Por: José A. Mateo Gil
05 de agosto de 2025.
En la Antigua Roma, a principios del siglo I después de Cristo, el poeta Décimo Junio Juvenal, conocido por sus dieciséis sátiras que critican diversos aspectos de la sociedad de entonces, popularizó una frase que hace referencia a la forma ideal de entretener al pueblo, dandole «pan y circo». Todo parece indicar, que los estrategas de marketing político del gobierno del Partido Revolucionario Moderno, interpretaron en todas sus partes el sigficado de esta sátira, que en opinión de algunos críticos, la puesta en escena de «La semanal» guarda relación con esa tribuna gubernamental.
La iniciativa del presidente Abinader de establecer una plataforma de comunicación denominada “La semanal», en sus inicios fue considerada como una propuesta interesante donde el gobernante se ponía a disposición de los periodistas y comunicadores para responder cualquier pregunta o inquietud sobre diferentes tópicos de la vida nacional. En ese momento, el mandatario logró concitar la atención de la gente, quienes veían con buenos ojos el propósito de este proyecto comunicacional.
Sin embargo, el rumbo que ha tomado «La Semanal», a medidas que avanza la actividad política con miras a las elecciones del 2028, lejos de contribuir a mantener bien informada a población sobre las ejecutorias del gobierno, ésta se ha convertido, además de trazar la agenda nacional de lo que el presidente quiere que se hable durante la semana, en un circo mediático donde un selecto grupo de periodistas y comunicadores, acuden a ese encuentro todos los lunes para hacer preguntas enlatadas, agendadas por el equipo de comunicaciones del palacio.
El contenido de las preguntas, y la insatisfacción de la respuesta del mandatario, que es quien selecciona el tema a tratar, poco aporta al interés de la población que percibe inexactitudes en las respuestas a las preguntas formuladas por los comunicadores, creando confusión en el ciudadano común.
Cuando el poeta Romano Juvenal escribe la sátira «PAN Y CIRCO», se está refiriendo a que si a la gente se le proporciona lo necesario para sobrevivir (pan) y entretenimiento (circo), estarán satisfechos y no se revelarán contra la autoridad o el sistema. Haciendo un símil de lo planteado por Juvenal en su sátira con la estrategia mercadológica del gobierno del cambio, de manera deliberada o no, los asesores del presidente Abinader lo han inducido o convencido de que el asistencialismo a las clases vulnerables con una tarjeta solidaria (pan) y «La semanal» (circo) la gente no protestaría.
El PAN de Juvenal, es el equivalente a los planes sociales del gobierno del PRM, como forma de mitigar las carencias de la pobreza extrema. Esta iniciativa, que es el buque insignia de gobierno del cambio, lejos de resolver y disminuir los niveles de pobreza, fomenta el parasitismo y la vagancia. El esfuerzo que está haciendo el gobierno para enfrentar la pobreza que afecta a un segmento importante de la población, merece una redefinición del enfoque para lograr esos propósitos. Tal y como lo expresa el refranero popular «No le de pescado al hambriento, enséñalo a pescar».
La falta de creatividad de los asesores del presidente, le impiden ver que la creación de fuentes de trabajo, emprendedurismo con asistencia del gobierno, entre otras iniciativas, pudieran dotar al individuo, como cabeza de familia, de ingresos más estables y formales para solventar gastos del hogar, contribuyendo así, a mejorar la situación económica de la gente y de la economía en su conjunto.
El Circo, de acuerdo a la sátira del poeta, no es más que, guardando la distancia y el contexto histórico en que lo planteó, es precisamente en lo se ha convertido «LA SEMANAL», un escenario donde las autoridades buscan aplausos complacientes, en vez de informar y presentar los avances de la ejecutoria de gobierno. La gente se ha dado cuenta, que este encuentro de los lunes con la prensa, es una forma de entretener al pueblo, presentando una República Dominicana que ha evolucionado y avanzado tanto en la presente gestión gubernamental, que pudiera compararse como el de “ALICIA EN ELPAÍS DE LAS MARAVILLAS».
Esas dos herramientas mercadológicas sugeridas por Juvel en sus sátiras a los gobernantes de la Antigua Roma (pan y circo), en la sociedad del siglo XXI pierde vigencia, no tiene cabida. Por una razón muy sencilla, el mundo ha cambiado, estamos inmersos en la era digital, la robótica y la inteligencia artificial, donde la información está a la distancia de un clip, a diferencia del oscurantismo tecnológico en que se desenvolvía la sociedad de la Antigua Roma.
Esta es una generación de hombres y mujeres bien informados, no importa a la clase social a que pertenezcan. En cualquier esquina, en cualquier barrio, donde se reúnen dos o más personas, estas tienen las condiciones, como de hecho ocurre, de analizar con argumentos sólidos, los problemas económicos y políticos del país. En consecuencia, aunque en «La semanal» el presidente presenta una República Dominicana con crecimiento sostenido de la economía, la realidad que vive el pueblo es otra totalmente distinta. Los sectores más vulnerables no disfrutan de los beneficios de esa bonanza económica, que solo sirve para que el gobernante pueda articular emotivos discursos de redición de cuentas.
No es propósito de estas reflexiones descalificar o desacreditar «La semanal». La iniciativa luce interesante y loable, que un presidente de la república disponga de su tiempo, abriendo un espacio para ponerse a disposición de la prensa, respondiendo a preguntas sobre diferentes tópicos de las ejecutorias del gobierno. Lo que, si es objeto de cuestionamiento, es la forma en que se ha concebido.
Todos conocemos la capacidad de trabajo del presidente y las buenas intenciones que tiene de hacer un buen gobierno. Sin embargo, «La semanal”, que en sus inicios logró llenar un vacío comunicacional, en la actualidad no está satisfaciendo las expectativas de la gente. A todas luces, perdió la magia que atrapaba al espectador. Razón por la cual, para que la gente vuelva a interesarse, por lo que al principio fue un toque de queda, se hace necesario que el presidente incluya en su agenda, la participación de periodistas no alineados, que, a pesar de que las invitaciones son limitadas por las características del evento, el representante de la prensa tenga la libertad de hacer las preguntas que quiera.
Para tales fines, pudieran abrir un turno libre, como parte de la renovación del espíritu de ese programa. Es así, solo así, que el pueblo, saturado por la excesiva exposición del primer mandatario en los medios de comunicación, en un intento por informar a la población de los avances del gobierno, pudiera cambiar la sensación de cansancio, monotonía y aburrimiento que estas intervenciones provocan. De continuar por este camino, ignorando el sentir del pueblo, la popularidad del presidente quedaría seriamente afectada, no solo en lo inmediato, sino para su legado histórico.
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