24 de septiembre de 2025.
Por: José A. Mateo Gil.
La política, a diferencia de las demás ramas de las ciencias sociales, se enfoca en todo lo relacionado con la toma del poder. Organizar el estado, mantener el orden público y la seguridad, hacer cumplir las leyes, promover el desarrollo económico y social, entre otras funciones propias de un gobierno, definen los aspectos más relevantes del arte de gobernar. En tanto que, otras disciplinas de las ciencias sociales, tales como la psicología, sociología, economía, entre otras se complementan a la hora de analizar los aspectos visibles y no visibles de la sociedad. La política guarda una relación estrecha con las demás ramas de las ciencias sociales, sin embargo, centra toda su atención en la conquista del poder y como ejecutar las acciones del gobierno.
Aunque es prematuro hablar de las elecciones a celebrarse en el año 2028, considerando que al presente período de gobierno le restan al menos de 3 años para terminar el ejercicio gubernamental del presidente Abinader, todo parece indicar que el pueblo, que es el soberano, percibe ciertos niveles cansancio y saturación, ante la sobre exposición de la figura presidencial en los medios de comunicación y los tímidos resultados de las políticas implementadas por el mandatario en su segundo período de gobierno.
La ralentización del crecimiento económico, el retroceso en el sistema educativo, la crisis en el suministro y cobro de la energía eléctrica, la inseguridad ciudadana, el aumento sostenido de los precios, el escandalo de senasa, el desbordamiento del endeudamiento externo, la ineficacia de la política migratoria, y la pantomima del combate a la corrupción, entre otros males que afectan a las clases más necesitadas, generan preocupación, no solo al ciudadano común y a los empresarios, sino a la sociedad en su conjunto.
El presidente de la república luce preocupado por la situación de deterioro en que se encuentran diferentes dependencias del gobierno central. Por más esfuerzos que hace, y demostrar buenas intenciones, no es suficiente para cambiar la percepción de la gente. La designación del nuevo ministro de hacienda, fue una decisión política certera, que oxigenó la falta de confianza de ese Ministerio, en momentos de duros cuestionamientos sobre el rumbo que estaba tomando las finanzas públicas del gobierno del cambio.
El ecomomista Magín Díaz, recién designado en hacienda, es para la política fiscal, lo que es Valdez Albizu para la política monetaria. Ambos generan confianza, pero no tienen una varita mágica para solucionar, en el corto o mediano plazo, los problemas en que se ecuentra atrapado este gobierno. En los dos años y meses que le quedan al presente período gubernamental, donde el presidente Abinader, que es el máximo líder de su partido, y que, por demás, tiene un impedimento constitucional para re postularse en la próxima contienda electoral, pone en riesgo la permanencia en el poder del PRM más allá del 2028.
Los aspirantes a la nominación presidencial del partido de gobierno, carecen de esa magia y formación política, salvo raras excepciones, que requiere un candidato para conquistar la simpatía y aprobación del pueblo. Razón por la cual, la única posibilidad que tiene el PRM de competir en las elecciones venideras del año 2028, es aprovechar estos 2 años y 11 meses que le quedan para ejecutar acciones concretas tendentes a mejorar la gestión de gobierno, que actualmente está muy cuestionada debido a la disminución de la inversión en infraestructura que dinamice la economía, así como también, recuperar la credibilidad perdida por promesas incumplidas. A todas luces, es muy difícil, por no decir imposible, que en el tiempo que le queda pueda lograr tales propósitos.
El desenlace del gobierno del presidente Abinader al finalizar este período, y la evaluación que se haga de su gestión (si fue buena o mala) es precisamente lo que, en mi opinión, debe primar para definir la candidatura presidencial de la Fuerza del Pueblo. Por una razón muy sencilla. Si el segundo período de gobierno del presidente Abinader el pueblo lo percibe y califica de que fue malo, entonces, sería inminente la candidatura del expresidente de la república el Dr. Leonel Fernández para las elecciones del 2028. En este escenario, sería el pueblo quien aclamaría la vuelta al poder del Dr. Fernández para que con su experiencia de estado y sabiduría política retorne de nuevo a resolver el desastre económico, político y social dejado por el gobierno del Partido Revolucionario Moderno.
