes señalados. Es por esta razón que para determinar cuál es el país más rico del mundo, todo va a depender del criterio que se utilice y el fin que se persiga al realizar tal medición.
Si el objetivo de un estudio en particular es conocer cuál es la nación más rica del mundo, se utiliza la fórmula del PIB total de todos los países. De acuerdo los datos del banco mundial, Estados Unidos y China, son consideradas las dos economías más ricas del planeta, debido a su gran y diverso mercado, su liderazgo tecnológico y financiero, la fortaleza del sector de entretenimiento y el sector energético. En la actualidad, estas dos potencias económicas se están disputando el control de la inteligencia artificial y el comercio a escala global.
Si hacemos un ejercicio, para determinar el PIB per cápita de un país, o, dicho de otra manera, la riqueza per cápita con la que el ciudadano puede adquirir bienes y servicios, entonces, Luxemburgo y Singapur son los países más ricos del planeta. A los fines, es mandatorio poner en contexto el milagro económico de Singapur, con apenas 6.3 millones de habitantes, no hay desempleo, y un ingreso per cápita que, de acuerdo a los datos del Banco Mundial, ascendió a la suma de US$90,674.1 dólares en el año 2024. Los Estados Unidos, con 340.1 millones de habitantes, aunque es la economía más grande del planeta, tiene un desempleo de 4.3%, y el PIB per cápita es inferior al de Singapur, ascendente a la suma de US$85,809.90 dólares al año. Por lo que, a la hora de medir los niveles de desarrollo de una nación, se debe definir el propósito de las variables a investigar.
Singapur logró salir de la pobreza y convertirse en uno de los países que ha alcanzado mayor nivel de desarrollo del planeta gracias a la trasformación en el sector educativo. En el año 2025, este país ocupó el tercer lugar en la lista de países con mayor nivel educativo del mundo. Siendo ésta la razón fundamental para el despegue económico de esa pequeña isla del continente asiático. En los últimos 50 años, logró pasar de la pobreza extrema, a una economía manufacturera altamente desarrollada en una isla que no producía nada. En el ranking de los países con mejor educación del mundo, Singapur es solo superado por china.
El mundo está cambiando, la sociedad requiere de ajustes importantes que estén en consonancia con la realidad que nos imponen los nuevos tiempos. A partir del modo de producción primitivo, la humanidad ha sido testigo de la evolución de los diferentes modos de producción y el desgaste natural de cada uno de ellos. De la pesca, la caza, y la recolección, se pasó al modo de producción esclavista, luego al feudal, y posteriormente al capitalista, hasta llegar al ensayo del modo de producción comunista. Los postulados marxistas inspiraron a los que ganaron la revolución bolchevique en Rusia, para ejecutar el primer ensayo comunista como modo de producción.
Este hecho, histórico por demás, permitió el surgimiento de la Unión de República Socialista Soviética. Años después, con la caída del muro de Berlín en 1989, se disuelve la URSS, dando paso a lo que es hoy la Federación Rusa. La estructura ideológica de los dos modos de producción históricamente antagónicos (capitalismo y comunismo), han impedido dar respuesta a las necesidades de la gente. Ante tal situación, se nos ocurre pensar, que el modelo de producción hibrido implementado por China o Singapur, pudieran sugerir el nacimiento de una nueva ideología acorde con las exigencias de la sociedad del siglo XXI.
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