Ahora bien, si el presidente de la república logra realizar los ajustes necesarios en este corto período de tiempo que le queda para activar la economía, resolver los problemas más urgentes que afectan de manera directa a la población, todos los sectores de la vida nacional le darían un voto de confianza al PRM y a su candidato. Si eso ocurriese, las posibilidades del partido de gobierno de continuar en el poder serían alta. Ante una situación como esa, la Fuerza del Pueblo tendría que evaluar la posibilidad de que sea Omar Fernández el candidato de ese partido para las elecciones del año 2028. Éste, tiene cero tasas de rechazo y unifica a la oposición política para derrotar al perremeismo.
El actual senador del Distrito Nacional es una figura fresca, un joven trabajador y talentoso, que ha demostrado tener condiciones especiales que lo hacen merecedor de enfrentar y ganarle al posible candidato del PRM. Ninguno de los aspirantes a la pre candidatura del PRM, tienen el «AURA» con que cuenta el joven Omar Fernández, parecida por demás, a la que adornó a su padre en el año 1996. El triunfo arrollador de Omar en las elecciones del 2024, cuando ganó de manera abrumadora la candidatura a senador del Distrito Nacional, no solo a Guillermo Moreno su contendor principal, sino al gobierno del PRM, que invirtió una cantidad indeterminada de recursos para derrotarlo, y, aun así, no pudieron lograrlo. El candidato del oficialismo sufrió una derrota vergonzosa, que todavía permanece latente en los corrillos políticos del país.
La Fuerza del Pueblo tendrá una magnífica oportunidad de evaluar el desenlace de este gobierno. Y en función de ello, tomar la decisión más conveniente a los fines de conquistar el poder en las elecciones que se aproximan. Su dirigencia tiene que apelar al pragmatismo político para determinar quién de sus dos líderes tiene más posibilidades de ganar las elecciones. En un ejercicio de madurez política, deben tener presente, que, para resaltar las cualidades y atributos de uno de los candidatos, no deben de descalificar al otro, como de hecho, algunos altos dirigentes han incurrido en esa práctica, irrespetando los vínculos afectivos que unen al hijo con el padre. Omar Fernández constituye el plan B de la Fuerza del Pueblo, razón por la cual, la dirigencia de ese partido debe cuidar su imagen en vez de descalificarlo.
Este joven ha logrado conectar con el pueblo, y lo ha hecho, no por herencia política de su padre, sino por el trabajo continuo con la comunidad. Está enfocado en prepararse para que, llegado el momento, realizar un buen desempeño en la primera magistratura del estado. Debemos recordar que ganó la diputación en el período 2016-2020, y senaduría en el 2020-2024. En ambas posiciones ha exhibido un buen desempeño y adquiriendo experiencia de estado.
El argumento de algunos de sus compañeros de partido y otros líderes que lo adversan, de que es muy joven y no tiene experiencia de estado, es falso de toda falsedad. Esas afirmaciones lucen un tanto mezquina y fuera de contexto. La tendencia en América Latina es que su dirigencia sea joven, con ideas innovadoras acordes con la sociedad del siglo XXI. Pero además, una de las grandes fortalezas que tendría Omar si llegara a la presidencia de la república, es contar con la experiencia política y de estado de su padre, quien, sin lugar a dudas, dirigiría el cuerpo de asesores de su hijo convertido en presidente.
En las elecciones del 2024, se produjo una abstención de un 46% de los inscritos para votar. Este porcentaje, tiene un componente elevadísimo de jóvenes “millennial”, y la generación Z, que no se sienten motivados a acudir a las urnas a ejercer su derecho al voto, y en el peor de los casos, lo venden por una pica pollo y RD$500.00 pesos. Ese es un fenómeno que debe ser estudiado por los partidos del sistema. Una buena estrategia política dirigida a ese segmento de la población votante, pudiera garantizar el triunfo de uno de los contendores.
En consecuencia, alguna vez se han preguntado ¿Quién tiene más posibilidades de conquistar ese nicho del mercado electoral que representa el 46% del pueblo elector ?. De ahí la disyuntiva de la Fuerza del Pueblo de seleccionar un actor político con experiencia de estado, que regularmente ésta condición viene acompañada de una alta tasa de rechazo, o en cambio seleccionar un joven, que tiene altos niveles aceptación popular, y que lee los mismos códigos de esa generación que, sin temor a equivocarme, pudiera inclinar la balanza a favor de un joven contemporáneo como lo es Omar Fernández.
